En las escaleras fijas: los VPI del medio

Lo que he llamado el “apuro estúpido” del VPI es proverbial y en esta página he descrito varios ejemplos de ello siendo los “hombrilleros” (aquellos conductores que utilizan el canal de servicio u “hombrillo” en las autopistas para circular a toda velocidad como si fuera un canal normal) el ejemplo más típico y común, sin embargo, en el caso de los peatones, además de los que cruzan arriesgándose como locos con luz roja o fuera del rayado, existen unos transeúntes que son los exactos equivalentes de los hombrilleros de cuatro ruedas. Se trata de los “ VPI del medio” de las escaleras.

Si usted viaja en el Metro de Caracas podrá ver los VPI del medio en cualquiera de las escaleras fijas del sistema, particularmente si es la hora de mayor tránsito aunque la verdad yo los veo a cualquier hora.

¿Pero dónde? Muy sencillo.

Usted se baja de su vagón y camina hacia la escalera para subir. Al pie de la misma verá que se comienza a aglomerar la gente que quiere subir primero entremezclándose con quienes vienen bajando por su lado derecho. En el forcejeo se producen entonces tres corrientes de caminantes (desde su punto de vista): los que suben por la derecha (identificados con el N° 1 en la foto), los que bajan por la izquierda (N° 2) y los que suben “a lo arrecho” por todo el centro de la escalera sin tener pasamano del cual agarrarse, tropezando con los que suben y con los que bajan a riesgo de echarse una buena matada y produciendo aún más interferencia en la fluidez de la escalera (N° 3). Esos son los VPI del medio.

Cuando hace esto el VPI del medio tiene en su mente dos premisas, en primer lugar su apuro estúpido que hace que “su tiempo” sea más importante que el de nadie más. En segundo lugar el VPI, como se considera el más arrecho o la más arrecha, considera que los que suben ordenadamente, uno detrás del otro, agarrándose del pasamano disponible, son unos pendejos lentos que obstaculizan toda la maniobra. Y sucede que al llegar arriba y salir de la escalera los que suben por la derecha caminan tanto o más rápido que los que subieron por el medio pero estos del medio NUNCA SE DAN CUENTA. Sienten que los empellones que propinan y reciben por subir estúpidamente azorados por el centro de la escalera los hace ganar tiempo cuando la realidad es que terminan adelantando a lo sumo una o dos personas y ganando cuando mucho algunos segundos.

Hay unos VPI peores, los que BAJAN por el medio. Estos califican de suicidas potenciales o masoquistas, pero el resto de sus ideas son exactamente iguales a las de los VPI subidores descritos anteriormente.

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Con mi moto no te metas

Hagamos un ejercicio hipotético, supongamos que de pronto a todos nos quitaran los carros y nos dieran motocicletas. Seguramente a partir de ese momento todos comenzaríamos a comportarnos al manejar exactamente igual que los motorizados actuales. ¿No lo crees?

Analicemos.

¿Cuales son los vehículos que quedan la mayoría de las veces encima de los rayados peatonales? Respuesta: carros y motos

¿Quiénes quedan mal parados en los cruces al cambiar el semáforo por meterse aún sabiendo que van a quedar atravesados?  R: los carros (las motos se cuelan todas)

¿Quiénes son los que cornetean al carro de adelante para que se coma la luz o le pase por encima a algún peatón inconsciente que viene cruzando mal o a última hora? R: los carros (las motos ya se han ido comiéndose la luz y casi atropellando al peatón)

¿Cuáles vehículos son los que aceleran para no permitir que los otros no cambien de canal? R: los carros (las motos no varían su velocidad al circular)

¿Cuáles son los vehículos que son arrojados (tirados) por sus conductores hacia los peatones para que estos se apuren aún cuando vengan cruzando con su luz en un cruce compartido? R: carros y motos por igual (la ventaja es que la moto esquiva con mayor facilidad. Con el carro hay que pegar el brinco si uno va caminando)

¿En los municipios con aceras muy bajas o casi inexistentes cuáles son los vehículos que las ocupan estacionándose indebidamente? R: carros y motos.

¿Vehículos que se comen los flechados en cualquier vía de la ciudad? R: carros y motos.

¿Vehículos que chocan, se colean, se vuelcan, etcétera a diario en la ciudad? R: carros, camiones, autobuses y motos.

Etcétera, etcétera.

¿Y todavía no lo crees?

Las brujas

En mi oficina trabajan tres brujas que son excelentes ejemplares vivientes de esos y esas VPI que abundan en los lugares de trabajo. También hay un patán pero de él ya hablé antes por aquí mismo.

Las tres brujas tienen cada una sus características individuales pero al mismo tiempo comparten muchas premisas típicas de este tipo de personaje: hacen mal su trabajo o con desgano, se sienten menospreciadas (pese a hacer mal su trabajo), procuran trabajar lo menos posible y sacarse de encima la mayor cantidad de tareas que puedan, hablan mal de la empresa, de sus jefes y de sus compañeros aún cuando por la octava parte de lo que les han permitido hacer aquí las hubiesen botado y hasta puesto presas en otras empresas.

