Los coleados

En estos días viajé a Maturín ida y vuelta en el primer vuelo de la mañana. Tres personas (2 mujeres y un señor) se me colearon rápidamente en lo que la persona de la aerolínea gritó “pasajeros sin equipaje” para chequearlos antes. Finalmente me tocó mi turno y pasé para hacer todo el trámite en menos de 40 segundos. Los coleados se ahorraron menos de dos minutos por saltarse la cola “a lo arrecho” pero poniendo cara de “yo no fui”, tal como lo sabe hacer expertamente cualquier VPI.

No es la primera vez que me pasa.

Recuerdo que en otra ocasión también la gente comenzó a adelantarse a un llamado de la aerolínea porque “su vuelo salía primero”, pero esa vez un señor pasajero con bastante temple instruyó a los VPI explicándoles que sí, que iban a pasar antes que los que tenían otros vuelos, pero respetando el orden de la cola que era lo justo y además lo más ordenado.

A regañadientes los VPI tuvieron que acatar uno de los principios fundamentales de la convivencia y el respeto a los demás: el orden de llegada. Ese que los hace odiar las colas virtuales en los bancos por impedirles colearse al estilo “cola de aerolínea”

De regreso de Maturín otra muchacha también “se confundió” y pensó que la cola que yo estaba haciendo, delante de dos taquillas, era para comprar boletos y no para chequear. A esa hora yo estaba ya un poco menos tolerante así que me dispuse a obligarla a hacer su cola, sin embargo, la joven que atendía por la aerolínea se dio cuenta y le pidió a la muchacha que se esperara mientras me chequeaba mi boleto. La muchacha obviamente se hizo la loca, como buena VPI.

En todos esos casos cualquier reclamo de mi parte hubiera recibido la sentencia maestra del VPI: “pero bueno es que usted no se puso las pilas” (La expresión “ponerse las pilas” es sinónimo, para el VPI, de que SU abuso es por culpa de TU candidez, de TU lentitud, de TU silencio y no de su impulso enfermizo por demostrar en todo momento que es un arrecho o una arrecha o de su apuro estúpido patológico casi constante)

Y luego, claro, la culpa es del otro, de los otros, pero nunca de ellos. Esa es ley de vida para el VPI.

Negación, evasión, distorsión

En el VPI la negación es, por supuesto, prácticamente genética. Ninguno te dirá: “si vale, yo soy un VPI consumado”, al contrario, la mayoría, de entrada, niega su condición, mira para otro lado cuando le señalas su falta, cambia de conversación rápidamente o te estampa una trompada por “insinuar” que dicho VPI es mentiroso (o mentirosa) por decir que él o ella “no es capaz de hacer nada malo

Pero eso es al principio.

Si usted puede insistir con el (o la) VPI, sin riesgo de perder una amistad o recibir un bofetón, en el por qué sus razones para cometer infracciones, la mayoría de las veces encontrará entonces las excusas:

Para comerse la luz -> “es que no viene nadie”, “de noche no se respeta semáforo”, “voy tarde”, “no vi que cambió la luz…”, “estoy trabajando (taxistas y motorizados)”, “aquí nadie se para

Para comerse la flecha -> “pero… esta calle no es flecha”, “ah… no sabía que era flecha”, “no viene nadie”, “todo el mundo se la come”, “así me ahorro la cola

Para botar basura en la calle -> “eso luego lo recogen”, “nadie está viendo”, “todo el mundo bota basura en este rincón”, “que venga el alcalde y lo limpie” 

Para cruzar fuera del rayado peatonal -> “Voy muy tarde”, “¿Qué, caminar hasta la esquina? estás loco”, “todos cruzan por aquí”, “es menos peligroso cruzar aquí que en la esquina”, “esos carros vienen lejos”, “Ay no, me da flojera

Etcétera.

Las excusas son las herramientas sicológicas con las cuales el VPI refuerza la negación de su condición y evade la responsabilidad total y absoluta que tiene sobre sus acciones y sobre sus decisiones. Ahora, si usted realmente es insistente con el VPI en cuestión lo más probable es que se consiga entonces con la tercera capa sicológica del VPI cuyo lema es: “Ultimadamente, hago esto así, boto basura, fumo donde no es, me estaciono donde sea, insulto al que piense distinto a mí, etcétera… PORQUE ME DA LA GANA”

Cuando usted llega allí puede comprender entonces cuan profunda está la raíz de nuestros problemas sociales de conducta, de convivencia, de respeto, de tolerancia, de seguridad y de educación.

La tercera capa, e incluso las siguientes, viene modelada por la cultura y la cultura se programa desde niño, siendo muy difícil, pero no imposible, reprogramarla y reconducirla cuando ya se es adulto.

No es imposible, es sólo cuestión de empeño y constancia. La cosa es vencer primero la negación, luego la evasión y finalmente la aceptación de lo malo como bueno, del gato por la liebre mental.

El milagro al revés de los VPI

“Un pueblo se preparaba para su gran fiesta anual y el alcalde, con el fin de llamar a la solidaridad y a la unión, colocó un gigantesco barril en el medio de la plaza, convocó a todos los habitantes del pueblo y les explicó que para las fiestas que se realizarían dentro de un mes él les pedía una colaboración a todos:

– Para tener bebida para la fiesta, todas y cada una de las familias que viven en nuestro pueblo deberán verter en este gran barril una botella de vino. Cuando quieran y cuando puedan. Así todos tendremos para beber en nuestra celebración.

Transcurrieron los días mientras seguían los preparativos y la gente curiosa se acercaba a tocar al barril y encontraba que en efecto el mismo estaba cada vez más lleno con el pequeño aporte de cada familia.

El día de la fiesta bien temprano el alcalde se acercó a la plaza para inaugurar la fiesta y comenzar a distribuir el vino. Se acercó al barril, colocó un vaso y abrió la llave. Cuando terminó de llenar el vaso y lo llevó a la boca descubrió que era agua. ¡Todo el inmenso barril estaba lleno de agua!

Acto seguido comenzaron a preguntar a los habitantes del pueblo a ver qué había sucedido y resultó ser que cada familia, queriendo guardárselo para su propio consumo, en lugar de vino decidió echar agua. “Al fin y al cabo”, pensaron, “por una botella de agua no se va a dañar todo el vino que van a echar los demás

El problema es que todos pensaron igual y solamente fue agua lo que llenó el gran barril dejando la fiesta sin  el vino comunitario.

Los habitantes de aquel pueblo hicieron el milagro de las Bodas de Caná pero al revés, en lugar de convertir el agua en vino, trocaron el vino por agua.

Así mismo ocurre con cada uno de nosotros, con el pequeño aporte de una “botella” de responsabilidad, alegría, amor, dedicación, solidaridad… podemos llenar el gran barril de la vida del cual beber, todos, los buenos resultados. Mientras pensemos que por echar un poquito de agua no vamos a dañar el vino del barril seguiremos estando equivocados y perjudicando la fiesta. Seguiremos haciendo el milagro al revés”

Tal como lo hacen día a día nuestros VPI

Tomado de la homilía del  28/12/10. Iglesia de Nuestra Señora de Las Mercedes

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