Documentales sobre el VPI – 2da Parte

En el artículo anterior comentan dos amigas de esta página, Anele e Isabel, y plantean dos puntos interesantes para la propuesta de hacer uno o varios documentales sobre las acciones de los VPI. Anele apunta en el sentido de hacerlo “nosotros mismos” e Isabel señala lo terapéutico que sería ver las patologías conductuales de nuestros VPI reflejadas en audiovisual, y no sólo en letras, y reconoce por otra parte las dificultades económicas que confronta un documentalista en nuestro país para llevar a cabo muchas veces sus proyectos.

Quizá la vía a seguir para registrar en video las absurdas conductas diarias que se observan en nuestra ciudad sea una combinación de dos esfuerzos.

El primero efectivamente invitando a todo el que quiera, a fotografiar filmar en micro-videos con sus celulares o cámaras de bolsillo desde sus carros o desde apartamentos u oficinas que miren hacia la calle cualquiera de estas conductas insólitas de los VPI: botando basura, comiéndose la flecha o la luz, fumando sin respetar, cruzando fuera del rayado peatonal, motorizados a contra vía o por la acera, carros, motos, buses, metrobuses, taxis circulando por el hombrillo, gente agresiva de grátis, etcétera, y o bien subirlos a alguna página de videos y enviarnos el enlace con la explicación para publicarlo o bien enviarlo directamente al administrador de esta página o la de Anele para que se encargue de su publicación y comentario.

Dos cosas hay que tomar en cuenta al hacer estos videos o fotos; por un lado evitar que algún VPI belicoso detecte que está siendo filmado o fotografiado para no correr riesgos de confrontación y por el otro evitar que la o las personas filmadas o fotografiadas sean identificables pues el punto no es la denuncia de una conducta personal sino de los síntomas de nuestro problema como sociedad.

El segundo sería contactando, invitando e insistiendo con algún documentalista o cineasta conocido a considerar seriamente la propuesta de un documental o una serie de documentales sobre el tema, que podrían hilarse como las sorprendentes conductas que día a día se ven en cualquier calle de Caracas por parte de todo tipo de ciudadano, desde los más humildes hasta los más pudientes y en todas las zonas de la ciudad, atentando todas ellas contra la convivencia, la tranquilidad y la salud (incluyendo la salud propia)

¿Expandimos la idea?

Documental sobre los VPI:

Hoy en el semáforo que hay subiendo para la plaza Altamira justo al lado de donde era el cine Altamira, una moto de la Policía de Chacao de placas 4577, con dos funcionarios (un hombre y una mujer), se comió la luz roja delante de todo el mundo. Luego se vinieron a estacionar delante del Centro Plaza y se bajaron tranquilamente para entrar al centro comercial, es decir, no tenían ninguna emergencia.

¿Qué tipo de conducta se puede exigir a los ciudadanos comunes si ni siquiera sus autoridades cumplen las leyes ni dan ejemplo ni nada?

Recordé aquel camión de la Guardia Nacional que observé en la Av. Río de Janeiro haciéndole cambios de luces a un carro para que se comiera la luz así como otros semáforos en donde motos y vehículos de fiscales o policías se comen las luces y otros ejemplos que he mencionado aquí también de motorizados policías comiéndose la flecha con toda la calma del mundo como si el hecho de tener que dar el ejemplo les importara un pepino y dos zanahorias.

En esta ciudad obstinada y ambigua en sus valores se podría filmar un documental o una serie de documentales todos los días sobre la increíble incultura urbana, las patologías conductuales y las insólitas respuestas de nuestros VPI.

Lo que describo en este blog es apenas una pálida imagen de lo que día a día se vive en esta ciudad plagada de Venezolanos Propensos a cometer Infracciones (VPI) quienes a la menor tentación (o hasta sin ella) efectivamente las cometen una y otra vez.

