Groserías: los “gatillo alegre”

Este fin de semana fui hasta Evio’s Pizza para comer algo con mi esposa y allí me topé nuevamente con esos “gatillo alegre” de las groserías quienes la dicen sin recato y en alta voz en presencia de quien sea, conocido o desconocido, niño, mujer u hombre.

En esta ocasión eran los muchachos mesoneros y el señor de la Caja quienes discutiendo sobre cosas del restaurante soltaban grosería tras grosería en su hablar informal sin darse cuenta de que su conversa era pública pues todos los que estábamos en las mesas de ese pequeño local los escuchábamos.

Eso ocurre en cualquier parte.

Una vez aquí comenté sobre la agresión que representa el uso de las groserías de esa manera indiscriminada, lo cual es un anti valor al buen uso y costumbre que nos enseñan desde pequeños. Bueno, por lo visto le enseñan a unos y otros no o simplemente son lecciones que los VPI olvidan con mucha facilidad tan metidos como andan en su afán de demostrar que son más arrechos que los demás (y por lo tanto dicen las groserías que les dé la gana al volumen que les dé la gana) o en su afán de olvidarse de que los demás existen…a menos que los necesiten para demostrar lo arrechos que son.

Son los “gatillo alegre” de las groserías estos VPI incapaces de pasar el switch para evitar el uso de groserías (sobre todo de las más gruesas) en presencia de personas desconocidas y particularmente de mujeres o niños en el caso de que el VPI sea hombre, porque mujeres VPI sumamente groseras también las hay por supuesto (el gatillo alegre no discrimina sexo) como una señora este mismo fin de semana en la tienda EPA de Los Cortijos quien hablando a todo grito por celular con su mamá soltó varias palabrotas sin importarle mucho la cantidad de niños y gente desconocida que había por allí.

Para el VPI esto de las groserías le parecerá seguramente una tontería pues con ello “no le hacen daño a nadie” pero indudablemente es otro síntoma más de su patología conductual que los convierte en elementos anti-sociales dentro de la sociedad.

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Proyecto Motorizado

En el artículo Tránsito Terrestre bajo nueva ley dejó un comentario el amigo Gustavo quien entre otras cosas escribió que: “Yo pienso que en mi país los problemas no se arreglan con leyes si no con sentido común

Es válida la observación hasta cierto punto pero como dice una amiga mía, le compro la mitad del boleto. El sentido común NO ES SUFICIENTE para arreglar los problemas de un país pues este valor es sumamente escaso entre las personas con quienes compartimos estas calles y estos espacios. Por otra parte el “Sentido Común” tiene en su contra que corresponde a una percepción “subjetiva” de lo bueno y de lo malo y si para un motorizado que se come una flecha y de paso no usa casco esa acción es “buena” porque resulta que ahorra tiempo y además no se acalora demasiado…entonces difícilmente dejará de hacerlo a menos que sienta el temor a una sanción por ley así como la convicción cultural de que lanzarse a contra flecha sin usar casco puede ser MORTAL y que por eso es que existen las leyes de tránsito, las señales de tránsito, las leyes, las ordenanzas y las normas las cuales DEBEN obedecerse incondicionalmente.

La ley de por sí no es suficiente tampoco, hace falta quien vele por su cumplimiento, tanto la autoridad competente como el ciudadano culturalmente maduro que sepa respetar las leyes sin necesidad de que le pongan una multa o le toquen un pitazo para hacerlo, es decir que no haya que obligarlo a que la cumpla sino que esto surja de su propia iniciativa convencida. A todo esto debe sumarse un refuerzo constante que haga retroceder los anti valores de “ser más vivo” o el tener que demostrar “ser el más arrecho” a costa de los demás o de considerarse acomplejadamente un “pendejo” si se decide caminar un poco más hasta llegar al rayado peatonal por donde correctamente es que debe cruzarse.

De cualquier manera Gustavo tiene una iniciativa particular que puede ser sumamente interesante y positiva; un proyecto motorizado en búsqueda de soluciones cuyo colectivo ya cuenta con varios participantes (unas 300 personas), tal como indica en su comentario, porque “no todos los motorizados son infractores”. Cualquier persona que desee averiguar más sobre su planteamiento y propuestas se puede poner en contacto a través del correo electrónico: lazarogustavo@hotmail.com

Origen de las amarguras

La historia de las ideas contenidas en este espacio de amarguras comenzó hace unos 11 años en la ruta diaria que me tocaba recorrer hacia la oficina donde trabajaba en la Torre Financiera en Colinas de Bello Monte.

