VPI y las opiniones

Discutir con un VPI es sumamente complicado. Debido a su premisa de tener que demostrar ser el más arrecho en todo momento hacerlo es prácticamente un caso perdido.

En este blog he reseñado varios casos en los cuales discutir con VPI significó recibir peores respuestas que la afrenta inicial e incluso agresiones hasta físicas.

En la oficina donde trabajo, justo detrás de mi puesto, hay una puerta de vidrio que da al archivo general, la cual mantengo cerrada debido a que eso me permite saber si hay gente o no en el archivo por un asunto de privacidad. Es una puerta de esas con brazo mecánico, lo cual hace que dejándola caer un poco pues se cierre sola lentamente. Casi a diario dos de las mujeres VPI que trabajan conmigo dejan la puerta abierta, eso pese a que siempre, es decir SIEMPRE, la consiguen cerrada. ¿Por qué?, pues porque todas las veces que ellas dejan la puerta abierta yo me paro de mi asiento y la cierro.

Mi otra compañera de trabajo una vez me preguntó “Oye, ¿Tú te vas a parar todas las veces a cerrar la puerta? ¿Por qué no les dices algo?” A lo cual no pude evitar responder con una premisa de oro para las discusiones con VPI: “Es que ni por las buenas, ni por las malas, ellas van a entender mis razones y mi derecho a mantener la puerta cerrada”. Eso sin entrar en detalles sobre educación y buenas costumbres de dejar las cosas cómo se encuentran. Estas VPI todas las veces, quiero decir SIEMPRE que entran a la cocina dejan la luz prendida o el microondas enchufado sin que nadie los esté usando, desperdiciando alegremente electricidad. Para los y las VPI los temas ecológicos y el ahorro energético no tienen ningún sentido, por el contrario, son objeto de burla.

Igual en estos días una señora que estaba de primera en la cola de los taxis dejó meterse a una “prima” que había llegado mucho rato después. El señor que controla la cola le preguntó y la señora respondió (desafiante como buena VPI): “es que esta es mi prima, que yo la estaba esperando. Las cosas son como son, yo la estaba esperando a ella…”. Esto lo dijo en voz alta buscando pelea (otro síntoma de patología VPIesca) y lo repitió varias veces más por si no había quedado claro.

Mis opciones (yo estaba de segundo) eran simples, o le decía: “Señora, no hay problema en que su prima se colee pero por favor asuma que lo hizo y no nos quiera ver la cara de pendejos a los demás diciendo que es que la estaba esperando…”, o me quedaba callado subiéndole el volumen a mi Ipod… Obviamente opté por lo segundo y un joropo veloz tocado por Saúl Vera a todo volumen acalló para mis oídos la necia diatriba de la señora VPI.

En todos los ámbitos la discusión con los VPI es desgastante e inútil: ellos no cambian. Cuando mucho uno si quiere lograr algo con ellos, debe negociar en sus términos y rebajarse a su óptica del mundo, y esa condición se traduce a todos los aspectos en donde haya diferencia de opiniones. Si un magallanero y un caraquista se enquistan en una discusión violenta sin sentido no es porque uno el otro sea mejor o peor: es que ambos se igualan en su terquedad de querer ser los más arrechos. Si un antichavista clama por libertades pero deplora la libertad del otro de pensar distinto a él y viceversa, no es porque uno sea un ser superior o el otro una piltrafa humana: es que ambos asumen como VPI la diversidad de pensamiento y por lo tanto atacan todo lo que ponga en tela de juicio su condición de ser Los Más Arrechos del Planeta.

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VPI y la luz de cruce

Si usted está por incorporarse a una vía que tiene antes una salida tenga la seguridad que ningún carro pondrá su luz de cruce para avisarle a usted que puede meterse porque ese carro va a salirse antes. Ninguno. Le tocará a usted insultarlo mentalmente y esperar que no vengan más carros o que el que venga esté a una distancia suficiente para que, como buen VPI, cuando usted se pueda meter  le griten, le hagan cambios de luces, le caigan a cornetazos… pero al menos no le choquen.

En Venezuela se podrían vender los carros sin luz de cruce y prácticamente nadie se daría cuenta. Al menos ningún VPI repararía en ello. Para los VPI su vehículo debe tener, sino todas, la mayoría de estas condiciones:

– Un motor que ruja a 320 Db cada vez que acelere.

– Un equipo de sonido interno que se oiga a 3 cuadras a la redonda cuando suene apenas a media mecha

– Una corneta (claxon) lo más escandalosa posible la cual al activarse aquí se pueda oír en Puerto Rico

– Unas luces altas que puedan derretirle las calcomanías al carro que va delante y broncearle la nuca a su conductor

El tener o no tener luz de cruce para los VPI es irrelevante. De hecho, los VPI desconocen cuál es la función de la luz de cruce (así como ignoran para que sirve un rayado peatonal, la luz amarilla del semáforo, cual es la función del hombrillo o qué son esas flechas que hay pintadas en el asfalto), es por ello que cuando uno ve los carros cambiando de canal en calles y autopistas, de cada 10 si acaso uno pondrá su luz para avisar. Más raros aún son los casos en los que además de poner la luz sacan la mano.

Por el contrario los carros de los VPI se cambian de repente de canal sin previo aviso con apenas una ojeada al espejo y si usted, que viene detrás, entonces se ve obligado a pegar un frenazo y se le ocurre tocarle corneta, hacerle algún gesto o hacerle cambio de luz pues aténgase a las consecuencias de ser insultado, agredido o burlado ahí mismo.

¿Usas tu luz de cruce regularmente, como hábito, aunque no venga carro cerca? Si la respuesta es no anótate un punto como potencial VPI pues esta condición comienza con las cosas que parecen más pequeñas e insignificantes.

Foto de Pepeven