VPI en las elecciones:

cola

Fue un ejercicio interesante observar la conducta de la gente en las colas de votación de las elecciones regionales celebradas en Venezuela este domingo 23 de noviembre. En lo que se supone es el evento magno del comportamiento cívico los VPI no dejaron de actuar como si nada con sus conductas estúpidas tradicionales.

En las colas de carros los cornetazos infernales de autobuses, camionetas y motorizados siguieron atormentando como si nada y sin razón en un día sin apuros y con un mínimo de actividad.

En las avenidas los motorizados se comieron flechas y luces de semáforo como si nada, muchas veces poniendo en peligro a las personas que no podían andar por las aceras repletas de gente haciendo colas. A los motorizados VPI eso no les importa, su frase, altamente solidaria es “quítense del medio que voy pasando yo”.

En la cola los fumadores incorregibles perfumaron de nicotina y alquitrán a sus vecinos. Bueno, si los VPI fumadores son capaces de echarle a uno el humo encima justo cuando está saboreando una comida en un restaurante que quedará para una cola “al aire libre”

Los VPI que votaron también botaron montones de basura a su paso por las colas: envoltorios de helados, vasos de raspados, cartones de jugos o té, cigarros usados, latas de refrescos, periódicos viejos, etcétera, etcétera. Son tan desvergonzados que en medio de ese montón de personas igual botan su basura a la calle sin ruborizarse.

Eso sin contar a los VPI gritones, groseros o quejones que por doquier andaban en la cola atormentando, escandalizando o desanimando al resto de los votantes.

Es que el VPI en su ejercicio diario no mide la situación en la que esté para demostrar su bravura a toda costa, su dominio de la verdad absoluta y la importancia de su tiempo y de sus hábitos por encima del tiempo y la tranquilidad de los demás.

 

 

 

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Justificaciones del VPI:

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Los VPI actúan basados en tres premisas conductuales fundamentales: tienen que demostrar lo arrechos que son, no les importan los demás a menos que sea para lucirse sobre ellos o humillarlos o amedrentarlos y procuran realizar el mínimo esfuerzo, tomar el camino más fácil o el más rápido aunque eso signifique saltarse unas cuantas leyes y poner en peligro vidas.

Estas premisas generan en los VPI, una vez que son confrontados, diversas explicaciones insólitas o reacciones con las cuales justifican sus conductas estúpidas sin dedicar mayor esfuerzo o tiempo al análisis de las consecuencias. Por ejemplo en los tres protagonistas del post anterior encontraríamos las siguientes reacciones en el caso de que se les reclamara o se les aconsejara una mejor conducta:

Mamá de los Niños (si se le dijera que moderara su lenguaje o su agresividad delante de sus hijos):

          “A mis hijos los crío como me dé la gana”

          “Usted métase en sus asuntos”

          “Mis hijos no son maleducados y además nosotros hablamos así”

          “¿Que es lo que te pasa a ti?”

 

Conductor (si se le llamara la atención sobre las infracciones cometidas y la agresividad)

          “Bueno papá si no te gusta bájate y vete caminando: yo estoy trabajando”

          “En la calle hay que ser así pana, porque sino uno pasa por pendejo”

          “Los que no saben manejar son los demás que no se meten, retrasan a todo el mundo o son unos muchachitos que no saben”

          “La culpa del “tráfico” es de los fiscales, los huecos, las vías y esa gente que te digo que no saben manejar”

 

Cobrador (si se le llamara la atención sobre el hecho de que una agresión a un bien no puede ser respondida con una agresión seria al físico de la persona)

          “Pero entonces por que se meten con uno, si no quieren llevar palo que se queden tranquilos”

          “Todos los estudiantes son unos desadaptados y hay que estar alerta con ellos”

          “Yo estoy trabajando, ¿por que se van a meter con mi herramienta de trabajo?”

Ninguno asume responsabilidad propia por su conducta además de antisocial peligrosa y deformante. Para el VPI en su universo todos sus abusos están justificados y perfectamente explicados en tanto una especie de “instinto” de supervivencia o de reafirmación mal entendido y mucho peor aplicado en su cotidianidad laboral y familiar.