Un video con todo su despliegue audiovisual desarrollado en cualquier zona de Caracas: Petare, La Lagunita, El Paraíso, El Hatillo, Chacao, Baruta, Av. Baralt, El Bosque, etcétera, reflejaría con mucha mayor contundencia qué es lo que está pasando y cómo nos estamos comportando en esta ciudad y podría servir de plataforma para sensibilizarnos a todos sobre lo que quizá es el peor mal que nos aqueja como sociedad: el predominio de la conducta al estilo VPI sobre cualquier otra conducta sana entre nosotros. Y eso va desde el que bota basura en la calle hasta el que roba desde puestos de poder en el gobierno o en grandes empresas privadas, pasando por las autoridades y otros ciudadanos con cargos que deberían ser ante todo modelos de buena conducta.

¿Cómo se le podría hacer llegar esta propuesta a algún documentalista o cineasta que esté interesado o interesada en llevar adelante un proyecto así que quizá podría servir para comenzar a sanar nuestros males?

VPI en el estadio

Este fin de semana leí las revistas dominicales de dos diarios las cuales “casualmente” hablaban del mismo tema (las comillas son porque uno sabe que el dinero pone a hablar el mismo idioma hasta a las piedras).

Hablaban sobre la experiencia de ir a ver un juego de béisbol en el estadium en donde, por supuesto, cabe destacar que la proporción  de VPI seguramente se acerca al 99,99% del total de asistentes.

El espacio público de unas gradas o preferencias de un estadium de béisbol (y seguramente de cualquier deporte aquí) es el paraíso terrenal de cuanto VPI amante del deporte (o de una buena bronca) exista en nuestro terruño.

En esas gradas estos personajes se desgañitan a insultar a los jugadores, al mánager, al Umpire, al que está sentado al lado, a Chávez, a Manuel Rosales, a Bush, a Bin Laden, a Mick Jagger y a cuanto objeto de su odio se les ocurra. Es una explosiva terapia de gritos para estos VPI (quienes sin embargo siguen gritando y agrediendo al salir del estadio y en los siguientes días como si no hubieran hecho ninguna catarsis pelotera)

Los VPI de gradas demuestran (también a grito pelado) su inconmensurable conocimiento sobre el deporte y sus más mínimos detalles. Ante ellos (dicen ellos mismos), Bob Abreu se cuadra mal para batear, Ozzie Guillén lo que sabe es jugar metras y Johan Santana es un sortario tirapiedras. Por todo lo que dicen ser y saber, con una selección de VPI jugando y dirigiendo tendríamos el Dream Team criollo en cualquier disciplina.

Las demostraciones más directas del VPI ocurren cuando taimados lanzan los vasos de cerveza para mojar a los demás y luego caerse a golpes con quien reclame o van “vestidos de civil” siendo Guardias Nacionales o Policías, esperando algún alzado gritón o lanzacervezas para sacar a relucir la placa que llevaban escondida (con toda la intención) antes de propinar cuanto insulto, golpe o patadas se le ocurra.

Otras demostraciones menores son las coleadas para entrar al estadio a los baños o para comprar, pero ya responden a una conducta habitual fácilmente localizable en cualquier otro ámbito de la vida cotidiana de nuestra ciudad.

¿Quieren venirse conmigo al próximo juego Caracas – Magallanes?

El VPI anacrónico (o desubicado)

En el afán de demostrar lo arrechos que son, nuestros VPI muestran con mucha frecuencia otro de sus síntomas peculiares: se trata de su estado mental generalmente desubicado tanto en el tiempo como en el entorno histórico o social.

Cuando hacen sus análisis orales o escritos (para ellos siempre “sesudísimos”) bien sea de la actualidad venezolana, mundial o galáctica, el deporte o el funcionamiento del motor de una carcacha, siempre son los que más saben, se burlan fácilmente de los demás (todos para ellos ignorantes e inferiores) o les atacan verbalmente con insultos o insinuaciones.

En el deporte, por ejemplo el béisbol, es común encontrarse VPI echados en una silla, muy frecuentemente con unas barrigas de no haber agarrado un bate nunca, burlándose cruelmente del bateador de un equipo cuyo toque de bola se convirtió en un rolincito al pitcher. Ni se diga lo que se oye en el fútbol.

