¿Existe el nuevo ciudadano?

newcitizen

En nuestro país el nuevo ciudadano, la nueva consciencia, no ha nacido todavía. Quienes se forman en la actualidad lo hacen bajo la influencia de quienes tienen en su sangre profundas raíces VPI y de otras “taras conductuales” de nuestra sociedad.

La actual seudo división entre pro y contras al gobierno en realidad no se basa en absolutamente nada que no sea demostrar que se es más arrecho que el otro y que lo que uno apoya es mejor y más chévere que lo del otro porque se quiere ser siempre el más arrecho, olvidarse de los demás a menos que convenga acordarse de ellos y procurar la vía fácil para todo, incluso para manejar la diversidad del pensamiento.

Para implantar una verdadera conciencia de cambio como país entre nuestra gente hay que primero manejar dos ideas básicas, medulares, aunque harto difícil de aceptar por nuestros arrechos y arrechas VPI: uno, el fin común, el bienestar común, compartido, general, dos, la importancia hasta del trabajo más pequeño, el concepto del granito de arena pues para el hormiguero. La tendencia natural nuestra es justo hacia lo contrario: trabajar en forma egoísta y buscar los “mejores” cargos porque lo otro (servir, el trabajo físico o repetitivo, etcétera) son trabajos “inferiores” y humillantes. Esas ideas nos hacen retroceder cuando no estancarnos. Y son ideas nuestras en general de TODOS como colectivo, no de unos si y de otros no.

Luego hay que manejar las herramientas para la convivencia y el funcionamiento en sociedad: la preparación para el debate, para la argumentación, para aceptar la contraposición de ideas, para aceptar con buena actitud la decisión de la mayoría, sea o no sea favorable a nuestras simpatías. Eso no se ha enseñado ni se enseña en nuestras escuelas, menos en los liceos y muchísimo menos en nuestras universidades.

Saber debatir, hilar ideas, argumentar con propiedad, exponer motivos, proyectos, planificar líneas de acción, etcétera, eso se deja de lado en nuestra educación y se deja libre espacio para los actos de frustración, la opresión de los vencidos por parte de los vencedores, el resentimiento, los actos de violencia, la impotencia por no saber dar expresión y ejecución a las ideas e inquietudes propias.

No se nos enseña, y es vital, a Comunicarnos Efectivamente, sino que eso se deja al garete, a la improvisación, al azar, para que lo hagan quienes tengan aptitud natural para ello, etcétera. No se enseña tampoco el uso de herramientas físicas de comunicación en sociedad: convocatoria a asamblea, debate o reunión, puntos a tratar, minuta, acciones a tomar, responsables, seguimiento, evaluación, diagnóstico, corrección.

Con la no educación para el debate, la discusión de puntos y el registro de los mismos entonces se promueve la flojera, el recostarse de quienes si manejan más o menos esas cosas, el dejar que los demás participen, decidan, peleen y se desgasten, mientras se flojea en la otra esquina, burlando y criticando el trabajo de hormiga de los demás.

La columna vertebral de todos esos elementos el cual ni por asomo se está enseñando en forma integral todavía es el aprendizaje y la asimilación prácticamente a nivel genético del respeto a las normas, a la ley, a las ordenanzas, a las reglas del juego comunicacional y sus consecuentes acciones.

Mucho “gamelote”  se lee y oye aquí y allá en nuestros rincones, pero nadie parece salvarse. A la hora de la “chiquita”, como decimos aquí, surgen las patologías, se patea la mesa donde se intenta negociar, se arrebata como Jalisco gritando, agrediendo, amedrentando, obligando, ignorando y se deja entonces el trabajo de coordinar, planificar, discutir, actuar, etcétera al desorden, la imposición, el arbitrio caprichoso, etcétera. Y eso lo hacen todos, no unos si y otros no.

Veámonos nuestros ombligos y encontraremos la marca de nuestra incultura social para todos los ámbitos: familia, escuela, condominio, calle, oficina, civismo, trabajo, enseñanza, aprendizaje, ejemplo. Cuando no en todos si en muchos, en algunos más y en otros menos.

La trillada frase, “la cura de un mal empieza por reconocer la existencia de ese mal”, nunca pierde vigencia y menos aún cuando se trata de nuestra tan enferma sociedad.

¿Empezamos a reconocerlo en nosotros?

Anuncios

Sacerdotes VPI

sacerdotes_clip_image001 

Tengo algún tiempo escuchando a la iglesia católica quejándose porque pierde feligreses todos los días, lo cual, me imagino, ocurre por una suma de factores entre los cuales debe estar la dificultad de vender dogmas y actos de fe en este mundo de hoy tan investigable por vía de la Internet con sus Googles y sus YouTubes, por nombrar sólo dos. Hoy en día lo dogmático ha pasado de moda y a menos que se mercadee de una manera novedosa y grata lo que saldrá de los templos cristianos serán legiones.

