País de Relativos, país de VPI

Ayer en un taxi compartido volví a confrontar la relatividad de conceptos que caracteriza a muchos de los habitantes de nuestra tierra, principalmente, por supuesto, a los VPI.

El taxista se quejaba de que, luego de comenzar a comerse una flecha se detuvo cuando vio cerca de un fiscal de tránsito. Dicho fiscal de tránsito (en un gesto irrespetuoso) lo increpó utilizando groserías a lo cual el taxista también respondió groseramente. Luego cuando el fiscal le dijo que se detuviera el taxista no le hizo caso.

Más allá de la validez de la queja contra el fiscal por emplear términos groseros el taxista en su reflexión compartida con el otro pasajero nunca se detuvo a pensar que el inicio de ese impasse fue SU PROPIA violación a las leyes de tránsito. Adicionalmente decía que “esos tipos” (refiriéndose a los fiscales) “cuando lo detienen a uno lo que hacen es hacerle perder tiempo a uno”, es decir, lo que hace perder el tiempo al señor no es SU PROPIA infracción sino el trabajo del fiscal de regañarlo y ponerle una multa (sea que lo haga de buenas maneras, de malas o que “matraquee”)

El pasajero, un señor ya entrado en años, contó a su vez que luego de comerse una luz roja manejando, otro fiscal lo detuvo y comenzó a darle un sermón sobre las leyes, la circulación, las unidades tributarias, etcétera a lo cual el pasajero, interrumpiendo al fiscal, le dijo “¿Mira vale, de cuanto real estamos hablando?” y nos explicó al taxista y a mi que eso era para “ahorrar tanta habladora” y dejar claro que o le pagaba la matraca al fiscal o “ponme mi multa de una vez para yo pagarla cuando me dé la gana y no perdamos más tiempo”. Una vez más, perder el tiempo no es producto de su infracción de la cual ni habló ni disertó, sino que es culpa de que un fiscal cualquiera se le ocurra detenerlo cuando comete una falta circulando.

Estos son ejemplos de un país de relativos, de personas que aplican la ley del embudo, lo grueso para mi y lo delgado para ti, de personas que reclaman cuando les imponen multas o amonestaciones pero no reconocen su incapacidad para mantenerse sin tener que violar la ley de múltiples maneras.

Ese es el problema de un país con impunidad a todo nivel. Los infractores se acostumbran a que no les pase nada cada vez que violentan la ley diariamente y por ello cuando finalmente les cae algún funcionario (sea cual sea su intención) entonces los infractores no asimilan que DEBEN cumplir la ley sino que interpretan que ese funcionario es un “fastidioso” y un “maleducado”

¿Seguimos buscando nuestras causas?

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