Cuando hablan de actualidad política y económica existen dos tipos de VPI generalmente muy belicosos: los que tienen edad para conocer y haber vivido buena parte de nuestra historia contemporánea y dicen conocer y entenderla a la perfección y actúan como eruditos al respecto (restregándolo en la cara de cualquiera que se les ponga en frente a discutir) y por otro lado los que han vivido relativamente pocos años pero asumen su superioridad para el análisis basándose en sus lecturas en Internet o en la Universidad o en su intuición para ello siempre “genial”…pero que no han vivido o recuerdan poco de la historia y los hechos.

Ambos tipos de VPI cometen el mismo error: fundamentan sus aseveraciones en el hecho de que ellos SON UNOS ARRECHOS y por lo tanto siempre tienen la razón sobre la actualidad. El ejemplo más común del primer tipo es aquel que era de alguna élite política vieja (o simpatizaba con ella) y resultó desplazado en sus “privilegios”, reales o ficticios, por otros grupos políticos. Este entonces vuelca su resentimiento, por haber sido despegado de su chupeta política como un niño malcriado haciendo una pataleta intelectual, en sus “objetivos”, “excelentes” pero sobre todo “serios” análisis de las cosas.

Los del segundo tipo de VPI, los jóvenes, quieren a toda costa demostrar su valor, su heroísmo y sabiduría juvenil sabiéndose o intuyéndose en una época donde los heroísmos rápidos ya no existen fuera de la farándula o el deporte (gracias a los medios) y se corre siempre el riesgo de ser llamados generación boba por los opinadores de la vieja guardia.

Estos analistas VPI jóvenes terminan yéndose de bruces para demostrar lo más pronto posible su superioridad y suelen por ello cometer errores u olvidos garrafales, por ejemplo cuando hablan de lo “dura” que es su vida ahora (aun cuando tienen acceso constante a Internet, blackberry último modelo, TV por Cable, uno, dos o tres carros en casa, 3 o 4 comidas al día, 2 o tres rumbas a la semana, viajes a la playa, al menos un viaje al exterior al año, estudios hasta niveles medios y altos, una o dos casas o apartamentos, etcétera) teniendo poca o ninguna idea de lo que debe pasar una persona que realmente ES POBRE en este país hoy en comparación a lo que debía pasar una persona realmente POBRE antes o deberá pasar después de hoy.

Más allá del tema en particular a discutir, lo destacable es el hecho de que un analista serio, que no sea VPI, debería ubicarse lejos de sus resentimientos y saber como práctica usual tomar el lugar de los demás, lejos de sus comodidades clase media o alta para poder emitir un análisis medianamente objetivo, serio y válido que aporte a una buena discusión.

Lamentablemente rodeados como estamos de VPI de todo tipo lo que menos se suele encontrar son opiniones así.

¿Qué opinas tú?

Peatones VPI

img_2660columnas-criminalizacion

Ayer en un cruce por Los Palos Grandes alrededor de las 6 pm, el semáforo de la vía por donde yo venía cambió a rojo y los carros intentaron moverse, sin embargo, tuvieron que esperar a que terminara de cruzar (sin tener luz verde en el semáforo peatonal) una señora madura, un estudiante de liceo y finalmente un hombre joven casi trotando. Al pasar este último los carros se movieron pero sólo hubo oportunidad de que cruzaran dos (que podían ser hasta seis), gracias a los peatones atravesados, y la cola se alargó todavía más por la ruta por la cual veníamos.

El tema peatonal tiene dos caras en el universo de VPI que nos rodea, por un lado, un país en donde en cualquier cruce libre la preferencia la tiene (de facto) el carro sobre el peatón, es un país donde puede ocurrir cualquier barbaridad (pues en casi todo el resto del mundo la preferencia por lógica, por ley y por sentido común es exactamente la contraria) No vale para nada el hecho de que un carro lo puede matar a usted, en cualquier cruce libre el carro tenderá aquí a pasarle por encima e incluso su conductor a agredirlo verbalmente si por asomo lo obliga a medio pisar el freno.