 

Foto de la Bitácora Invisible

Anécdota espeluznante con VPI’s en un autobús de Caracas

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Esta anécdota en Caracas en verdad es espeluznante y me sucedió este jueves 6 de noviembre de 2008.

Me acerqué a la estación del Metro de Altamira para ir hasta la estación de La California (mi destino era el Unicentro El Marqués) y una vez allí observé el mismo triste espectáculo que ahora este sistema de transporte repite con una frecuencia casi interdiaria: el andén estaba repleto de personas porque había “retraso” en los trenes. El presidente del Metro declaró que esos fallos son “normales” en cualquier sistema y creo que habría que corregirlo, esos fallos son normales en cualquier sistema que este Deteriorado y Descuidado. ¿Quién explica esos atrasos que ocurren al menos 3 o 4 veces por semana en las horas pico?

Gracias al nuevo atraso subterráneo subí a la superficie a ver si tomaba un taxi. Al fin y al cabo el trayecto es corto. Mientras caminaba por la acera un autobús corto, modelo Mercedes Benz, de la línea de Transporte Presidente Medina, C.A., Placas 08AA2FA, se detuvo en una parada muy cercana y el Cobrador (esa persona que suelen usar los conductores de autobuses para reclutar pasajeros y cobrar) gritó: “El Llanito, Petare, Los Dos Caminos, Los Ruices, Unicentro El Marqués”. Me servía, así que viendo que no había mucha cola me monté y allí comenzó el calvario.

Además del Cobrador estaba el Conductor quien por supuesto manejó lanzándole el autobús a cuanto carro se le cruzó en el camino y una señora a quien llamaré la “Mamá de los niños” quien tenía tres niños (dos niños y una niña) de edad preescolar sentados justo al lado del conductor, en donde está esa tapa grande en donde normalmente colocan el dinero, de espaldas al vidrio, sin protección, sin cinturón de seguridad.

Lo primero fue que en un semáforo otro autobús casi chocó el nuestro (lleno de pasajeros) así que entonces entre los tres: Conductor, Cobrador y Chofer, decidieron perseguirlo para reclamarle. La Mamá de los niños dijo “si ese gue….n me tumba a los niños me los va a pagar completos”. Y pensé: “¿Y quien le cobrará a esta señora su imprudencia y su mal ejemplo diciendo tamañas groserías delante de sus niños?”

Persiguieron al otro autobús y se le cruzaron por delante buscando algún roce. Por alguna razón el otro conductor no era quien pensaban así que se quedaron tranquilos. Esto sucedió frente a la estación del Metro de Miranda (antes Parque del Este) sobre la Avenida Francisco de Miranda.

A los pocos metros la cola de carros estaba bastante densa y ellos decidieron “agarrar por la Rómulo Gallegos” (la avenida paralela) para lo cual el Cobrador se bajó, detuvo a los carros que venían y el Conductor maniobró para montarse en la isla ilegalmente casi haciendo chocar a los carros que venían en dirección contraria y trancando más aún la vía. Dentro del autobús varias personas reclamaron y una de ellas, una señora, dijo: “le debería caer una multa por abusador”

Otra señora se bajó indignada y el Conductor y el Cobrador hablando a gritos (como hablaron casi todo el camino) la trataron de convencer de que no se bajara, de que más adelante volverían a retomar la misma avenida. La señora se bajó igualmente y estos por supuesto entonces se dedicaron a insultarla con groserías de todo tipo (los niños entretanto escuchando y viendo todo). En eso el Conductor gritó: “¡Vamos a ver quien fue la que dijo que me pusieran una multa, porque aquí mismo se me baja!”….esperó unos segundos y dijo “¡Ajá!, yo sabía” y siguió sintiéndose el ser más arrecho del mundo por haber amedrentado a unas señoras luego de haber cometido una infracción particularmente estúpida y peligrosa. Los otros dos le rieron la gracia.

El Conductor siguió manejando peligrosamente. Insultando a quien se le atravesara o tardara mucho en moverse. Accionando constantemente esa corneta (que debería estar prohibida por la ley) que ahora tienen casi todos los autobuses y camioneticas que taladran el oído de todo el mundo. Sus decibeles están fuera de los rangos permitidos.

