VPI con armas…

Armados

En este país donde los VPI (Venezolanos Propensos a Infringir la ley) tienen una necesidad patológica de demostrar lo arrechos que son, lo bravos que son para demostrar su menosprecio por las normas y por los demás, resulta inquietante notar lo que ocurre cuando estos personajes reciben armas o un poco de autoridad. Ejemplos abundan. Hoy traigo uno: 

Un amigo mío y su esposa iban en su carro en el estacionamiento del Unicentro El Marqués el domingo día del padre. El centro comercial estaba super congestionado, y mis amigos un poco ofuscados por no haber conseguido lo que buscaban en las tiendas y porque además ya llevaban 25 minutos de cola en su carro para salir.  

Al estar al pie de la rampa de la caseta de pago, es decir, unos 4 carros más abajo, salió un vigilante y les dijo que se desviaran hacia la otra rampa, que queda distante. Entonces mis amigos comenzaron a preguntarle que por que y la respuesta del vigilante era “váyanse por allá”. Mi amigo se bajó a pedirle la explicación por la cual tras media hora de cola debían desviarse para hacer más cola faltándole sólo 4 carros por pagar. La respuesta del vigilante siguió siendo “váyanse por allá” y colocó una barrera metálica de No Pase. Mi amigo comenzó a molestarse y le levantó la voz pidiendo “¿Pero explíqueme!!!?” y el vigilante le respondía “le estoy explicando: váyanse por allá”. Luego de un par de minutos de no obtener otra respuesta del vigilante optaron por hacer la otra cola ya larga también. Pero ahí no paró la cosa. 

Más adelante los rodearon unos cuatro vigilantes a quienes se les sumó el primer vigilante y comenzaron a decir “este carro no sale”, “para que aprendan a respetar”. Mientras que por la radio se escuchaba una voz diciendo que un vigilante había sido “agredido”. Los cinco vigilantes (incluyendo una mujer) tenían preparadas sus esposas y mostraban la escopeta de cañones recortados a modo de amedrentamiento.  

Mis amigos le dijeron al primer vigilante “Señor a usted nosotros no lo agredimos” y el señor decía que sí, que sí lo habían agredido. Y comenzó a decir “señores el estacionamiento está full…” a lo que le respondieron “¿y por que no nos lo dijo antes cuando le pedimos explicación?” 

Una vez en la caseta comprobaron que la otra caseta (desde donde los desviaron) no estaba cerrada, nunca dejó de funcionar, es decir, los desviaron por gusto. Los vigilantes siguieron rodeando el carro y le exigieron a la cajera que no les recibiera el ticket y no los dejara salir. Llegó el encargado del estacionamiento y les pidió el ticket, pero ellos se negaron a entregárselo alegando que sólo se lo iban a dar a la cajera para que les cobrara y los dejara salir y que el que lo estuvieran reteniendo allí era ilegal. 

Lo cierto es que sólo luego de amenazarles ya más tranquilamente con llamar a la policía es que el encargado del estacionamiento los dejó ir. Pues los vigilantes estaban dispuestos a dejarlos allí parados y a seguir insultándolos a ver si producían una verdadera agresión para justificar los golpes y la detención. 

Imagínense, si hay que cuidarse de los VPI comunes cuanto no habrá que cuidarse de los que están armados y con alguna autoridad real o imaginaria. 

Hay muchas bombas personales que desactivar por allí.

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Mejor lo dijo Kareta:

Mafalda leyendo

Esta semana quiero recomendar un artículo publicado por Kareta en su blog ¡Explikme! y del cual tomo textualmente las siguientes palabras:

“¿Qué podemos hacer para cambiar ésto?, además de exigir un TSJ que administre justicia autónomo e imparcial, podemos erradicar pequeñas cosas desde nuestras casas que es nuestro contexto directo y donde se da nuestro hacer diario. Por ejemplo: comerse un semáforo, el creernos más vivos que los demás, el hacer trampa en un exámen, el quitarle prestado a la caja chica (así lo repongamos antes que se den cuenta), el tirar a la calle la basura mientras nuestros hijos nos ven, el robarnos el adorno del arbolito del edificio porque nos gustó (así nadie se de cuenta), al estar en la calle y en vez de usar el paso peatonal cruzamos en plena avenida y cuando la luz está en verde para los carros o cuando no damos paso cuando somos nosotros los que manejamos… lamentablemente comprobamos que todo venezolano lleva un corrupto y un patán por dentro y esa es la imagen que le damos y que imitan nuestros hijos y la que tenemos que cambiar siendo el modelo para ellos.