La otra cara consiste en esos peatones, como los que describo en el primer párrafo, quienes también influyen negativamente en el tránsito vehicular gracias a su apuro estúpido, a su prurito enfermizo por cruzar a como dé lugar y por donde sea aunque lo puedan arrollar en el intento, en vez de esperar unos segundos a tener la luz verde o acercarse hasta los pasos de cebra o usar las pasarelas (todavía hay pasarelas seguras en esta ciudad pero el porcentaje de gente que las usa por lo general es muy bajo. Se prefiere “torear” carros para cruzar “rápidito” y no subir escaleras)

Un ejemplo público y notorio de la estupidez del VPI peatón son los “huecos” que han abierto en la barrera metálica sobre la división de la Av. Francisco de Miranda frente al Unicentro El Marqués para poder cruzar en todo el medio de la cuadra en vez de usar cualquiera de los dos extremos los cuales tienen semáforo y rayado peatonal.

Se puede hacer todo un documental sobre la patología conductual del VPI peatón en ese punto de la ciudad observando niños, viejos, jóvenes, mujeres embarazadas, señoras y señores gordos, etcétera, contorsionándose para pasar por el hueco mientras los carros, autobuses, motocicletas, les pasan rozando y a toda velocidad (por supuesto tocando corneta como dementes) porque, hay que recordar, para ellos el carro está siempre sobre el peatón.

Atención al cliente:

charcut1

Ayer a las 7 pm de la noche quise comprar un cuarto de kilo de queso parmesano para que mi esposa preparara una pasta. Me encontraba en Chacao tomando un café en una panadería cuando ella me avisó que comprara dicho queso. Al recibir el mensajito volteé y descubrí que la panadería también tenía charcutería y de hecho divisé el trozo grande del parmesano.

Me acerqué al típico mostrador de vidrio y asumí la típica pose de cliente en espera apoyando una mano en el vidrio y mirando todo lo que exhibían allí. Luego de un buen rato durante el cual ninguno de los empleados de la tienda me hizo caso, una muchacha que estaba limpiando el piso me dijo “no señor, no estamos despachando, el charcutero se fue”…entonces pasé al lado del encargado de la tienda en la Caja diciendo en voz alta “bueno, si no me quieren vender aquí todo lo que voy a comprar lo compro en otro lado, no hay problema”… Y nada pasó, nadie hizo caso. La panadería/charcutería no necesitaba mi dinero, es una tienda que no sufre de esa cacareada crisis económica. Los felicito.

Fui a un pequeño supermercado más adelante en donde sólo estaba atendiendo un muchacho dotado de una lentitud abismal. Una clienta con audífonos y blackberry le pedía entre dientes lo que quería a una lentitud todavía más profunda y con un tono hosco de “mujer arrecha” el cual más bien demuestra su repelencia personal. Casi 20 minutos después el muchacho me preguntó que quería y le dije “Dame por favor ¼ de kilo de queso parmesano rayado”…y el empleado me contestó “No señor, el rayo está dañado…

 “Otra tienda con superávit de dinero” pensé y tuve que llevarme mi queso completo para rayarlo en casa.

La patología del VPI en nuestro país encuentra en la atención al cliente (sea despachando, de servicio público, de cajero, de recepcionista, de atención telefónica, etcétera) uno de los terrenos más fértiles para manifestarse.

Lamentablemente uno de los símbolos de nuestra sociedad es “La Mala Atención” y eso es gracias al montón de VPI quienes detrás de mostradores, escritorios o teléfonos, tratan mal al público, al cliente o al paciente e inflan de esa manera su ego enfermo de inseguridades.

Esa enfermedad, como ya he escrito antes, no les permite reconocer ni siquiera que su conducta es perjudicial para ellos mismos, como el caso de estas tiendas las cuales abren ¡para no vender! Asombroso.

¿Existe el nuevo ciudadano?

newcitizen

En nuestro país el nuevo ciudadano, la nueva consciencia, no ha nacido todavía. Quienes se forman en la actualidad lo hacen bajo la influencia de quienes tienen en su sangre profundas raíces VPI y de otras “taras conductuales” de nuestra sociedad.

La actual seudo división entre pro y contras al gobierno en realidad no se basa en absolutamente nada que no sea demostrar que se es más arrecho que el otro y que lo que uno apoya es mejor y más chévere que lo del otro porque se quiere ser siempre el más arrecho, olvidarse de los demás a menos que convenga acordarse de ellos y procurar la vía fácil para todo, incluso para manejar la diversidad del pensamiento.