No tenía carro entonces así que la ruta la hacía diariamente en Metro y luego Metrobus hasta que un día la respuesta pesada de uno de los que estaba haciendo la cola para entrar al Metrobus hizo que me decidiera a no utilizar más ese medio y comenzar a bajar todos los días a pie.

Allí fui conociendo a los peatones que apurados te pisan los talones o te tropiezan o los que vienen de frente y no se apartan o los que se atraviesan en todo el medio a echar cuentos con otros y les importa tres pitos el resto de los caminantes.

También asistí al espectáculo de pararme en la esquina a esperar la luz verde mientras me rodeaban peatones por todos lados pasándome y tropezándome para esperar, brincando como boxeadores en toda la calle y no en la acera, el cambio del semáforo mientras los carros le pasaban rozando. Muchos no esperaban y se lanzaban a torear carros para que a los 2 segundos exactos cambiara la luz.

Con luz o sin ella los carros quedaban siempre atravesados de cualquier forma sobre el paso de cebra y había que rodearlos mientras te miraban burlones o desafiantes. Esos eran los que no habían podido comerse la luz casi atropellando a cuanto muchacho, viejo, vieja o señora tratara de cruzar justo cuando cambiaba la luz.

Casi siempre a los peatones que sufrían ese apuro estúpido y me pasaban por donde fuera, y brincaban y se azogaban para cruzar, me los conseguía en la siguiente calle parados esperando el otro semáforo mientras yo los alcanzaba sin necesidad del apuro.

En el último cruce, el más ancho, ese que da ya para la Torre Financiera luego de “las nalgas de Rómulo”, observé las peores cosas, carros que con una luz roja ya de varios segundos se lanzaban como cohetes sin importar si te hacían brincar hacia atrás para que no te aplastaran. Carros, motos, Metrobuses, Autobuses, camionetas, patrullas sin luces, ambulancias sin sirena y hasta bicicletas… TODOS HACÍAN LO MISMO.

Y  los peatones aún con semáforo peatonal y rayado, se lanzaban a cruzar desde cualquier parte a lo loco peligrando todo el tiempo o sino le caían a golpes al botón del semáforo peatonal haciendo que lo cambiaran de modelo al menos unas 6 veces antes de colocar esa versión que hay ahora que es la que puede resistir semejante embate del apuro estúpido generalizado.

 

El otro día descubrí que en 11 años nada ha cambiado. En ese cruce para la Torre comencé a pasar ya con mi luz verde mientras los carros y camionetas clavaban los frenos como si nunca hubieran visto una luz roja y nos frenaban a los peatones a pocos centímetros. Un motorizado que venía frenando de repente sintió brotar toda su patología de VPI resentido y violento, y rebelándose al abuso de tener que frenar por una luz y unos pendejos caminantes aceleró la moto y me pasó por delante casi rozándome por milímetros. El comportamiento estúpido continúa allí cotidiano como si nada.

Ricos y pobres: igualados

Lo de los VPI no es un tema de clase social o nivel económico o preferencia política o deportiva. Ni siquiera tiene que ver con vivir en la capital o fuera de ella pues en el interior se encuentran excelentes exponentes de la conducta absurda venezolana.

Hace unos años leí un estudio sobre el sistema de valores en Venezuela por clase social y una de sus conclusiones era que los valores, pensamientos y juicios de las personas con mayor poder adquisitivo eran exactamente iguales a los valores, pensamientos y juicios de las personas más pobres. Dos estratos opuestos en la escala social pero idénticos en valores y actitudes.

Desde allí derivo la igualación en conductas estúpidas de los VPI sin depender ni de color de piel, ni de sueldo semanal, ni de zona de la ciudad en donde viva, ni del tipo de música que escucha, ni del color del que se vista ni de la marcha a la cual asista.

Como testigo lo mismo he visto salir basura de una camioneta último modelo que de un trasto del 78, ensuciando impunemente la calle y luego quejándose de la poca limpieza pública. He visto quebradas bloqueadas con colchones y bolsas de basura en zonas pobres pero también he visto estacionamientos lujosos esterados de suciedad y bajantes bloqueados en residencias exclusivas. Lo mismo se come la luz o la flecha el Malibú descascarado que sale de Petare o de Ruiz Pineda sin dejar que se le metan y recorriendo los hombrillos que el Audi plateado que sale de Colinas de los Ruices o de La Lagunita. Se demuestra en los hechos las conclusiones que por datos estadísticos y encuestas arrojaba aquel estudio.

No he podido conseguir todavía su versión original pero en estos dos artículos lo mencionan.

 

Imagen de Lucia Ag