Pedir perdón:

Disculpa

Gracias al concurso Miss Venezuela está de moda lo de ¿Qué es más fácil, pedir perdón o pedir permiso?, sin embargo, para el VPI la respuesta es sencilla: ni lo uno, ni lo otro. Él no necesita ni pedir disculpas ni pedir autorización, hace lo que va a hacer a lo arrecho y punto, ¡y que no le reclamen!

Es notable cómo cuando en medio de la calle a uno lo tropiezan o le frenan en los pies, uno reclama con la mirada o verbalmente y la persona que te tropezó o te frenó hace un gesto con las manos como disculpándose o lo dice en voz alta, el efecto que se produce prácticamente siempre es de calma, de paz. La persona pidió disculpas y uno entiende que acepta su error y todos siguen su camino tranquilos y sin ser menos que nadie.

Para el VPI eso por supuesto es un ejercicio que escapa a su patología conductual. El no se disculpa, por el contrario, como indiqué en el post anterior, si comiéndose una luz o una flecha casi arrolla a una persona, la culpable es esa persona por atravesada y distraída. El fiscal que regula el tránsito es quien tiene la culpa de las colas y no el VPI que se colea o se mete en los cruces trancando a los demás aún cuando no tenga espacio.

El VPI siempre transfiere la culpa a los demás, a algo fuera de ellos y se coloca más bien como víctima, trabajador honesto o simplemente machote o machota cuando infringe la ley y es increpado por ello.

Si aunque fuera la mitad de los VPI pidieran disculpas (aunque fuera hipócritamente) por cada una de su montón de infracciones diarias, el nivel de agresión que se percibe en las calles bajaría en forma notable y quizá se produciría una lenta sanación de tanta gente enferma de infringir y agredir al darse cuenta de que: es más fácil (y barato) cumplir las leyes, que tener que pedir perdón por incumplirlas (y pagar multas, chocar o pelear)

¿Habrá esperanza de que se iluminen con esta idea?

Una anécdota en Chacao

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La semana pasada crucé por el semáforo que en La Castellana viene de Miga’s hacia el Centro Plaza. Municipio Chacao. La luz estaba en rojo para los carros que venían en dirección Este así que me lancé a cruzar. Dos carros siguieron avanzando dispuestos a comerse la luz y si era posible hacerme retroceder.

Quedé frente a ellos cuando finalmente frenaron a regañadientes y les pregunté si no sabían lo que significaba la luz roja del semáforo.

El primer carro, un Lotus nuevecito, vidrios ahumados todos subidos hasta arriba con aire acondicionado. La conductora era una señora de esas con cabello canoso, elegante, bien vestida, con lentes oscuros. Su respuesta fue manotear con violencia dentro de su carro como diciendo ¡ya termina de pasar! Cuando terminé de pasar siguió rodando terminando de comerse la luz.

El segundo carro, un Seat reluciente, también con sus vidrios ahumados arriba y aire acondicionado. El conductor un hombre de mediana edad, vestido como ejecutivo sin chaqueta. Sólo se me quedó viendo mientras le repetía la pregunta y cuando terminó de comerse la luz pasando a mi lado me miró y con sorna me dijo “adiós” con la mano.

Ambos actuaron con la convicción de que la molestia, el estorbo, el fastidioso, el desubicado era yo y siguieron cometiendo su infracción sin tener ninguna duda al respecto. ¿No deberían ellos mismos tener algunas reservas con respecto a sus convicciones, seas cuales sean, si son incapaces de respetar la ley de tránsito más sencilla que existe o al menos al peatón que les reclama con justicia su accionar?

No hay que olvidar que el VPI ESTÁ CONVENCIDO de que lo que hace ESTÁ BIEN y es mejor que lo que hacen los demás.  ¿Qué quedará para el resto de sus ideas?

Imagen de Toonpool

El abanico estúpido y como se produce

Voy a explicar gráficamente lo que probablemente sea una de las causas principales, sino la principal causa de la mayoría de las colas fuertes o “trancas” en Venezuela.

Se trata de lo que podemos llamar el “abanico estúpido”,  el cual consiste en la figura que terminan formando los carros en las vías, cuando se reduce la cantidad de canales, hay un desvío o hay una salida congestionada de una autopista hacia otra vía.

Veamos en el gráfico:

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– El conductor del carro morado con el número 1 viene por su canal de carros verdes. Si lo siguiera y todos lo siguieran habría una cola larga pero que fluiría en forma continua a través del embudo.

– Si dicho conductor se impacienta un poco quizá decida meterse al canal de los carros azules y debido a que al final debe regresar al mismo canal de donde se salió, producirá un retardo en la cola el cual no hubiera existido de preservar su canal. Claro. Adelanta a los carros verdes, los cuales ahora serán llamados “los pendejos”, pero al final debe “forcejear” con ellos para volver al canal. Resultado: un poco más de cola.

– Si el conductor del carro morado es un VPI de los comunes entonces se meterá al hombrillo (lo cual está prohibido) para adelantar a los pendejos azules y verdes siguiendo la ruta de los carros amarillos. Al final tendrá que meterse “a lo bravo”, como le gusta, para que un azul o un verde le den paso mientras ya lo insultan por ser francamente abusador. Resultado: mas cola o tranca (si no le dan paso y él no da paso), retraso fuerte, congestión, estrés, probables roces y más demora de la que hubiera tenido de preservar su canal verde o incluso hasta el azul.

