VPI por doquier

Usted sale de su casa e identifica fácilmente a los VPI. Son los que se comen la flecha o la luz roja del semáforo con actitud de prepotencia. Son los que le lanzan el carro al peatón para que se apure y también los peatones que cruzan fuera del rayado hasta con niños tomados de la mano, son los que abren huecos en las rejas de las islas para cruzar peligrosamente y ahorrarse 20 metros de caminata para llegar hasta la esquina en donde hay semáforo y rayado peatonal. Son los fumadores que caminan dejando su estela contaminante para quien sea que venga atrás o aquellos que junto a una acera concurrida también expelen humos indolentes.

Son los que circulan por el hombrillo para adelantar a los que consideran pendejos o los que toman el canal de venida con el mismo fin cuando hay embotellamientos. Son los que se estacionan en lugares indebidos obstaculizando el paso de peatones o de otros carros. Son los motorizados que circulan por las aceras o a contra flecha. Los que viajan sin casco, los que montan dos y hasta tres personas en sus motos incluyendo niños y niñas, los que zigzaguean entre filas de carros y pretenden que nadie se les atraviese y golpean e insultan a quien lo hace.

Son los que botan basura a la calle a través de la ventana de su carro o de su casa, los que no limpian las heces de sus perros, los que no se preocupan de cerrar las puertas de seguridad de sus edificios, los que dañan paredes y lámparas, rayan los ascensores, dejan los chorros abiertos en los baños, no bajan el agua de las pocetas, orinan en cualquier rincón de la ciudad, dejan las luces prendidas sin necesidad o el calentador o el cargador del celular, ponen su música a todo volumen a cualquier hora y en cualquier lugar, se burlan de los honestos, de los trabajadores, de los serios, insultan y desprecian a los que piensan distinto. Incluso llegan a agredirlos sin motivo. Son los que atropellan en los vagones del Metro y sus escaleras, los que no dan paso, los que no ceden su asiento, los atravesados por gusto, los inconscientes, los que siempre le echan la culpa a los demás.

Son los que se creen con la verdad única, la suya, los que olvidan que hay otra gente en el mundo, en su país, en su ciudad, en su calle, en su urbanización. Son los que consideran que su tiempo y su apuro está por encima del tiempo y del apuro de los demás. Son los relativos, los que critican las faltas de los demás pero no las suyas propias o los que aprueban al infractor si es de un lado político pero no si es del otro. Son los micro-cósmicos, aquellos que se quejan por todo y asumen sus problemas como únicos en el mundo e imponen por ello a la fuerza su agenda de quejas a quien no le interesa…y un lamentablemente largo etcétera…

Si usted sale a la casa y no los reconoce tan fácilmente ¡cuidado!, es probable que el VPI entonces sea usted.

¿Y el civismo?

En todos los eventos electorales que se hacen en Venezuela todo siempre se destaca el civismo con el cual la gente acude a las urnas y el civismo demostrado por los encargados de las elecciones. Al final del día los de un lado y los del otro aplauden el cumplimiento de una jornada cívica histórica, incomparable y todo lo que corresponda al discurso felicitador.

¿Qué es el civismo?

Así lo define la Wikipedia: El civismo (del latín civis, ciudadano y ciudad) se refiere a las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad. Se basa en el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; buena educación, urbanidad y cortesía.

Se puede entender como la capacidad de saber vivir en sociedad respetando y teniendo consideración al resto de individuos que componen la sociedad siguiendo unas normas conductuales y de educación que varían según la cultura del colectivo en cuestión.

Y la RAE: Comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública.

¿Por qué hablan tanto de civismo en las elecciones?, bueno, porque es uno de los deberes y derechos de los ciudadanos que viven en democracia y el hecho de tener mucha gente cumpliéndolo es, indudablemente, algo muy bonito de destacar. Es algo que deja muy en alto la imagen del país, bla, bla, bla.

Lo curioso es que al día siguiente de las elecciones, es más, el mismo día electoral, súmmum del civismo según los voceros políticos y anclas de TV, resulta que esa misma gente, con su dedo manchado y su voto ejercido se sigue comiendo las flechas, sigue irrespetando el semáforo en rojo y lanzándole el vehículo a los peatones. Los motorizados que hace minutos lograron el mayor civismo al sufragar, siguen zigzagueando entre los carros, agrediendo, abusando. Los ciudadanos VPI, que también votan, por supuesto, continúan botando basura en las calles, fumando al caminar, cruzando las calles por lugares indebidos con o sin niños, coleándose en las filas del banco, burlándose de los honestos, despreciando a quien piensa distinto, haciendo fiestas ruidosas hasta tarde…

…¿y el civismo?

Sólo para la propaganda.

VPI en acción: El Llanito

A diario los vecinos de El Llanito (Municipio Sucre) son testigos de centenares de violaciones a las leyes de tránsito. En este caso específico se trata de lo que ocurre en la Av. Guaicaipuro entre las calles Sorocaima y Tiuna.

Para empezar si usted viene desde el Hospital Domingo Luciani y toma la Av. Guaicaipuro pues la Sorocaima es la calle QUE SUBE desde la Av. Tamanaco, sin embargo, cientos de motorizados incluyendo policías y fiscales de tránsito se comen esa flecha produciendo montones de situaciones peligrosas en ese punto.