Para implantar una verdadera conciencia de cambio como país entre nuestra gente hay que primero manejar dos ideas básicas, medulares, aunque harto difícil de aceptar por nuestros arrechos y arrechas VPI: uno, el fin común, el bienestar común, compartido, general, dos, la importancia hasta del trabajo más pequeño, el concepto del granito de arena pues para el hormiguero. La tendencia natural nuestra es justo hacia lo contrario: trabajar en forma egoísta y buscar los “mejores” cargos porque lo otro (servir, el trabajo físico o repetitivo, etcétera) son trabajos “inferiores” y humillantes. Esas ideas nos hacen retroceder cuando no estancarnos. Y son ideas nuestras en general de TODOS como colectivo, no de unos si y de otros no.

Luego hay que manejar las herramientas para la convivencia y el funcionamiento en sociedad: la preparación para el debate, para la argumentación, para aceptar la contraposición de ideas, para aceptar con buena actitud la decisión de la mayoría, sea o no sea favorable a nuestras simpatías. Eso no se ha enseñado ni se enseña en nuestras escuelas, menos en los liceos y muchísimo menos en nuestras universidades.

Saber debatir, hilar ideas, argumentar con propiedad, exponer motivos, proyectos, planificar líneas de acción, etcétera, eso se deja de lado en nuestra educación y se deja libre espacio para los actos de frustración, la opresión de los vencidos por parte de los vencedores, el resentimiento, los actos de violencia, la impotencia por no saber dar expresión y ejecución a las ideas e inquietudes propias.

No se nos enseña, y es vital, a Comunicarnos Efectivamente, sino que eso se deja al garete, a la improvisación, al azar, para que lo hagan quienes tengan aptitud natural para ello, etcétera. No se enseña tampoco el uso de herramientas físicas de comunicación en sociedad: convocatoria a asamblea, debate o reunión, puntos a tratar, minuta, acciones a tomar, responsables, seguimiento, evaluación, diagnóstico, corrección.

Con la no educación para el debate, la discusión de puntos y el registro de los mismos entonces se promueve la flojera, el recostarse de quienes si manejan más o menos esas cosas, el dejar que los demás participen, decidan, peleen y se desgasten, mientras se flojea en la otra esquina, burlando y criticando el trabajo de hormiga de los demás.

La columna vertebral de todos esos elementos el cual ni por asomo se está enseñando en forma integral todavía es el aprendizaje y la asimilación prácticamente a nivel genético del respeto a las normas, a la ley, a las ordenanzas, a las reglas del juego comunicacional y sus consecuentes acciones.

Mucho “gamelote”  se lee y oye aquí y allá en nuestros rincones, pero nadie parece salvarse. A la hora de la “chiquita”, como decimos aquí, surgen las patologías, se patea la mesa donde se intenta negociar, se arrebata como Jalisco gritando, agrediendo, amedrentando, obligando, ignorando y se deja entonces el trabajo de coordinar, planificar, discutir, actuar, etcétera al desorden, la imposición, el arbitrio caprichoso, etcétera. Y eso lo hacen todos, no unos si y otros no.

Veámonos nuestros ombligos y encontraremos la marca de nuestra incultura social para todos los ámbitos: familia, escuela, condominio, calle, oficina, civismo, trabajo, enseñanza, aprendizaje, ejemplo. Cuando no en todos si en muchos, en algunos más y en otros menos.

La trillada frase, “la cura de un mal empieza por reconocer la existencia de ese mal”, nunca pierde vigencia y menos aún cuando se trata de nuestra tan enferma sociedad.

¿Empezamos a reconocerlo en nosotros?

Sacerdotes VPI

sacerdotes_clip_image001 

Tengo algún tiempo escuchando a la iglesia católica quejándose porque pierde feligreses todos los días, lo cual, me imagino, ocurre por una suma de factores entre los cuales debe estar la dificultad de vender dogmas y actos de fe en este mundo de hoy tan investigable por vía de la Internet con sus Googles y sus YouTubes, por nombrar sólo dos. Hoy en día lo dogmático ha pasado de moda y a menos que se mercadee de una manera novedosa y grata lo que saldrá de los templos cristianos serán legiones.

