Pensamiento lineal del VPI

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Una de las causas de nuestra pintoresca incultura de convivencia urbana es que el venezolano y en particular el VPI, tienen un pensamiento lineal. Su estructura mental trabaja en línea, no en ángulos ni en circunferencias. 

Puede ser que haga triángulos isósceles imaginarios perfectos con un GPS mental para jugar a las bolas criollas o que saque unas cuentas imposibles para una calculadora híper científica para decidir si tranca o no un juego de dominó, pero para el resto de su vida diaria la cosa no pasa de ser una línea recta conductual la cual, libre Dios de ser truncada por algún distraído carro o peatón.

Observe a un peatón que debe cruzar una avenida con mucho tránsito para llegar a un sitio en la acera contraria. Su plan de acción no va a ser:

– “Caminar 50 metros a la derecha, pararme frente al paso de cebra, esperar la luz verde peatonal, cruzar con precaución, caminar 50 metros a la izquierda hasta llegar al sitio”

No. Su plan de acción será más o menos este:

– “Okey la cosa es allá. Déjame ver si viene carro. Creo que puedo pasar detrás de esta camioneta. ¡Uf! Por poco no veo al tipo de la moto. Para, para, ¡frena vale! ¡Tócale corneta a tu mamá! Ajá, ya casi, uy cambió el semáforo… ¡coño una gandola!, déjame pegar la carrera. Uf, listo. Ya llegué (pendejos aquellos que cruzaron por el rayado jejeje)”

Y describe una perfecta línea recta hasta su destino…sea este la otra acera o el otro mundo.

Eso ocurre también con las metas a corto o mediano plazo en la planificación personal, sean de trabajo o de estudio, se vive al día hacia delante sin pensarlo mucho pero malgastando, improvisando y además quejándose por todo sin posibilidad de esperarse un poco para actuar mejor, gastar con conciencia, “caminar hasta el rayado”, diversificarse, estudiar, prepararse, con esfuerzo e inversión pero con mayores posibilidades de que el resultado sea un mejor nivel de vida.

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Fumadores VPI y su clasificación:

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No todos los VPI son fumadores ni todos los fumadores son VPI. Pero en ambos casos se registran altos porcentajes de estos en aquellos.

A los fumadores VPI se les puede clasificar en 5 categorías según su práctica antisocial usual a la hora de fumarse su cigarro:

El fumador de comedor: Este necesita a nivel de obsesión fumar donde otros comen. Echan su humo sobre las demás mesas o hacia “un ladito”. Viven con la ilusión de que si mantienen el cigarro a nivel de los tobillos el humo no llegará a la nariz de un comensal no fumador que en ese momento esté engulléndose una pieza de pollo. Bájense de esa nube: SI LLEGA.

El fumador caminante: Este tiene la acera o el pasillo como su lugar para “fumar a placer”. Mientras camina va echando humo indiscriminadamente a izquierda y derecha y dejando una estela blanca. No suele fijarse si el humo le está cayendo a un coche de bebé con un bebé adentro o a una señora que sufre de la respiración o a algún no fumador que venga caminando detrás. Estos fumadores son desenvueltos y despreocupados y si les reclamas te dirán su frase estelar: “esto es un lugar público”

El fumador parado: Esta es una variante del caminante: es el fumador que se para en una esquina o se sienta al lado de un sitio por donde pasa mucha gente y les echa todo su humo con la despreocupación de una estatua griega. Es como la situación del caminante pero al revés, los que caminan libres de humo por la acera, sean bebés, ancianas, señores o señoras no fumadores, deben atravesar obligatoriamente el humo escupido por estos fumadores y si reclaman ya saben lo que les van a decir: “esto es un lugar…”

El fumador rebelde: El fumador parado suele o bien ser una persona libre que quiere compartir su humo en la calle o bien un fumador rebelde. Este es el que se niega a cumplir las normas de zonas “libre de humo” que hay en aeropuertos, edificios públicos y algunos edificios de oficinas. Los encuentras en los baños perfumando con humo “otros olores”. En las oficinas los puedes hallar en el rincón más escondido (que suele ser donde hay más cosas inflamables) fumando rápido y culpablemente mientras ponen en riesgo a cientos de personas por incendio. Estos fumadores VPI se resienten de cualquier reclamo y son los que más se declaran “perseguidos” y “víctimas” de los No Fumadores por no dejarles humear libre y contaminadoramente a quien sea.