Subiendo desde esa calle hasta la Tiuna la avenida tiene un solo sentido y justo en el cruce tiene recién pintadas en el asfalto unas enormes flechas las cuales señalan, sin asomo de duda, que hasta ese punto la avenida NO ES DOBLE VÍA, sin embargo, montones de conductores hacen caso omiso de dichas señales y se comen a toda velocidad, tocando corneta, prendiendo luces, tirándole el carro a peatones y agrediendo si es necesario, dicha flecha. Esto incluye patrullas de Polisucre, la policía de este municipio, las cuales bajan con todo desparpajo por allí echando chistes y riendo, es decir, sin que estén atendiendo ningún tipo de emergencia.

En la foto tomada desde una esquina se observan 5 vehículos comiéndose esa famosa flecha incluyendo hasta un camión. Carros conducidos por gente de todo nivel, de todo sexo, de toda filiación política… es decir, gente que simplemente se come la flecha PORQUE LES DÁ LA GANA de hacerlo y saben que no hay voluntad ni de ellos para cumplir la ley ni de las autoridades para hacerla cumplir y servir además de ejemplo. Puros VPI pues, de todos los colores.

¿No lo crees? Visita el sitio con una cámara de video cualquier día de la semana. En menos de 10 minutos filmando tendrás un documental completo sobre la patología conductual de nuestros VPI al manejar.

Médicos VPI: la espera

Pediatría

En la Clínica Ávila en Caracas la doctora Mónica Castellanos, pediatra y nutricionista, tenía su horario de citas médicas a partir de las 8 am. Los papás, mamás, abuelos o abuelas llegábamos con nuestros bebés,  niños, niñas, inquietos, gritones, bien tempranito para anotarnos en el orden de llegada establecido.

Los días en los que llegaba más temprano la doctora aparecía a las 10:30 am. Su record, mientras seguimos llevando a nuestro hijo con ella, fue llegar a las 12 y media. Eso para atender a los 15 o 20 minutos de haber llegado apenas al primer paciente de la larga lista de madrugadores. La espera que esta doctora obligaba (y obliga) a pasar a sus pacientes niños, niñas y bebés era (y es) de entre dos horas y media hasta cinco horas.

Ortopedia

Esta semana, el martes 31/01/12,  llevamos a nuestro hijo de 3 años a verse por primera vez con el doctor Jesús Sevillano, ortopedista y traumatólogo de la Policlínica Metropolitana en Caracas. Piso 4. Consultorio 4R.

Según nos informó su secretaria cuando hicimos la cita, el doctor comenzaba a atender a las 9 am y era por orden de llegada. Por una tranca muy fuerte delante de la policlínica no pudimos llegar al consultorio sino a las 8:15 am. En la puerta cerrada había una lista en donde nos anotamos en el cuarto lugar. En el pasillo una anciana era la segunda de la lista. Había llegado antes de las 8 montada en su silla de ruedas.

Bajamos a desayunar y cuando subimos, a las 9:05 am, la secretaria, mientras masticaba una arepa de queso paisa, nos avisó que el doctor “estaba en quirófano y que iba a llegar más tarde pues la operación estaba programada desde el día anterior”. No le cruzó por la mente a la secretaria avisar desde el día anterior sobre dicho retraso. No se le ocurrió al doctor Sevillano cancelar sus citas con antelación sabiendo que se iba a ocupar operando o instruir a su secretaria para que avisara. No. Ellos prefirieron dejar que la gente se fajara a llegar temprano y luego esperara lo que tuviera que esperar.

A las 10 am el doctor llamó y dijo que iba a llegar “como a las 11 am”. Entonces nos fuimos a buscar a otro médico allí mismo e hicimos una nueva cita para ver que tal nos va.

A las 12:20 pm (4 horas y 5 minutos más tarde) fue cuando nos llamó la secretaria para avisarnos que era nuestro turno, es decir, para verse con este doctor y su secretaria es muy probable que usted tenga que esperar entre tres y seis horas cuando él tenga operaciones “programadas”(¡imagínese cuando sean de emergencia!) no importa si usted tiene 80 años o 3 añitos. Eso, a ellos, no les importa, ni a Jesús ni a Mónica ni al montón de doctores que son y actúan como Jesús o como Mónica. Ellos, médicos VPI, asumen que el tiempo de sus pacientes es despreciable. La necesidad que tienen los pacientes de que sus dolencias sean atendidas es lo que convence a estos galenos de que quien los quiera ver tiene que esperar todo el tiempo que a ellos les dé la gana.

Decisión

Un amigo de mi esposa dijo un día una gran verdad que todos deberíamos asumir ante los doctores y las doctoras VPI: “los médicos no son ni más ni menos que yo y su tiempo no es superior ni inferior al mío. Médico que me haga esperar más de dos horas sin justificación válida me pierde como paciente y busco otro hasta que encuentre uno que me atienda con tiempos de espera decentes”.

Si todos tomamos esa misma decisión tengan la seguridad de que la doctora Castellanos se lo pensará mejor antes de ir al gimnasio por las mañanas mientras los pacientes madrugan para anotarse en su lista y el doctor Sevillano se preocupará por cancelar sus citas cada vez que programe sus mucho más rentables operaciones. Nada justifica que tengamos que esperar tres, cuatro, cinco o seis horas para que un doctor nos vea en una clínica.