La ciudad: un sistema demasiado sensible

Caracas Sistema

En mi post anterior comenté sobre lo que es el “cambio de lugar” en nuestra cotidianidad y cómo entendiendo que constantemente estamos cambiando de rol en nuestra interacción diaria con nuestros conciudadanos se podría mejorar esa cultura de la “ley del embudo” que aplican los destructivos VPI, queriendo siempre lo ancho para ellos y lo angosto para los demás, como por ejemplo esos conductores de busetas (y otros vehículos) que te quieren pasar por encima cuando te demoras más de medio segundo detenido pero en cambio mandan a todo el mundo al ca…rrizo cuando ellos necesitan estar parados atravesados.

Lo otro que hay que entender es que como ciudad somos un sistema interconectado y sensible a cualquier perturbación. Esto se refleja en las enormes colas de carros que hoy en día nos azotan haciéndonos padecer cada vez que es necesario desplazarse de un lugar a otro.

El megahueco de la Valle-Coche combinado con un choque con motorizado en la autopista a nivel del CCCT combinado con un raspado de vía en la principal de Chuao hace que en este sistema abarrotado de carros se produzcan colas increíbles en el resto de las vías. Si a esto sumamos entonces los autobuses atravesados por el canal del medio o incluso por el rápido cuando deberían ir siempre por el más lento, los carros que a lo arrecho se comen luces y flechas o se meten como sea con el semáforo ya amarillo trancándole el paso a los demás, o los motorizados que aquí y allá manejan sin ninguna prudencia produciendo choques y enfrentamientos o los peatones cuya flojera por llegar a una pasarela o a una rayado peatonal los hace cortar el flujo de carros atravesándoseles aún a costa de su propia salud o aquellos que son incapaces de esperar tres segundos más a que su semáforo les dé luz verde y se arrojan…, es decir, si a los eventos no tan comunes (un megahueco, un derrumbe, un arreglo de vías, un gran choque) se suman esos pequeños delitos en grandes cantidades que cometen diariamente los VPI a pie o en carro y se le agrega una autoridad de tránsito que parece no concebir como un todo el sistema vial de la ciudad sino que resuelve por la vía de los pañitos calientes y los parches temporales,  sumándole una infraestructura vial llena de huecos, drenajes tapados, semáforos inservibles y rayados borrados o mal demarcados, indudablemente tenemos un sistema que colapsa cada dos por tres.

Y lo pongo en ese orden: la vulnerabilidad vial por ser un sistema hipersensible a perturbaciones, el caos generado por conductores y peatones que quieren ser siempre los más arrechos, andan siempre con un apuro estúpido la mayoría de las veces injustificado y colocan su apuro personal por encima de cualquier cosa comenzando por la ley, una autoridad poco motivada, poco preparada o no interesada en la solución y una infraestructura vial en mal estado.

No le hago coro a quienes piden solamente mayor cantidad de vías, elevados, tercer y cuarto piso para la autopista, etcétera. Nada de eso. En esta ciudad hacen falta fiscales bien pagados e instruidos y con autoridad para poner presa a la gente, una planificación eficiente de circulación que considere las mejores alternativas en cada nudo vial para que la posibilidad de formación de colas se reduzca o disminuya cambiando o bien flechas o colocando canales de contra flujo, sanciones costosas en dinero o tiempo o trabajo para los infractores sean estos peatones o conductores, vías y sistemas de desagüe en excelente estado así como señalización y semáforos y una campaña constante y contundente de buenas costumbres al circular  para reducir las posibilidades del VPI de hacer daño con su conducta enfermiza.

Cambio de lugar…difícil de entender

Espejo

Este domingo como a las 9 pm me encontraba esperando el metro en la estación de Altamira. Una vez que llegó el tren me coloqué a un lado de la puerta para dejar que saliera la gente…apenas se abrieron las puertas un par de señoras se metieron por el lado mío empujándome con un apuro estúpido monumental. Les reclamé suavemente diciéndoles que aprendieran a calmarse, que era domingo en la noche y además les dije que pedir permiso no era algo tan difícil.

Ellas respondieron que yo “estaba atravesado” y que “como estaba ahí parado sin moverse…”. Es decir, asumir error o culpa ni por asomo. Entender que en el metro hay que dejar salir antes de entrar es excesivamente complicado. Echarme la culpa a mí por que no me estaba “moviendo” es lo más fácil. 

Lo que estas señoras demostraron es un síntoma más de la patología de los VPI con los cuales convivimos día a día en esta ciudad: no entender que en nuestra cotidianidad citadina constantemente estamos cambiando de lugar, es decir, en un momento entramos al vagón…pero al siguiente estamos saliendo de él. ¿Qué hubiera pasado si esas señoras cuando intentaran bajarse en su estación se encontraban con otras señoras como ellas metiéndose a lo bravo apenas se abrieran las puertas impidiéndoles la salida? Seguro hubieran reclamado…sin darse cuenta de que ellas hicieron lo mismo pocos minutos antes. Es un asunto de causa y consecuencia. Por eso la frase de “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti” tiene perfecta aplicación para la filosofía que debería privar en la cultura del ciudadano…lo malo es que no es así. 

Si a usted le toca estar en su carro justo cuando el fiscal de tránsito más adelante decide dejar pasar dos o tres semáforos rojos para aliviar la avenida…¿Usted como reacciona…? 

Usted me responderá “depende” y allí está el error. Si usted está en la cola de los carros parados echará pestes y maldiciones al fiscal y lo culpará de todo…pero si está en la cola de los carros aliviados entonces se contentará con la medida y seguirá de largo sin ni siquiera acordarse de ese cruce.  

