Pide el VPI: dame seguridad pero a mi no me molestes

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En la torre de oficinas donde trabajo hay una regla elemental y muy simple de seguridad: todos los que trabajan en las oficinas deben llevar o mostrar su carnet de identificación de su empresa en la recepción del edificio para entrar. Quien no la tenga debe mostrar su cédula y explicar para cual piso y oficina va. 

Fácil ¿verdad?

Pero para nuestros VPI y su afán de querer ser más arrechos que nadie la regla, la exigencia, la norma mínima de seguridad, no les gusta y pelean cotidianamente con vigilantes y recepcionistas cuando le piden su carnet utilizando los siguientes argumentos:

1) El VPI inolvidable: “Yo paso todos los días por aquí, trabajo aquí ¿me vas a volver a pedir el carnet?” (aclaratoria: en la torra trabajan casi 500 personas)

2) El VPI desconfiado: “Tanto pedir y pedir el carnet igualito aquí roban las oficinas” (aclaratoria: cierto, hay robos ocasionales pero ¿eso justifica entonces no tomar ni siquiera las mínimas medidas?)

3) El VPI humillado: “Yo no soy perro ni policía para andar con una placa (o sea el carnet) guindando todo el tiempo” (aclaratoria: es el argumento más reciente y absurdo que he escuchado. Yo estaba al lado de esa persona con mi carnet al cuello y me provocó preguntarle: ¿entonces yo que soy, perro o policía?

El VPI no considera el hecho de que llevar el carnet colgado al cuello o prendido de un bolsillo o a la mano para mostrarlo es algo SUMAMENTE sencillo de hacer para evitar la llamada de atención o el perder el tiempo explicando o peleando. Pero, hay que tomar en cuenta que el VPI aprovecha cualquier oportunidad para demostrar “ser un arrecho” y seguramente gritarle a una recepcionista porque le exija su carnet utilizando para ello alguno de los tres argumentos mencionados arriba, es un excelente espacio para hacerlo.

Entretanto sobran las voces que piden seguridad en esta torre pero la mayoría de ellas se “arrechan” cuando como mínimo de prevención le piden que se identifiquen. ¿Alguien entiende eso?

Esa misma incongruencia, exactamente igual, se extrapola a otros ámbitos de nuestra insegura sociedad repleta de VPI desconfiados, inolvidables pero jamás humillados.

La Violencia:

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La violencia en sus múltiples expresiones se genera de una concatenación de elementos los cuales interactúan en nuestra sociedad hasta ofrecer su resultado final traducido en: altos niveles de inseguridad, desidia gubernamental, brutalidad policial, intolerancia y destructivas protestas de calle las cuales tienen un porcentaje de espontaneidad y otro porcentaje de inducción premeditada.

Por un lado están los VPI, con su patología conductual de querer ser y demostrar que son más arrechos que los demás olvidándose de la existencia de ellos, de los demás, a menos que les sea conveniente. Son producto de una educación débil y dispersa sin estructura programática en función de país, de colectivo y sin considerar la adecuación a un mercado de trabajo multinivel en donde predomina el culto a los grandes títulos y a las multinacionales desechando y menospreciando el trabajo manual, el trabajo directo, el trabajo creativo, las tareas de soporte, mantenimiento y servicio.

A eso se suman hogares, familias, con valores debilitados gracias a esa educación inconexa y al no reforzamiento de valores y conductas positivos. Por el contrario, de parte de los medios tradicionales (TV, Radio, Prensa) reciben un bombardeo constante de antivalores (novelas, programas cómicos, shows de burla…), de desensibilización ante la violencia (novelas, películas de acción…), de negación al diálogo, de apología a la solución de conflictos por la vía de las armas, el grito o la agresión física: por la vía de ser el más arrecho para lograr el aplauso y el reconocimiento por eso (El Hombre de La Etiqueta, El Vengador…) Reciben y asumen pasivamente también patrones de consumo exagerados, incitación a la adquisición compulsiva de símbolos de estatus (celular, carro, ropa, videojuegos, zapatos, sexo…) y por supuesto la incitación, abierta o no, al consumo de drogas siendo la principal y más dañina El Alcohol.