La bruja mayor alias “la sabia”: esta es la típica resentida empresarial. Saca a relucir sus sopotocientos años en el puesto y un supuesto título universitario tanto para pisotear a las empleadas nuevas como para justificar su rabia por no ser “reconocida” por la empresa. Maltrata a todo aquel que dependa de ella en el trabajo y se jacta de profundos conocimientos en todas las áreas (otra excusa para humillar frecuentemente a las lentas o las brutas, según su criterio). Adicionalmente es la más arrecha en todos sus cuentos y maltrata públicamente a su hijo y a su segundo esposo, pero es que incluso le contesta mal al dueño de la empresa. Se dice que no la botan porque le sabe “muchos secretos a los jefes” y porque le pagan mucho menos de lo que tendrían que pagarle a una recién graduada, más profesional y respetuosa.

La bruja chistosa alias “mala mamá”: esta es la típica viva criolla. Pedigüeña, chismosa, cizañera. Sufre de una verborragia incontrolable la cual excusa con aquello de que si no habla “le da mal aliento”. Hace su trabajo a paso de morrocoy y mal pues pasa la mayor parte del tiempo hablando por teléfono con sus comadres o sino en constante cháchara con las otras brujas haciendo chistes de doble sentido y riéndose estruendosamente. La burla es una de sus caras y la otra es la “pobrecita yo”. Deja de comprarle medicinas a su hijo y le rinde las compotas con agua pero eso sí, tiene celular nuevo cada año y acaba de adquirir un nuevo carro. Nunca sabe nada de lo que se pregunta y por ello logra endilgarle a los demás su trabajo entre chiste y chiste. Se comenta que tampoco la botan porque no es tan mala sangre como la bruja mayor y porque, igualmente, le pagan poco. Ahora tuvo una segunda hija lo cual implica que se hará todavía más “víctima” y rendirá al doble las compotas.

La bruja miss alias “la toche”: es la niña consentida de casa quien luego de ser ensalzada como la reina de un hogar viene a querer ser tratada igualmente en la oficina. Le dicen la miss por su forma de caminar, apretando las nalgas y levantando la barbilla mirando hacia abajo al resto de los mortales (aunque se enloda feliz con las bajezas de las otras brujas). Lleva un record casi perfecto de metidas de pata en la oficina y su curva de aprendizaje es más bien una recta plana. Reacciona con inmadura, más bien digamos que infantil violencia ante reclamos, correcciones o asignaciones de nuevos trabajos. Se nota a leguas que no quiere estar en la oficina sino meterse a comerciante pero sigue viniendo a su puesto, llegando y yéndose a cualquier hora. De las 52 semanas del año solo 10 asiste todos los días, el resto falta uno o dos días, por supuesto que preferiblemente lunes o viernes, tampoco es tan toche. Tiene unas 20 conversaciones telefónicas al día de las cuales la mitad son peleas. La razón por la cual no la botan continúa siendo un misterio y ha dado pie a montones de especulaciones de las cuales no haré eco aquí.

Obvio, son brujas. Nadie las puede tocar.

¿Si, dígame?

Llego al mostrador de la arepera con mi ticket ya previamente adquirido. El que despacha revisa sus mensajitos en el celular y le mama gallo a su compañero que es magallanero. En eso me mira y me dice “¿Si, dígame?” y entonces le respondo “Me da por favor una empanada de queso y un jugo de piña para llevar…”. Mientras le digo mi pedido el despachador se voltea para botar un papel y revisa de reojo en la pantalla si ya la novia le respondió mientras le lanza un golpe en chanza al magallanero. Entonces me vuelve a mirar y repite “¿Si, dígame?”

Hay una variante: “¿Me dijo una empanada de…?”

Mi respuesta, generalmente, es repetir fuerte y claro (bastante fuerte y bastante claro) el pedido.

Eso se vive cotidianamente en los muchos sitios donde atienden los VPI, te hacen creer que te están poniendo atención a lo que dices y luego te obligan a repetirlo, a veces no solo una sino dos y hasta tres veces.

En otra anécdota, luego de repetir claramente mi pedido de solomo y una limonada frappe en un restaurant de un hotel, me trajeron fue un pescado al horno y la bebida nunca la vi. Terminé bajando los bocados con cerveza.  Servicio VPI de primera.

En el servicio y la atención al público es donde más se destacan los VPI que nos rodean. Hay librerías repletas de antipáticos y antipáticas quienes además de maltratarte ponen una cara de que les estás hablando en chino si le pides un libro “raro”, es decir, uno libro que no sea de los que están en el mostrador y él o ella puedan ver desde su silla de la cual rara vez se mueven.

Si es una tienda de discos es peor. Puede ser que encuentres a algún dependiente conocedor de lo que hay en la tienda pero, generalmente, si les pides algo más allá del grupo de moda que tiene 200 CD de promoción en la vitrina muy poco te pueden ayudar y más bien te hacen entender que les molesta tus preguntas.

Los VPI practican la desatención y el maltrato en forma profesional detrás de cualquier mostrador, sea de un hotel de lujo o de una venta de lotería, y si usted pertenece a la tercera edad pues el maltrato es aún mayor pues hay que recordar que la paciencia de un VPI es proporcional a su sentido común: tiende a cero.