Cambios de lugar. Ponerse en el lugar de los demás.  

¿Por qué no entender en cualquiera de los casos el beneficio de la medida para una colectividad?, ¿Por qué meter ruido, gritos, cornetas e insultos en un caso y en el otro olvidarse del resto del mundo? Un día eres peatón, al siguiente vas en un carro y al siguiente vuelves a ser peatón. ¿Por qué no respetar las normas y las leyes aunque sea pensando que en algún momento toca a estar del otro lado, del lado del afectado por la propia actitud infractora?

La estruendosa y enfermiza corneta

Corneta

La corneta (o claxon o bocina) de los carros han evolucionado pero, como ha sucedido en muchos aspectos de nuestro mundo, para peor. Ahora las cornetas son mucho más poderosas y escandalosas.  

Primero eran las estándar que venían con los carros nuevos, unas más fuertes que otras, luego se creó la necesidad artificial de hacer cada vez más ruido “envenenándola” o poniéndola a sonar como las alarmas anti-robos. Ahora, hoy en día sobre todo los autobuses y busetas disponen de una corneta estruendosa que es capaz de arrugarle el alma a cualquiera que la escuche por más de 1 segundo (incluyendo al mismo que la toca) 

Esto es síntoma inequívoco de la patología que tiene nuestra sociedad de desmejorarse su propia calidad de vida en lugar de buscar el progreso. 

¿Cuál es el objetivo formal de la corneta? 

Advertir peligro a los demás conductores o peatones. Evitar accidentes por la vía del aviso sonoro. Su alcance es inmediato, al vehículo que está más próximo o a las personas que están más cerca para evitar el choque o el arrollamiento… 

…sin embargo, para nuestros VPI el objetivo de la corneta va más allá: primero tiene que ser una señal lo más ruidosa posible de que se es “un arrecho” o mejor dicho “el más arrecho” de la vía, con este objetivo en mente debe servir entonces para agredir atormentando a todo aquel que se atraviese o se demore más de un milisegundo en arrancar con el semáforo todavía en rojo (así esté quince carros más atrás en la cola) o en meterse en una vía a lo bravo a contra flecha o atravesándose riesgosamente o cualquier otra expresión de la anarquía estúpida de nuestras calles (que también protagonizan carros particulares y motocicletas) 

Por esa necesidad enfermiza de reafirmar su bravura es comprensible que entonces el VPI busque tener la corneta que produzca el ruido más horrible y fuerte…aunque esto no sirva sino solamente para amargarse su vida y la de los demás en las calles produciendo esa contaminación sónica que tensa el tránsito a cualquier hora pues 50.000 decibeles de ruido de corneteos NO ACELERAN el flujo vehicular ni peatonal en ninguna parte del universo. 

Yo propondría, además de controlar el correcto funcionamiento de los escapes de los gases, regular también el volumen de la corneta de los vehículos públicos y privados para que tengan un nivel adecuado que no contamine perniciosamente nuestras vías por el apuro estúpido del cual adolecen los conductores VPI.

Los VPI y el servicio

mesero

Cuando un VPI (Venezolano Propenso a cometer Infracciones) tiene que realizar labores de servicio, es decir, atender personas, público en general, etcétera, sufre de terribles contradicciones internas pues al considerar a los demás como inferiores, el hecho de tener que servirles (considerando esta acción como acto de humillación) es de una bajeza insoportable. De allí que la conducta del servidor público o privado en nuestro país es de las peores en el mundo y la calidad de los servicios siempre se encuentra de mal a peor. 

Los ejemplos abundan. Les cuento uno mío.

 

Este fin de semana fuimos a “La Granja del Pollo”, un restaurante muy conocido que se ubica en Colinas de Bello Monte. Éramos 5 personas y nos sentamos en una mesa al lado de una ventana que daba hacia los carros. 

Al atendernos ya el mesonero venía con cierta mala vibra de esas que se detectan comúnmente en quien, como buen VPI, está haciendo algo que no le gusta, quiere demostrar que es un arrecho y además se entretiene quejándose de su trabajo.  

Al pedirle dos pollos completos a la brasa el señor nos espetó que “el pollo se demora entre 20 y 25 minutos”, dejando una larga pausa como esperando que le respondiéramos “ah bueno entonces tráeme un atún a la plancha” o algo así para ahorrarle trabajo. 

El problema no fue que se demorara (cosa que ya de por sí es incomprensible para un restauran que es ESPECIALISTA EN POLLO) sino que comenzamos a ver por la ventana personas que llegaban en sus carros, pedían pollo para llevar y salían tranquilamente a los 5 minutos con su pedido bajo el brazo mientras nosotros llegamos a esperar hasta casi 40 minutos por nuestros pollos.

 Nos paramos y nos fuimos pagando sólo las entradas y algunas bebidas que fueron las únicas que nos sirvieron. Ese fue el almuerzo del domingo.  

El detalle fue que el mesonero nos trajo la cuenta sin chistar, sin pedir disculpas, sin excusar la falla del servicio. Nada. Ahí los malos éramos nosotros, los malucos y hambrientos clientes que pareciéramos estarles pidiendo un favor en lugar de ir a pagarles con dinero el mínimo buen servicio. 

El encargado del local menos todavía, nos miró como quien mira a unos locos quienes con su reclamo en nada le van a hacer daño a su jugoso negocio. 

¿Qué por que el país está como está? 

Una clave es la incapacidad casi genética de los VPI de entender que “servir” no es una función humillante ni cuando están sirviendo ni cuando son receptores del servicio.