100% libre de humo de tabaco

Obviamente estoy de acuerdo con la medida que multiplica las “Zonas 100% libres de humo de tabaco” en nuestro país. Era absolutamente necesario y su aplicación no ha sido de ningún modo traumática sino que nos ha permitido descubrir lo sabroso del aire limpio, sobre todo en restaurantes y cafés. Hasta muchísimos de los mismos fumadores reconocen lo diferente que es contar con esas zonas libres.

Lo malo es el extremismo, como siempre, la medida obviamente, ni aquí ni en ninguno de los muchos países del mundo donde se ha tomado también, establece que el fumador es “un delincuente”, todo lo contrario, lo que busca es delimitar entre los espacios comunes, en cuales puede fumar libremente y en cuáles no, así no fumadores y fumadores comparten lugares sin interferencia y luego los fumadores pueden compartir a su vez con otros fumadores sus áreas para fumar. Es simple… aunque a muchos VPI les cueste entenderlo y opten por querer demostrar ser los más arrechos porque no fuman y por lo tanto a quien vean con un cigarrillo debe ser “atacado”.

Por otro lado la medida, que se supone ya debe regular al fumador de comedor, al rebelde y al ventanero, tiene sin embargo dos lagunas: no establece limitaciones para el fumador caminante ni para el fumador parado, tal como los clasifico en mi artículo anterior “Fumadores VPI y su clasificación”.

El caminante considera la acera un lugar público no regulado y por lo tanto deja su estela de humo indiscriminadamente sin tener ni idea (y tampoco importarle) ni la edad, ni la salud, ni la condición de las personas que vienen más atrás.

El parado por igual se aleja un poco de los “sitios cerrados” que establece la ley pero se coloca en lugar frente al cual pasa mucha gente y exhala su humo, sin criterio alguno, sobre esa gente, una vez más, sin mayor preocupación por los demás.

Esos fumadores VPI no están al alcance de la regulación así que seguiremos compartiendo estelas y aceras con ellos.

Paz

Este miércoles 21 de septiembre se celebró el día Mundial de la Paz y caminando por Chacao pude ver a unos muchachos marchando educadamente por una acera con algunas pancartas alusivas a la Paz. Por supuesto que luego de eso me hice varias preguntas:

La Paz…

¿…acaso no se garantiza si respetamos a los demás?

¿…no se vuelve un hábito cuando descartamos la agresión como respuesta a la crítica o el reclamo?

¿… no está íntimamente ligada al cumplimiento de las leyes, ordenanzas, reglas y normas?

¿… no se vuelve parte de nosotros si nos sentimos respetados por los demás?

¿… no viene incorporada a la aceptación sin juzgar de las diferencias de opiniones, creencias, preferencias y aspecto físico de los demás?

¿… no consiste en descartar la malsana costumbre de querer ser siempre el arrecho o la arrecha y demostrarlo?

¿… no es un ejercicio de amor para con los demás, sean animales, personas o cosas?

La Paz no es un tema político, es cultural y mientras creas que la Paz es una tarea del otro o de la otra y no un deber tuyo entonces garantizarla entre todos se volverá cada vez más difícil.

La Paz es una decisión unipersonal. Si lo decides ella estará allí. Y si todos lo decidimos pues nunca dejaremos de disfrutarla.

Los VPI perdidos

El fin de semana pasado íbamos en nuestro carro detrás de una camioneta buscando la entrada al estacionamiento de un centro comercial. La camioneta iba muy lentamente, sin embargo, nosotros no teníamos apuro así que mantuvimos la distancia relajados. Al llegar a lo que parecía ser la entrada la camioneta se hizo un poco a un lado y se detuvo pero sin intentar entrar. Nosotros seguimos rodando un poco pero de pronto la camioneta comenzó de nuevo a meterse a la vía. “Está perdida” dijo mi esposa. Y si. Eso era. La persona que manejaba la camioneta estaba perdida y eso para ella era suficiente excusa para atravesarse, retrasar todo el tránsito por esa vía y además casi producir un accidente al dudar si entrar o salir de la rampa.

Finalmente logramos rebasar la camioneta mientras volvía a hacerse a un lado dejando un canal muy estrecho para que pasaran los demás carros los cuales comenzaron a cornetearla insistente y ruidosamente.

Hoy caminando por una acera la muchacha que iba delante de mí comenzó a frenarse poniéndose la mano en la cara con la señal internacional del peatón extraviado. Justo un poco más allá estaba apoyado contra una baranda un hombre con aspecto de indigente. Mi sentido común me indica cuando camino en la calle que ante ese tipo de personajes es mejor poner distancia rápido así que la frenada que venía haciendo esta persona delante de mí constituía un obstáculo. Esta muchacha se fue frenando, intenté enfilar para pasarla por su lado izquierdo y ella se ladeó a la izquierda (siempre de espaldas a mí) y cuando intenté pasar por el otro lado ella también se ladeó hacia ese lado. Total que finalmente la rebase rozándola e incluso creo que tropezándola un poco sin querer.

Lo insólito era que la acera tenía suficiente espacio para que la muchacha se detuviera hacia su lado izquierdo para no interrumpir el flujo peatonal y además que ella decidiera dudar hacia dónde tenía que ir JUSTO EN FRENTE DEL INDIGENTE fue algo sencillamente asombroso.

El VPI perdido o extraviado aplica la segunda premisa del VPI: se olvida de que los demás existen. Es una variante del VPI lento “a propósito”. Se atraviesan sin importar a quien interrumpen porque es más importante el hecho de estar perdidos y necesitar ubicarse. Se olvidan entonces de que aún cuando estés desorientado ello no te exime de cumplir las leyes de tránsito o de tener sentido común para no tropezar o no exponerse a peligros innecesarios.

El VPI vive en su mundo y en él justifica todo lo que hace por eso cuando se encuentra que hay gente en los carros de atrás u otros peatones caminando por la misma acera ponen caras de sorprendidos cuando les tocan corneta o les piden permiso. El asombro del VPI perdido cuando descubre que hay más gente en el mundo  es en verdad un fenómeno digno de contemplar… pero de lejitos.

 

Ilustración de csm01