Los “malubicados”

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Camión obstaculizando la acera. Miércoles 25/11/2015. Av. Beethoven. Colinas de Bello Monte. 5:30 pm

Al utilizar las escaleras mecánicas, sujétese firmemente al pasamanos derecho y deje libre el lado izquierdo para permitir el paso de otros usuarios” reza la norma N° 21 del Metro de Caracas, la cual aparece publicada en todas las estaciones en forma gráfica y escrita, pero si te montas en cualquier escalera de cualquier estación, te conseguirás con un montón de personas que no le hacen el más mínimo caso. Desde liceístas hasta gente de la tercera edad, hombres y mujeres, gente humilde y gente con recursos, estudiados o poco cultos, todo tipo de persona te puedes encontrar en el lado izquierdo de esas escaleras bloqueando todo intento de adelantarlos. A eso se agrega que si les pides permiso para pasar, en la mayoría de los casos se molestan y, o te dicen alguna pesadez o te miran con enojo antes de quitarse a regañadientes.

Ellos son los que minutos antes se apresuraron a entrar al vagón, sin esperar que los de adentro salieran, y luego se molestaron mucho porque había gente atravesada cuando a ellos les tocó el turno de salir.

¿Quiénes son estas personas? Ya tú sabes la respuesta.

Esa misma gente, con un apuro inexplicable, una especie de prurito que les impide detenerse algunos segundos, es la que espera por la luz verde del semáforo peatonal en la calle, en lugar de la acera, con los carros y motocicletas pasando casi pisándole los pies.

Son ellos quienes suelen protagonizar la paradoja de andar apurados casi constantemente, pero ser los primeros en atravesársele a los demás, cuando se ponen a hablar con otra persona, a atender su teléfono o a mirar una vidriera, retrasando el libre flujo de los transeúntes.

Son los que, manejando sus carros o motos, se estacionan encima de las aceras, se detienen sobre el rayado peatonal, trancan otros carros en los estacionamientos, ocupan puestos que no les tocan…y se molestan, casi a nivel de querer agredir físicamente, cuando les reclaman por eso.

Estos VPI no son unos desubicados. No. Estos son los VPI malubicados.

Ellos y ellas son muy conscientes de cuál es el espacio que deben ocupar pero no les da la gana de ocuparlo, ¿Por qué?, pues porque tienen que demostrar constantemente, que son los más arrechos y que las demás personas, en realidad, no les importan.

Su espacio y su tiempo, están por encima del espacio y el tiempo de los demás.

Y así funciona todo su razonamiento.

@AmargadoCCS

Amargadoccs

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El botón de “apúrate”

Botón de apúrate

Últimamente estoy utilizando mucho el Metro de Caracas, escenario estelar para observar la conducta patológica de los VPI. Allí encontramos la cultura del empellón, la imposibilidad de cambiar de rol, el apuro estúpido, la escasez de solidaridad, la falta de conciencia colectiva, etcétera, propios de la cultura VPI. Hoy voy a comentar sobre el uso que le dan estos personajes al botón de emergencias que hay en los vagones.

Todos sabemos que si se presenta alguna emergencia médica dentro de un vagón del Metro, existen unos botones a los lados de las puertas, que sirven para avisar instantáneamente al conductor del vagón, para que en la siguiente estación se atienda la situación de inmediato, sin embargo, los VPI han encontrado otros usos para esos botones:

  • Si entra al vagón pero quien venía con él o ella se queda atrás, toca el botón para ver si se vuelven a abrir las puertas para que su compañero o compañera entre.
  • Si el vagón se demora unos segundos más de lo usual detenido en una estación, toca el botón para que el Metro SE APURE, es decir, para protestar. Es equivalente al cornetazo que se da en las colas, a varios carros de distancia del semáforo, para apurar a los demás carros.
  • Si viene entrando al vagón, hay mucha gente y le está costando acomodarse, toca el botón para ganar un poco más de tiempo para apretujarse. Lo que pueda demorar esto a todo el mundo, poco le importa.

La creatividad del VPI para encontrar la forma más inadecuada de utilizar herramientas públicas de comunicación, es proverbial.

Imagen de Daftphoenics

Cornetazo surround

Cornetazo Surround

En Venezuela se le dice “corneta” a lo que en otras partes llaman “claxon”. Ese dispositivo del carro, cuya función original es la de advertir o avisar, es decir, comunicarse con otros conductores para evitar choques, ha sido llevado en Venezuela a su máxima expresión como instrumento de agresión sonora por parte de los VPI.