En una sociedad con sus problemas habituales de desempleo y vivienda en mayor o menor grado, con un Estado ambiguo en materia educacional, policial y penal y con gobiernos más dedicados a la promoción política o a la componenda económica (como es el caso de todos los que han pasado por nuestro país, por nuestra región), este caldo de cultivo con los VPI produce entonces brotes terribles de violencia, inseguridad, delincuencia, hogares destruidos, protestas vandálicas, represión, violencia contra la mujer, discriminación.

La violencia es un monstruo de mil cabezas con cien raíces profundas que hay que remover o curar una por una para aspirar una solución sostenible que produzca un nivel de paz elevado, respirable, vivible.

El VPI y la empatía (agua y aceite):

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El VPI al no reconocer la existencia de los demás (Premisa Nº 2) a menos que los necesite para reafirmar que es “el más arrecho”, suele carecer por supuesto de capacidad empática. No puede ponerse en el lugar de los demás y por ende se convierte en un ser con conductas sociopáticas.

Por ejemplo este ser arroja basura y ensucia sin importarle los demás quienes sufrirán de esa contaminación o quienes tendrán que limpiar más de lo necesario por culpa de este cochino VPI inconsciente (incapaz de ponerse en su lugar)

 También fuma en lugares indebidos y ahuma sin remordimientos a niños, ancianos o adultos no fumadores “olvidándose” del más que demostrado daño que esto produce en él y en los demás. Los peores son los que van caminando por las aceras y dejan la estela de humo para que la respire quien sea indiscriminadamente.

Este ser también es un burlista que aprovecha cualquier desliz de los demás para burlarse, denigrar o descalificar sin reconocer que él también comete errores y deslices como buen ser humano que es. En mi oficina está el ejemplo de una sociópata VPI quien se molesta notoriamente cuando “los que tienen llave” tocan la puerta para que les abra en lugar de abrir por su cuenta, la pregunta es ¿nunca se te han olvidado las llaves en alguna parte? Es una interrogación muy difícil de asumir para un VPI y de la misma manera ocurre con cualquier otra situación de vida.

Y así muchos ejemplos más (muchísimos), se podría decir que toda la conducta del VPI está signada justamente por la falta de empatía para la cual es como el agua y el aceite.

La inseguridad:

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El problema de la inseguridad es sistémico. No corresponde, en una sociedad, a unos sí y a otros no. Es un problema de todos (aunque esto suene a slogan de políticos). El detalle, y en eso abundo en cada uno de los artículos de esta bitácora, es que quienes alcanzan los puestos de poder en instituciones de gobierno dentro de este estado vienen de la misma cultura en la que estamos inmersos todos y en la que los VPI terminan por imponer sus premisas cuyos valores son: querer siempre demostrar ser los más arrechos, abusar del poder para ello, pensar sólo en si mismos, irse por el camino más fácil, olvidarse de que los demás existen, dejarse ganar fácilmente por el poder del dinero.

Esa es una de las ideas principales que plantea lo que a diario denuncia El Amargado: quitarse la idea estúpida de que quien política, deportiva o religiosamente tiene una preferencia diferente a uno es el culpable de todos los males y es TOTALMENTE distinto a uno sólo por eso. Olvídense. El origen, la cultura, las formas de pensamiento, los valores, las creencias, los principios son EXACTAMENTE los mismos en unos y en otros, así apoyen al Magallanes o al Caracas, a Chávez o a Rosales, a Dios o a Allah en estas tierras.

Y ese origen común también es compartido por los VPI quienes desde el VPI común y corriente, el vecino inconsciente, el motorizado irrespetuoso, el taxista abusador, el de la camioneta de lujo que no da paso y se mete por el hombrillo, el que tira basura, el que roba, el que hace trampas, el que practica la desidia diariamente, etcétera…hasta los que toman cargos de poder político, policial, eclesiástico, económico o mediático, conservan los mismos principios, valores y actitudes que cuando eran VPI comunes y corrientes.