Los niños jugaban entre la puerta del autobús y la tapa. El Conductor montó en una de esas a la niña en sus piernas (ilegal y peligrosísimo) y luego celebró el haber cometido la barbaridad de saltar la isla con el autobús viendo como los carros que no habían cometido la misma infracción iban quedando más atrás en la otra avenida.

La última “gracia” ocurrió cuando se montaron varios estudiantes de nivel de bachillerato en el autobús. Desde que se montaron tanto el Conductor como el Cobrador los miraron con agresividad. Uno de los estudiantes (que también se las traen cuando se comportan en forma antisocial) se montó con un cigarro en la mano y entonces el Cobrador le gritó que lo apagara. El estudiante se negó y sus compañeros dijeron “bueno, entonces vamos a bajarnos”. El autobús había avanzado apenas unos 50 metros pero igual el Conductor y el Cobrador detuvieron el autobús y se pusieron en forma amenazante en la puerta para exigirles pago a los estudiantes. Una de las muchachas estudiantes le reclamó al Cobrador porque luego de haber pagado no la quería dejar bajar y le dijo “Si eres estúpido…” a lo cual la Mamá de los niños se paró y le gritó por la ventanilla “Estúpida será el C…de tu M…” y los niños escuchando y viendo todo, incluso las groserías de grueso calibre y la agresividad de su propia madre. Ejemplo excelente para esa nueva generación.

Los estudiantes se bajaron y como había cola entonces seguían caminando casi paralelo al autobús, el Conductor le dijo al Cobrador “Mosca ahí si esos chamos agarran una botella o lanzan algo”, acto seguido le pasó un tubo de acero al Cobrador diciendo “cualquier cosa les das pero bien duro” y el Cobrador “tranquilo que les doy con todo. Yo si le tengo arrechera a los estudiantes…”. Pensé “me imagino que este amigo, por su conducta, nunca debe haber sido estudiante de nada…”
Me bajé aturdido y preparé mi cámara para fotografiar el autobús y su placa a modo de evidencia gráfica cuando se pararan en un semáforo, evitando que me viera alguno de los tres, no fuera ser cosa de que me vinieran a pegar tubazos, pero el autobús no se detuvo con la luz roja y el taxi que venía detrás tampoco quería frenar así que, entre reclamarle que frenara y evitar las motos que pasaban a toda velocidad, perdí la oportunidad de la foto.

¿Será que con los datos alguien podrá aunque sea aplicarle una sanción a este trío de irresponsables antisociales, VPI hasta la médula?

En los próximos Post vamos a analizar cada uno de estos VPI y sus conductas.

¿Quien puede cambiar al VPI?

He visto por allí en el canal Vale TV un micro en donde el narrador nos invita a no “convertirnos también en conductores agresivos” recomendando que al encontrarnos con este tipo de conductores en la calle lo mejor es cederles el paso, no hacer contacto visual, no decirles nada, evitar a como dé lugar la confrontación.

Este es un consejo excelente y a la vez es perfectamente válido para ser aplicado con los VPI, es decir, “no se convierta usted en otro VPI”, evite confrontarlo o corregirlo pues la mayoría de las veces por no decir siempre, saldrá de dicho intento insultado, agredido, herido, asustado, molesto o la suma de todas las anteriores pues el VPI, óigalo bien, JAMÁS acepta tranquilamente que está cometiendo una infracción cuando se le reclama, menos aún si es en la calle y con carros o peor aún motocicletas involucradas.

Pienso que al VPI sólo lo puede corregir o “curar” de su patología agresiva dos cosas: una campaña educativa constante (junto con unas leyes y normas claras, con severos castigos y funcionarios aplicados serios y eficientes que las hagan cumplir en un sistema que funcione) o una lesión grave o la muerte.

De resto por más que reclamemos o nos fajemos con un conductor que se acaba de comer una flecha o con un motorizado que casi nos atropelle o que pretenda que nos quitemos de su vía desde 5 cuadras más atrás, ellos no van a modificar su forma de pensamiento y sus conductas estúpidas, tan peligrosas para ellos como para los demás.

Sólo unas leyes que sirvan y se hagan cumplir o un accidente grave podría hacer reaccionar la parte inteligente de estos VPI para que se dieran cuenta de sus conductas aberrantes y comenzaran a intentar controlarlas por si mismos.