Para el VPI la corneta transmite tres mensajes fundamentales:

1) Muévanse / muévete.

2) Quítate / frena, que voy pasando.

3) Cuidado te equivocas.

También lo usan para avisar algún peligro, pero eso es siempre en menor porcentaje. El VPI tiende a preferir la agresión.

Adicionalmente, el VPI disfruta ahora de cornetas más estruendosas que nunca en sus vehículos. Cualquier cornetazo proferido por una buseta o alguna camioneta, por estas calles, te puede producir taquicardia instantánea y sordera temporal. Hasta las motocicletas ahora tienen cornetas de camión 350.

De esto ya hemos comentado en otras ocasiones en este blog, pero esta vez quisiera analizar el pensamiento del VPI cuando toca como demente la corneta de su vehículo.

En la situación en la cual el VPI usa con más frecuencia el cornetazo, es cuando está en algún embotellamiento. En una cola pues. Allí lo usa creyendo que a punta de decibeles logrará hacer cambiar más rápido el semáforo o empujar a todos los carros para que se quiten del medio.

En esos momentos el VPI piensa “linealmente”, como es su costumbre, es decir, si vemos el dibujo, el VPI en el carro A cree que su cornetazo horripilante sólo va en una dirección: la de la flecha azul. Además considera que el idiota del carro B (para el VPI todo el que “se le atraviesa” es un idiota), es el único que recibe el golpe sonoro y TIENE que entender que TIENE que moverse, además eso debe ocurrir en milésimas de segundo.

Lo que no pasa por la mente del VPI es que el ruido que produce, afecta, impacta, ofende o enferma a toda persona, conductor o animal que esté a 360 grados a su alrededor, es decir, el cornetazo recorre todas las direcciones, las flechas blancas y negras, y perfora el tímpano incluso de los “no idiotas” que no tienen nada que ver son su apuro estúpido por querer que el o los vehículos delante de su carro, se muevan DE INMEDIATO.

La estupidez del VPI se riega así con efecto “surround” en estas calles tan enfermas de ruido por las que transitamos.

¡Infórmame ya!

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Una de las características más resaltantes de la personalidad del VPI, es su impaciencia, su angustiosa necesidad de inmediatez. En pocas palabras: su apuro estúpido.

Este se manifiesta de diversas formas, tanto en los peatones que cruzan la calles por cualquier parte, sin esperar su luz en el semáforo, con o sin niños, como en los conductores que no frenan por nada del mundo, ni respetan flechados, rayados peatonales o lo que sea que represente una demora de apenas algunos segundos en su trayecto.

Una modalidad moderna del apuro estúpido, producto del exceso informativo al cual estamos expuestos quienes usamos asiduamente Internet, Smartphones y herramientas digitales, es la de pretender que a los pocos minutos de producirse un hecho noticioso, ya todo medio formal: periódico, TV o radio, esté informando, a juro y porque sí, sobre dicho hecho, con lujo de detalles, análisis y conclusiones.

Es el “Síndrome CNN” (en criollo lo podríamos llamar “Síndrome Globovision”, en honor a ese canal venezolano de TV que hasta hace poco practicaba la inmediatez informativa, particularmente con fines políticos), es decir, el modelo de información instantánea que muchos canales especializados en noticias, se dedican a vender e imponer.

Adiestrados por medios como esos y cada vez más acostumbrados a encontrar cualquier cosa en herramientas como Twitter o en grupos de difusión generados a través de aplicaciones como Whatsapp, los VPI ahora pretenden que su apuro estúpido por tener noticias al instante sobre cualquier cosa, sea saciado. De lo contrario critican agriamente al medio que se tome algún tiempo en comprobar si la información es confiable y cierta, antes de publicarla.

Prefieren pasar por el proceso de “fuentes no confirmadas”, “la situación es confusa”, “situación irregular en…”, “fulanito dijo esto pero menganito dijo esto otro”, “dijeron que eran 5 personas pero son 4, pero ahora son 3”, “no hay información oficial…”, etcétera, que puede durar varias horas, antes de esperar un tiempo prudente durante el cual los medios formales cotejan la noticia y la difunden, o la desmienten, con mucho mayor exactitud y detalles. La cosa es ¡infórmame ya!, si es bien o mal, eso no importa, pero que sea ¡ya!

El VPI llega al extremo de exigir que canales de TV o periódicos, a los cuales no les cree absolutamente nada por razones políticas, informen de inmediato sobre cualquier suceso que vaya en contra del lado político que adversan, porque esa información ¡si se la van a creer!

Imagen de Soxialmedia