Pensando más localmente existen ciertos personajes que aportan un importante granito de arena para que se produzca esa “estampida huidiza” de creyentes: se trata de los Curas VPI.

Lo ilustro con dos ejemplos/anécdotas con nombre y apellido:

– El cura Reynerio Lebroc de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de La California (Caracas) durante los bautizos en la iglesia donde trabaja suele regañar a los niños y a sus padres debido al “ruido” de los llantos infantiles (para él no aplica aquello de “dejad que los niños vengan a mi” sino lo de “dejad que vengan pero cállenlos”). En un bautizo en particular al cual asistí, en lugar de explicar el hermoso significado de ese sacramento, este sacerdote se dedicó a criticar la poca limosna recogida durante la misa y a fustigar a los padres asistentes por tacaños. Él suele utilizar los espacios religiosos para exponer sus ideas políticas las cuales suelen pecar de extremistas.

– El cura Luis González de la Parroquia Chacao el pasado 7 de octubre de 2009 recibió para la misa de las 6 pm una solicitud en persona del director de la Coral Juventudes Culturales de la UCV (Luis Eduardo Galián) para interpretar en su templo varios temas de la “Misa Criolla venezolana”, una hermosa obra del compositor Humberto Sagredo, la cual utiliza ritmos venezolanos para decir con música todos los textos de la misa, sin embargo, este cura se negó de plano argumentando que eso era “poco serio” y que seguramente sería un “relajo” irrespetuoso para con la liturgia el canto de géneros venezolanos con tambor y cuatro.

Lo que este cura ignora es que esa obra ha sido interpretada en Misas para la Virgen de la  Rosa Mística y en el acto de beatificación de la Madre María de San José, todas conducidas nada y nada menos que por el mismísimo Cardenal Jorge Urosa Savino, es decir, el cura Luis González de Chacao se considera con mayor autoridad moral que el máximo representante de la Iglesia en Venezuela para descalificar la obra de Sagredo.

Finalmente permitió a regañadientes interpretar algunos temas de la Misa Criolla y obligó al director de la Coral a interpretar algunas partes de la Misa Breve del compositor Antonio Lotti en latín para que sonara “un poco más serio”. No permitió que la Coral diera un concierto al final de la misa en el cual mostraría a los habitantes de Chacao parte del repertorio a ser llevado en representación de Venezuela al Festival Internacional de Coros a celebrarse en Buga, Colombia entre el 15 y el 18 de octubre de 2009. Para ello el cura mandó a apagar las luces de la iglesia apenas terminada la misa y se negó a volver a hablar con nadie de la Coral.

¿No es justificable que muchos prefieran alejarse de la iglesia aún sin dejar de ser creyentes gracias a estas actitudes de algunos sacerdotes? ¿Los curas se olvidarán de que la gente va a escucharles hablar de la palabra y significados de Dios y no de las suyas propias tan subjetivas y parcializadas como las de cualquier mortal? ¿No es incongruente prohibir la alegría y la belleza de la música en un acto de reafirmación y unión cristiana?

 Kyrie eleison

Motos que suenan como carros

RuidosMotos

Sigo con el tema del ruido, esta vez me he encontrado con que además de que los motociclistas siguen transitando libremente por las autopistas (lo cual actualmente representa una de las mayores irresponsabilidades que suceden en nuestro país, con todo el peligro que ello representa principalmente para los motorizados pero en general para todos) ahora resulta que, babeados como parecen estar de placer los VPI por todo lo que represente RUIDO y ganas de agredir a como dé lugar, casi todos los VPI motorizados han cambiado la característica corneta chillona y aguda de sus motos por cornetas de carros y además de carros grandes. Eso hace que usted pueda ir manejando tranquilamente y de pronto recibir un cornetazo justo al lado de su carro como si una camioneta 4 x 4 estuviera echándosele encima para aplastarlo cuando resulta que es una diminuta moto Yamaha (una “tarita”) la cual le está “pidiendo paso” para colarse entre carros.

Me pregunto: ¿no hay una regulación legal para la intensidad de las cornetas y en general del ruido que producen los vehículos de dos ruedas? ¿Es justo y sano tener semejante nivel de decibeles en vehículos tan pequeños? Y adicionalmente una vez más: ¿Cuál es la cantidad de motociclistas muertos o lisiados que se necesita tener en la autopista todos los días para que se prohíba la circulación de las motos por esa vía?

Los VPI que son autoridades, gobiernos o ciudadanos comunes parecen realmente decididos a vivir cada vez peor y hacer vivir cada vez peor también. ¿Será la era de la antilógica?