Así el tema de la inseguridad se complica aún más si debe ser manejado por tanta gente mucha de la cual es VPI queriendo ser más arrecha que nadie sin pensar en los demás. Si nos ponemos a pensar en la o las soluciones para la inseguridad encontraremos dos cosas que le producen alergia al VPI: mucho, mucho trabajo y resultados consistentes apenas a mediado y largo plazo. También implica acuerdos, consensos, honestidad y sacrificios. Toda una lista de exigencias que en su mayoría están en la lista negra de “Cosas por hacer” del VPI, más si es un animal político como lo es por el hecho de ser humano.

La solución debe tener raíz profunda y categórica. Debe provenir de una transformación, no de palabra, sino de espíritu, de alma, de cultura, de percepción de nosotros sobre nosotros mismos, de CONCIENCIA de que mientras se pierde el tiempo insultando al que supuestamente es diferente o peleando con el fiscal que te pide los papeles o con la alcabala que hace un operativo en tu calle o denigrando o poniendo obstáculos a las pocas iniciativas que se puedan tener para combatir el problema o inventando excusas políticas de pacotilla para no actuar con consecuencia, la inseguridad seguirá allí riéndose de nosotros y esperándonos para emboscarnos.

¿VPI Cochinos o antisociales?

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A propósito del recién celebrado Día del Ambiente: ¿Qué motivará a un o a una VPI a botar basura en la calle con toda la tranquilidad del mundo?

La semana pasada cerca del semáforo de Los Dos Caminos en Caracas una señora terminó de comerse su desayuno en el puesto de copiloto de un carro y agarró la servilleta y la botó por la ventanilla en plena calle. Mi esposa desde nuestro carro le dijo “Señora, que bonita cómo bota basura en la calle. Por gente como usted es que estamos como estamos”. La señora primero insultó a mi esposa y luego se volteó dándonos la espalda. Así es como le dan la espalda a su responsabilidad los VPI de nuestro país y pagamos justos por pecadores con calles sucias (más sucias de lo que podría considerarse normal en una ciudad como esta y sin que entremos en el tema de la recolección de basura, drenajes, lateros, etcétera)

Luego cerca de mi trabajo una muchacha desenvolvió su chocolate y lanzó el envoltorio a la calle. Una joven pues. Cochina e inconsciente desde joven. Incapaz de esperar con su papelito a caminar unos metros hasta la siguiente papelera o en caso de no haber papelera (como pasa mucho) guardar su papelito hasta llegar a su oficina que está allí cerca. No. Más fácil es ensuciar como cerda la calle y luego, seguramente, quejarse de que esta ciudad es sucia y repelente.

Porque para el VPI las acciones son darle la espalda a la consecuencia de sus actos y luego quejarse de esa misma consecuencia culpando a cuartos o a terceros sin cambiar su actitud.

Hay que recordar que es una enfermedad, una patología conductual, lo de nuestros VPI y como tal requieren de diagnóstico, reconocimiento y terapia o tratamiento. Mientras tanto sólo puede calificarse de antisocial la conducta de una persona la cual, con consciencia, educación y conocimiento de que en la calle NO se debe botar basura, de todas maneras lo hace. ¿No es así?

Conos del distribuidor Altamira: símbolo de nuestra enfermedad VPI

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Quizá no se hayan dado cuenta pero la colocación y distribución de unos conos para evitar el abuso de los conductores en la Autopista Francisco Fajardo, a nivel del distribuidor Altamira en Caracas, es uno de los símbolos más resaltantes de la necesidad urgente de canalizar el ansia enfermiza de los VPI por ser más arrechos, violando leyes y normas (como por ejemplo meterse por el hombrillo o meterse a lo macho a un canal central antes de terminar el rayado de incorporación) a la hora de circular pero también a la hora de ser precavidos, respetar, tolerar y cumplir.

 Siempre digo aquí y lo repito que esa actitud patológica de los VPI en su conducta diaria en nuestras calles es reflejo de una profunda enfermedad cultural, psicológica, la cual tiene a nuestra sociedad postrada ante sus propios monstruos, creados y criados en su propio seno y todavía no completamente reconocidos como para iniciar un verdadero proceso de sanación social.