Entonces con qué moral le reclamamos a un gobierno si nosotros ni siquiera hacemos lo mínimo que debe poner en práctica un ciudadano, (porque ser ciudadano no es solo ir a votar). Estoy empezando a creer que el gobierno es el reflejo de la falta de ciudadanía que proyectamos todos nosotros con nuestra actitud, y así, puedo definirnos simplemente como una población, un poco de gente dentro de unos límites… ya que no hemos querido ganarnos el ser considerados “ciudadanos”

100 % de acuerdo!

Respetar las normas…cambio interno hacia el cambio externo

Convivir

La cosa es sencilla en concepto. Viendo el comportamiento estúpido de los VPI día a día en nuestros espacios públicos y muchos privados encontramos que las premisas principales: querer demostrar constantemente que se es más arrecho que nadie, olvidarse de que los demás existen…a menos que sea conveniente recordarlos y preferir generalmente la opción más fácil, la más inmediata o la que menos esfuerzo represente se resumen en un síntoma fundamental: Irrespeto a las normas (sean estas reglas básicas de buen comportamiento o Leyes de la república). 

Detrás de ese irrespeto a las normas se esconde la patología del VPI: al cruzar fuera del rayado el peatón incumple una norma de tránsito y al mismo tiempo impone (estúpidamente) su apuro por sobre el de los demás poniendo en riesgo su vida y la de otros. Pero no importa. Para él o para ella el cumplir las normas, incluso hasta las más básicas, es cosa de pendejos, de tontos y no de arrechos. 

Es por ello que la educación del ciudadano para que Respete las Normas y las Cumpla desde su propia motivación, su propia convicción, su hábito, y no debido a que tiene “un policía” o “un fiscal” encima para que la cumpla, reviste gran importancia en la transformación de individuos y por ende de masas, pues cada cambio interno que haga que un VPI respete un semáforo como cosa natural o no bote la basura sino en el sitio adecuado puede hacer que su concepción del mundo se modifique de “ser el más arrecho, yo individuo” a “somos cada vez mejores, nosotros grupo, comunidad, masa, pueblo”. Conscientes de que las normas están allí para ayudarnos a vivir mejor unos con otros en el mismo espacio ciudad y espacio país.

Caminando

Peatones

La forma en que camina el venezolano refleja muy bien ciertas características de su personalidad como pueblo, como masa y también como individualidades. Seguramente esta es una atribución de cualquier pueblo pues el caminar es la cosa más natural y cotidiana del mundo. 

En Venezuela la forma de caminar aunque es libre y desenvuelta también peca de abusiva, atravesada y no planificada. Los VPI’s se detienen ante un quiosco o ante una vidriera sin importarle si se le atraviesa al de atrás o interrumpe el paso. Si vienen saliendo de una tienda lo hacen sin ver y más de una vez te obligan entonces a frenar de golpe o a desviarte con el riesgo de que alguien más te lleve por el medio. 

No se mira al otro, se olvida, hasta que viene el tropezón y el reclamo consiguiente muchas veces cargado de una incongruencia que es síntoma inequívoco de nuestra enfermedad como sociedad. 

El  otro día, saliendo de una escalera mecánica hacia
la UCV torcí en una esquina a mano derecha, es decir, pegado de la pared pues iba conservando mi derecha (como corresponde por regla general de circulación tanto para carros como para peatones en nuestro país) y me encontré de frente con una muchacha que venía hacia la estación por su izquierda. Casi tropezamos. Estuvimos unos dos segundos así y luego ella se desvió de mala gana y me soltó “Pero qué caballeroso”. ¿Qué tal?
 

Es decir, por querer seguir una norma básica de circulación peatonal que debería servirnos para no andar caminando por allí matándonos como animales resulta que salí regañado y tachado de no ser un caballero. ¿Qué les parece? 

¿No resulta acaso una incongruencia reclamar gestos sin cumplir ni siquiera las más mínimas normas de convivencia? 

Es la definición del VPI.