El VPI y la empatía (agua y aceite):

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El VPI al no reconocer la existencia de los demás (Premisa Nº 2) a menos que los necesite para reafirmar que es “el más arrecho”, suele carecer por supuesto de capacidad empática. No puede ponerse en el lugar de los demás y por ende se convierte en un ser con conductas sociopáticas.

Por ejemplo este ser arroja basura y ensucia sin importarle los demás quienes sufrirán de esa contaminación o quienes tendrán que limpiar más de lo necesario por culpa de este cochino VPI inconsciente (incapaz de ponerse en su lugar)

 También fuma en lugares indebidos y ahuma sin remordimientos a niños, ancianos o adultos no fumadores “olvidándose” del más que demostrado daño que esto produce en él y en los demás. Los peores son los que van caminando por las aceras y dejan la estela de humo para que la respire quien sea indiscriminadamente.

Este ser también es un burlista que aprovecha cualquier desliz de los demás para burlarse, denigrar o descalificar sin reconocer que él también comete errores y deslices como buen ser humano que es. En mi oficina está el ejemplo de una sociópata VPI quien se molesta notoriamente cuando “los que tienen llave” tocan la puerta para que les abra en lugar de abrir por su cuenta, la pregunta es ¿nunca se te han olvidado las llaves en alguna parte? Es una interrogación muy difícil de asumir para un VPI y de la misma manera ocurre con cualquier otra situación de vida.

Y así muchos ejemplos más (muchísimos), se podría decir que toda la conducta del VPI está signada justamente por la falta de empatía para la cual es como el agua y el aceite.

La inseguridad:

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El problema de la inseguridad es sistémico. No corresponde, en una sociedad, a unos sí y a otros no. Es un problema de todos (aunque esto suene a slogan de políticos). El detalle, y en eso abundo en cada uno de los artículos de esta bitácora, es que quienes alcanzan los puestos de poder en instituciones de gobierno dentro de este estado vienen de la misma cultura en la que estamos inmersos todos y en la que los VPI terminan por imponer sus premisas cuyos valores son: querer siempre demostrar ser los más arrechos, abusar del poder para ello, pensar sólo en si mismos, irse por el camino más fácil, olvidarse de que los demás existen, dejarse ganar fácilmente por el poder del dinero.

Esa es una de las ideas principales que plantea lo que a diario denuncia El Amargado: quitarse la idea estúpida de que quien política, deportiva o religiosamente tiene una preferencia diferente a uno es el culpable de todos los males y es TOTALMENTE distinto a uno sólo por eso. Olvídense. El origen, la cultura, las formas de pensamiento, los valores, las creencias, los principios son EXACTAMENTE los mismos en unos y en otros, así apoyen al Magallanes o al Caracas, a Chávez o a Rosales, a Dios o a Allah en estas tierras.

Y ese origen común también es compartido por los VPI quienes desde el VPI común y corriente, el vecino inconsciente, el motorizado irrespetuoso, el taxista abusador, el de la camioneta de lujo que no da paso y se mete por el hombrillo, el que tira basura, el que roba, el que hace trampas, el que practica la desidia diariamente, etcétera…hasta los que toman cargos de poder político, policial, eclesiástico, económico o mediático, conservan los mismos principios, valores y actitudes que cuando eran VPI comunes y corrientes.

Así el tema de la inseguridad se complica aún más si debe ser manejado por tanta gente mucha de la cual es VPI queriendo ser más arrecha que nadie sin pensar en los demás. Si nos ponemos a pensar en la o las soluciones para la inseguridad encontraremos dos cosas que le producen alergia al VPI: mucho, mucho trabajo y resultados consistentes apenas a mediado y largo plazo. También implica acuerdos, consensos, honestidad y sacrificios. Toda una lista de exigencias que en su mayoría están en la lista negra de “Cosas por hacer” del VPI, más si es un animal político como lo es por el hecho de ser humano.

La solución debe tener raíz profunda y categórica. Debe provenir de una transformación, no de palabra, sino de espíritu, de alma, de cultura, de percepción de nosotros sobre nosotros mismos, de CONCIENCIA de que mientras se pierde el tiempo insultando al que supuestamente es diferente o peleando con el fiscal que te pide los papeles o con la alcabala que hace un operativo en tu calle o denigrando o poniendo obstáculos a las pocas iniciativas que se puedan tener para combatir el problema o inventando excusas políticas de pacotilla para no actuar con consecuencia, la inseguridad seguirá allí riéndose de nosotros y esperándonos para emboscarnos.

¿VPI Cochinos o antisociales?

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A propósito del recién celebrado Día del Ambiente: ¿Qué motivará a un o a una VPI a botar basura en la calle con toda la tranquilidad del mundo?

La semana pasada cerca del semáforo de Los Dos Caminos en Caracas una señora terminó de comerse su desayuno en el puesto de copiloto de un carro y agarró la servilleta y la botó por la ventanilla en plena calle. Mi esposa desde nuestro carro le dijo “Señora, que bonita cómo bota basura en la calle. Por gente como usted es que estamos como estamos”. La señora primero insultó a mi esposa y luego se volteó dándonos la espalda. Así es como le dan la espalda a su responsabilidad los VPI de nuestro país y pagamos justos por pecadores con calles sucias (más sucias de lo que podría considerarse normal en una ciudad como esta y sin que entremos en el tema de la recolección de basura, drenajes, lateros, etcétera)

Luego cerca de mi trabajo una muchacha desenvolvió su chocolate y lanzó el envoltorio a la calle. Una joven pues. Cochina e inconsciente desde joven. Incapaz de esperar con su papelito a caminar unos metros hasta la siguiente papelera o en caso de no haber papelera (como pasa mucho) guardar su papelito hasta llegar a su oficina que está allí cerca. No. Más fácil es ensuciar como cerda la calle y luego, seguramente, quejarse de que esta ciudad es sucia y repelente.

Porque para el VPI las acciones son darle la espalda a la consecuencia de sus actos y luego quejarse de esa misma consecuencia culpando a cuartos o a terceros sin cambiar su actitud.

Hay que recordar que es una enfermedad, una patología conductual, lo de nuestros VPI y como tal requieren de diagnóstico, reconocimiento y terapia o tratamiento. Mientras tanto sólo puede calificarse de antisocial la conducta de una persona la cual, con consciencia, educación y conocimiento de que en la calle NO se debe botar basura, de todas maneras lo hace. ¿No es así?