 Cuando los conos no estaban, ese distribuidor era un nudo insuperable gracias a que los VPI que venían incorporándose desde Altamira, en lugar de esperar a pasar el rayado que regula gráficamente a partir de donde pueden meterse a los canales centrales, lo hacían desde un principio incorporándose casi que perpendicularmente al corredor vial. Por otra parte los que venían por la propia autopista usaban el hombrillo para “adelantar a lo arrecho” a los demás vehículos utilizando luego el rayado como otro canal para luego meterse a tropezones, frenazos, insultos y hasta “toquecitos” un poco más adelante (el tiempo ahorrado en esa maniobra estúpida de forcejeo con carros debe rondar los 30 segundos si es que no chocas u otro conductor no te corta el paso). Por eso en ese punto se decía que el canal “lento” y el hombrillo terminaban siendo más rápidos que el canal “rápido”. ¡Claro!, gracias a la conducta estúpida de los VPI.

 Ahora los conos obligan a cumplir una incorporación lógica y aunque la cola no desaparece, el caudal de vehículos fluye con naturalidad y el tiempo de retención en ese lugar se reduce notoriamente. Todos esos resultados buenos se verían de igual manera y sin conos si los VPI no actuaran como lo hacen.

 Lo malo del tema es que el día que retiren esos conos el nudo volverá a formarse como si nada. Tanta falta que le hace a esta sociedad una verdadera terapia para aprender conducta urbana, solidaridad, respeto y tolerancia

VPI afectados por la prevención

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En el edificio de oficinas cerca de donde trabajo hay una empresa grande que tiene su plan de prevención contra incendios y temblores. Hoy hicieron un simulacro de evacuación el cual incluyó la salida del edificio por la escalera de emergencias, salir del complejo de edificios y luego cruzar la Av. Francisco de Miranda hasta una zona marcada como segura en las aceras de enfrente.

 Fui testigo de parte de ese procedimiento pero lo más interesante fue notar una vez más la reacción de los VPI, a saber:

 - La brigada de seguridad de la empresa junto con los bomberos, fiscales de tránsito y policía detenían el tránsito para que los grupos de personas pasaran. El cruce de cada grupo de personas no demoraba más de un minuto, sin embargo para los VPI y su apuro estúpido era demasiado tiempo y formaban un corneteo ruidoso protestando por “perderse un semáforo verde” aun viendo que se trataba de un simulacro cuyo fin es tratar de enseñar a la gente como comportarse en una emergencia para salvar la mayor cantidad posible de vidas y sin tomar en cuenta que era apenas un minuto, máximo minuto y medio más de espera en su cotidianidad. Para el VPI es más importante que su rutinaria demostración de incultura urbana no sea interrumpida por nadie y menos por unos pendejos a quienes les gustaría no morirse en el próximo temblor por no saber que hacer. Esa conducta quizá es parte del tercermundismo con el cual tristemente nos han etiquetado.

 - Una señora que trabaja de uno de los edificios se quejaba de que los ascensores (esos mismos que usa TODOS LOS DÍAS sin contratiempos), “colapsaban por este simulacro” y “también la calle y todo”, que ella estaba de acuerdo con que se hiciera eso pero había que “hacerlo bien” o “a una mejor hora” (eran las 9:30 am), claro que como buena VPI no explica como es “hacer mejor ese simulacro” o cual es esa “mejor hora” según ella. El VPI no da soluciones alternas, sólo se queja ruidosa o calladamente y da a entender que si “el lo hiciera lo hiciera mejor” pero sin tomar nunca la iniciativa ni hacer un reclamo válido a quien de verdad pueda hacer algo por corregir la situación.

 - Las VPI que trabajan en mi oficina se burlan una vez más de los simulacros y de la precaución de abandonar el edificio cuando tiembla o hay alerta de temblor. Se ríen de quien desaloja su puesto en un temblor sin: apagar la computadora, terminarse el cafecito, echar una llamadita de aviso a la mamá, tomarse un vaso de agua…Les alcanza el ingenio para inventar burlas y chistes sobre los que “huyen despavoridos” pero no les alcanza para imaginarse las posibles consecuencias de su imprudencia arrogante quedándose sentadas en sus puestos creyendo que “este no es más que otro temblorcito más, aquí siempre tiembla”…¿que pasará el día que no sea otro temblorcito más?