El fumador ventanero: Este espécimen se coloca en una ventana que da a la calle, en su casa o en su oficina, y en lugar de usar un cenicero u otro recipiente para echar allí sus cenizas pues prefiere sacudir su cigarro para que las cenizas se esparzan libremente hacia abajo, no importa que le caiga en la peluca sintética a una señora y se achicharre o que le caiga en la nariz a un bebecito recién nacido o encima de matas, otros apartamentos, el bote de gasolina de un carro o en la ropa de la gente. Para este fumador no importa el destino de sus cenizas y de sus pequeñas brasas, sino el gesto liberador de fumarse su cigarro mientras ve el horizonte de una ciudad que le parece ya demasiado contaminada…por los demás.

Imagen tomada de aquí

Sociedad de VPI

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Aunque sea duro de reconocer, la verdad es que en Venezuela, nosotros, los de a pie, estamos a merced del Estado, sea cual sea el gobierno que llegue al poder.

Una vez intenté explicar a una gran amiga cómo el problema radicaba en nuestro sistema político y nuestra cultura más que en quien sea el gobernante de turno. Tal como decía un gran cómico venezolano: “los gobiernos pasan, pero el hambre queda” (Jorge Tuero).

¿Cuál es la razón?

Muy sencilla: nuestro sistema político, expresado en los estatutos que conforman el Estado venezolano, apela a la buena fe, a la honestidad, a la transparencia de quienes detenten el poder y asuman las riendas de la nación. Corrijo entonces, el problema no es el sistema en sí sino quienes hacen uso de él. Es como el arma de fuego: no es un instrumento peligroso hasta que una mano mal intencionada la usa.

Nuestra incultura no permite asumir una responsabilidad pública con seriedad o con transparencia sino que nos lleva siempre a querer ser el más “vivo” o arrecho del asunto. Un ejemplo sencillo es el de esos dispensadores de periódicos que hay en países como USA en donde usted pone una moneda en un lugar, abre la caja donde están los periódicos y se lleva uno, porque usted pagó por uno. La caja siempre está sin llave y nadie revisa si pone o no la moneda pero el sistema FUNCIONA por la buena fe, la cultura básicamente honesta de las personas de esos lugares. Lamentablemente todos los venezolanos sabemos (y nos reímos tristemente por eso) que si esa caja la pusieran en nuestro país los periódicos no durarían 5 minutos sin que alguien se los llevara todos sin pagar para luego venderlos en un kiosco “pirata” más abajo.

Prácticamente todo el que llega al gobierno en nuestro país automáticamente potencia sus rasgos VPI en los cuales la buena fe, la honestidad y el “pensamiento país” son actitudes escasas o inexistentes. Por el contrario, llegar al control de un Estado delante del cual todo ciudadano lleva las de perder, es el clímax de los VPI criollos y desde allí actúan a placer apenas enfrentados con los VPI que hacen oposición quienes, cuando les toca llegar al poder, se comportan de la misma manera.

Mientras tanto el ciudadano común, pero sobre todo el VPI, se queja acremente de sea quien sea que esté gobernando y reconoce ocasionalmente su indefensión ante el estado pero no por ello deja de: comerse la luz, la flecha, fumar en lugares indebidos o caminando, meterse por el hombrillo, no dar paso, robarse cosas de la oficina, hacer trampas, hablar mal del otro y del país, poner música a todo volumen, botar basura, cruzar la calle por donde sea, gritar, decir groserías, drogarse con alcohol o con cualquier otra droga a extremos peligrosos, etcétera y además agredir a quien se le ocurre reclamarle sus conductas antisociales.

Una sociedad VPI en donde gobernantes y gobernados se empecinan en vivir y convivir cada vez peor ¿adonde puede llegar?