– Si nuestro conductor resulta ser un VPI de los más perniciosos entonces tomará hasta con arrogancia la ruta de los carros naranja (que suelen ser los dueños de carros grandes: camionetas, rústicos, autobuses, Metrobuses (si, los autobuses del Metro de Caracas), aunque se han visto casos hasta de pequeños carros cometiendo esta gruesa infracción. La ruta naranja se construye “a lo arrecho” con medio pedazo del hombrillo y la grava, grama o el reborde que sale de la carretera. Los carros por allí pasan pegándose peligrosamente a los demás y por lo general lo hacen con la mayor agresividad para evitar el reclamo. Al final estos VPI, junto con los anteriores, son los responsables de las mayores congestiones, los choques, el estrés e incluso la violencia. Resulta curioso descubrir que ese VPI que llega al principio de esta cola y se queja de la misma, al tomar la ruta naranja o la amarilla va a ser el mismísimo causante de esa cola de la cual se quejó al principio. Su conducta patológica de apuro e irrespeto termina por retrasarlo todo incluyéndolo a él mismo.

¿Será que realmente esta gente no se da cuenta de lo estúpido que resulta este comportamiento en las colas?

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Artículo relacionado:

El origen de las colas: la cruz estúpida

 

El VPI contestón (la réplica por replicar)

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Está bien, vamos a estar claros que buena parte de nuestros problemas de tránsito consiste en que las propias autoridades (fiscales) quienes deberían hacer cumplir las leyes con la mayor justicia y en forma implacable, no lo hacen, sino que por el contrario son tan arbitrarios, incumplidos y descuidados como los propios conductores infractores, en su gran mayoría VPI de la peor especie.

Pero si usted observa la conducta de cualquier conductor con tendencias VPI, sea una viejita de 60 años en un Volkswagen, un señor ejecutivo en una camioneta de lujo, una estudiante en un Palio o un muchacho humilde en un Fairlane de los 80, cuando es detenido por un fiscal de tránsito por haber incumplido alguna ley, notará una reacción común en todos: TODOS replican, protestan, reclaman, se tragan al fiscal, dicen conocer gente en el gobierno, manotean, etcétera. Ninguno o demasiado pocos reconocen su falta y aceptan la multa o la amonestación verbal que les toca sin rechistar.

Entretanto el fiscal pierde entre 15 y 30 minutos aguantando el discurso encolerizado del VPI quien le entrega de mala gana los papeles mientras insulta velada o frontalmente al funcionario (caso aparte son los motorizados: en general cuando alguno de ellos es detenido por algún fiscal osado, su agresividad se potencia y se sabe de casos en los cuales han agredido físicamente al fiscal o lo han amenazado hasta con armas de fuego)

Durante esos minutos de réplica por replicar, el resto de los VPI  aprovecha para cometer (seguir cometiendo más bien) todos los desmanes habidos y por haber en el punto donde está el fiscal y abusan del hecho de que él está distraído.

Nuevamente aclaremos, quizá de cada 10 detenciones hechas por el fiscal de tránsito, 3 son injustas; te paran por no poner una luz de cruce mientras frente a él 14 motorizados se comen la luz, un autobús se para sobre el rayado peatonal y una camioneta da un giro en U prohibido, pero también es cierto que los pillados in fraganti cometiendo barbaridades tampoco se quedan callados y les cuesta patológicamente aceptar su responsabilidad sobre su conducta estúpida, antisocial y muchas veces peligrosa.

En una sociedad que funcionara, reclamarle a un fiscal de tránsito cuando te detiene debería ser como protestar un strike en el béisbol: si lo protestas estás botado del juego.

Pero… ¿Quién le pone el cascabel al gato?

El Ruido, los ruidosos y su inconsciencia

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Una característica bastante común del VPI es su capacidad ruidosa y esto se debe a que el hacer ruido hasta niveles molestos es una forma limpia, gratis y directa de agredir y por lo tanto de demostrar estúpidamente (por supuesto) lo arrecho que el VPI supone que es.

En la oficina donde trabajo hay una VPI, particularmente antisocial y perniciosa, la cual GRITA los recados o recordatorios a su jefe el cual se encuentra en otra oficina a menos de 6 metros de distancia, comunicados además por Messenger interno y por teléfono. Ella prefiere gritar para demostrar que es “arrecha” y atormenta al resto de la gente de la oficina con sus gritos de loca.

El ejemplo clásico es el de esos carros que transitan con un arsenal sonoro de alguna música de la más ruidosa con una inversión de millones en cornetas, buffers, bajos, etcétera. Puede ser que el vehículo sea una chatarra vieja pero suena como diez discotecas juntas…sólo para que el VPI dueño demuestre taladrándote el oído que es un “arrecho” en sonido y te puede dejar sordo si te metes con él (¿?)

Otro ejemplo para el cual pienso hacer una campaña es el de las cornetas (o claxon) de las busetas. A esos demenciales aparatos que le instalan desde hace unos años para acá a la mayoría de los vehículos de transporte público les deberían hacer mediciones con decibelímetros y prohibir su uso. La contaminación sónica TAMBIÉN ES CONTAMINACIÓN y si usted vive la amarga experiencia de escuchar un cornetazo de uno de nuestro autobuseros VPI (casi todos) en una cola, sabrá, sin necesidad de medir mucho, que ese ruido es un atentado contra el sistema nervioso. ¿Le importará a las autoridades hacer algo al respecto?

Si queremos una ciudad pacífica ¿no habrá que tomar medidas también con respecto a su nivel de ruido?

Otros artículos en este blog sobre el tema:

La estruendosa y enfermiza corneta

Corneteo contaminación estúpida

El corneteo y el reclamo: pan de cada día

Las colas de gente