Autopistas: escalofriantes gracias a los VPI

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Este fin de semana largo viajé con mi esposa y mi hijo para Valencia y Puerto Cabello. En la ciudad y en la playa todo estuvo chévere aún con el gentío pero en los trayectos de ida y venida por las autopistas la experiencia con los VPI  (como siempre) fue del asombro al escalofrío:

 - Yendo a velocidad crucero (100 a 110 KPH) por el canal central los carros, camiones, busetas y gandolas se nos venían encima haciendo cambio de luces para que nos moviéramos. Finalmente algunos pasaban por donde debe ser (el canal rápido) con mala cara y haciendo gestos y otros pasaban velozmente por el hombrillo e igualmente o nos tiraban el carro o ponían mala cara.

 - El hombrillo fue utilizado como un canal más con toda tranquilidad en todo el trayecto: camionetas de lujo, carros viejos y nuevos, autobuses. Incluso una gandola toronta rebasó a un carro pequeño peligrosísimamente por el hombrillo.

 - En Puerto Cabello se accidentó una gandola con un contenedor el cual quedó volcado sobre dos de los tres canales dejando libre sólo el rápido. La cola se alargó más de lo necesario por la insistencia estúpida de los VPI en no darle el paso a los demás en el embudo. Finalmente cuando le dimos paso a otra gandola que venía entrando al canal rápido los carros de atrás nos reclamaron por cometer la “pendejada” de dejar que la gandola pasara delante nuestro (es decir no fuimos tan arrechos como ellos). El resultado, como era de esperarse es que el paso de esa gandola NO PRODUJO NINGÚN TIPO DE ATRASO y de allí en adelante la vía se normalizó.

 - Viniendo de las playas por esa misma cola el apuro estúpido de los VPI entró en acción como si tuvieran una desesperante piquiña en alguna parte de su cuerpo. Esta gente presa de un apuro inexplicable, en una cola que avanzaba lenta pero constantemente, rebasaba los carros en cola sin importar que eso fuera un gigante irrespeto a todo, tanto por el canal de venida como por el hombrillo. Si hubieran podido pasarnos por encima lo hubieran echo también.

 Sólo el necio se burla del peligro… hasta que le sucede la desgracia. Entonces, a veces, ni oportunidad de volver a reír tiene. Así pasa con estos irresponsables VPI en nuestras vías.

La cultura del empellón: otro ejemplo

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Escribí en una oportunidad aquí sobre esta cultura del empellón, del tropezón, del empujón, del apuro estúpido hecho acción, que llevan con orgullo nuestros VPI cotidianamente.

 

En esta ocasión me tocó ser víctima de una VPI notablemente agresiva y empellona en un restaurante rápido de sushi un mediodía.

 

Por ser un local de comida rápida se llena mucho de gente a esa hora así que toca hacer una cola delante de los cajeros que reciben los pedidos y mientras tanto pasa la gente con bandejas hacia las mesas, yendo y viniendo, así que un tropezón “normal” en esas circunstancias es más que lógico, sin embargo, cuando comencé a hacer mi cola a los pocos segundos llegó una señora a hacer la cola detrás de mi junto con otra persona y apenas llegando me tropezó una vez con cierta fuerza. Lo consideré normal y seguí hablando con mi acompañante. La señora conversaba con la otra persona y viendo el menú y viendo hacia allá y hacia acá me tropezó dos veces más lo cual, en una cola corta y todavía con suficiente espacio entre unos y otros, me pareció ya raro. Volteé la miré y me alejé medio paso para dar más espacio entre la señora y yo.

 

Seguí conversando y la señora me dio un nuevo tropezón inexplicable. “A pues” pensé, me gané el premio con esta señora. Mi acompañante fue a buscar una mesa y cuando ya casi me tocaba ordenar la señora me pasó a un lado a buscar el menú y cuando regresó me tropezó una vez más, repito, sin justificación pues había espacio suficiente aunque hubiera bastante gente. Así que me volteé de nuevo y le dije “señora, por favor, tenga cuidado” a lo que la señora no respondió nada sino que dijo entre dientes “si claro, por que a una no le dan permiso y además se molestan” (la señora nunca pidió permiso). Allí si le dije “señora, usted no pidió permiso y me está tropezando sin razón si yo le hiciera eso a usted, usted se molestaría” y la señora, ya subiendo la voz como para amedrentar (técnica del VPI gritón) dijo “no sabía que fueras de cristal” a lo que le repetí lo mismo de antes, si yo, con más de 100 kg de peso y 1,84 m de alto hubiera tropezado a esta señora con la misma frecuencia y fuerza que ella capaz que hasta la hubiese lesionado y de seguro se me hubiera molestado mucho más rápido.

 

Pero el VPI, en medio de su conducta estúpida y egoísta, no entiende esas cosas, para el es el y más nadie, él el más arrecho y los demás que no existen a menos que sea para reafirmar lo arrecho que es él.

 

La señora, luego de replicar como buena VPI en lugar de aceptar su conducta estúpida, por lo menos no me tropezó más y no hubo más intercambios. Como digo, no es que me tropezara o no sino que lo hiciera con tanta frecuencia y fuerza además. La cultura del empellón pues que hace al VPI tratar a los demás como objetos tropezables y sin importancia hasta que se rebelan

Contra-flujos, los problemas de tránsito y la relatividad de las cosas

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Este fin de semana escuché un reportaje realizado por el canal VTV, canal del estado, con relación al contra-flujo que se estuvo implantando la semana pasada en la Av. Francisco de Miranda a la altura del Unicentro El Marqués con vía Petare intentando solucionar las fortísimas congestiones que se producen en ese punto.

 

El problema es que la cobertura de ese canal y su reportero insinuaban que la medida del contra-flujo (tomar un canal de venida, entre tres canales, y convertirlo en canal de ida) era “arbitraria” y no fue “avisada con tiempo” y para apoyar su tesis seleccionaron algunos conductores que en ese momento estaban molestos, no con la medida en si sino con las mismas colas que agobian día a día a los caraqueños, y por la vía de la inducción con preguntas los llevaban a pronunciarse en contra del contra-flujo aunque bien sabido es que nuestros conductores VPI siempre le echan la culpa del tránsito y sus problemas a todo menos a ellos mismos. Para ellos los fiscales no sirven y generan caos, los contra-flujos tampoco sirven y los pico y placa tampoco: nada mejor para ellos que los dejen quietos con su anarquía para poder violar todas las normas y además quejarse por todo.

 

Lo malo es tener un canal de televisión y su línea reporteril apoyando esa “preferencia” por la anarquía cuando más bien se debería brindar apoyo a TODA medida aunque sea piloto, de prueba o temporal que busque aliviarnos de las terribles colas y trancas que se producen día a día en nuestras calles. Las medidas primero se prueban, se evalúa su impacto y luego se ajustan, se retiran o se implantan definitivamente.

 

Es el absurdo juego actual en el cual se descalifica y ataca toda acción del bando político contrario, tanto del chavismo a la oposición como de la oposición al chavismo cayendo un dime y direte inútil que deja por fuera a veces por demasiado tiempo la búsqueda de soluciones útiles a los problemas cotidianos.

 

Con el tránsito en Caracas HAY QUE TOMAR MEDIDAS, hay que hacer algo, ensayar y errar hasta lograr los éxitos y los cambios efectivos. No se puede atacar toda medida casi desde el principio sólo porque venga del gobierno o sólo porque venga de la oposición. En la Semana Santa de este año el operativo desplegado por el gobierno para proteger a los temporadistas en todo el país fue exitoso pero también los canales de contra-flujo practicados en El Llanito, en la vía Petare-Guarenas, en la Autopista de Prados del Este han sido y son exitosos. Son hechos que una encuesta practicada a una buena muestra de conductores demostraría sin ningún problema.

 

Lo que pasa es que como todo con los VPI, cuando en un semáforo el fiscal deja pasar varias luces verdes dándole paso a una sola vía, si el VPI está en la dirección de los que están parados entonces insulta de cualquier manera al fiscal y toca corneta como un desaforado pero si está en la vía de los que están dejando pasar con luz roja entonces ni se da cuenta de lo que está ocurriendo y se desentiende. Es la relatividad de las cosas, uno de los problemas principales culturales de nuestro país.