Pensando más localmente existen ciertos personajes que aportan un importante granito de arena para que se produzca esa “estampida huidiza” de creyentes: se trata de los Curas VPI.

Lo ilustro con dos ejemplos/anécdotas con nombre y apellido:

- El cura Reynerio Lebroc de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de La California (Caracas) durante los bautizos en la iglesia donde trabaja suele regañar a los niños y a sus padres debido al “ruido” de los llantos infantiles (para él no aplica aquello de “dejad que los niños vengan a mi” sino lo de “dejad que vengan pero cállenlos”). En un bautizo en particular al cual asistí, en lugar de explicar el hermoso significado de ese sacramento, este sacerdote se dedicó a criticar la poca limosna recogida durante la misa y a fustigar a los padres asistentes por tacaños. Él suele utilizar los espacios religiosos para exponer sus ideas políticas las cuales suelen pecar de extremistas.

- El cura Luis González de la Parroquia Chacao el pasado 7 de octubre de 2009 recibió para la misa de las 6 pm una solicitud en persona del director de la Coral Juventudes Culturales de la UCV (Luis Eduardo Galián) para interpretar en su templo varios temas de la “Misa Criolla venezolana”, una hermosa obra del compositor Humberto Sagredo, la cual utiliza ritmos venezolanos para decir con música todos los textos de la misa, sin embargo, este cura se negó de plano argumentando que eso era “poco serio” y que seguramente sería un “relajo” irrespetuoso para con la liturgia el canto de géneros venezolanos con tambor y cuatro.

Lo que este cura ignora es que esa obra ha sido interpretada en Misas para la Virgen de la  Rosa Mística y en el acto de beatificación de la Madre María de San José, todas conducidas nada y nada menos que por el mismísimo Cardenal Jorge Urosa Savino, es decir, el cura Luis González de Chacao se considera con mayor autoridad moral que el máximo representante de la Iglesia en Venezuela para descalificar la obra de Sagredo.

Finalmente permitió a regañadientes interpretar algunos temas de la Misa Criolla y obligó al director de la Coral a interpretar algunas partes de la Misa Breve del compositor Antonio Lotti en latín para que sonara “un poco más serio”. No permitió que la Coral diera un concierto al final de la misa en el cual mostraría a los habitantes de Chacao parte del repertorio a ser llevado en representación de Venezuela al Festival Internacional de Coros a celebrarse en Buga, Colombia entre el 15 y el 18 de octubre de 2009. Para ello el cura mandó a apagar las luces de la iglesia apenas terminada la misa y se negó a volver a hablar con nadie de la Coral.

¿No es justificable que muchos prefieran alejarse de la iglesia aún sin dejar de ser creyentes gracias a estas actitudes de algunos sacerdotes? ¿Los curas se olvidarán de que la gente va a escucharles hablar de la palabra y significados de Dios y no de las suyas propias tan subjetivas y parcializadas como las de cualquier mortal? ¿No es incongruente prohibir la alegría y la belleza de la música en un acto de reafirmación y unión cristiana?

 Kyrie eleison

Motos que suenan como carros

RuidosMotos

Sigo con el tema del ruido, esta vez me he encontrado con que además de que los motociclistas siguen transitando libremente por las autopistas (lo cual actualmente representa una de las mayores irresponsabilidades que suceden en nuestro país, con todo el peligro que ello representa principalmente para los motorizados pero en general para todos) ahora resulta que, babeados como parecen estar de placer los VPI por todo lo que represente RUIDO y ganas de agredir a como dé lugar, casi todos los VPI motorizados han cambiado la característica corneta chillona y aguda de sus motos por cornetas de carros y además de carros grandes. Eso hace que usted pueda ir manejando tranquilamente y de pronto recibir un cornetazo justo al lado de su carro como si una camioneta 4 x 4 estuviera echándosele encima para aplastarlo cuando resulta que es una diminuta moto Yamaha (una “tarita”) la cual le está “pidiendo paso” para colarse entre carros.

Me pregunto: ¿no hay una regulación legal para la intensidad de las cornetas y en general del ruido que producen los vehículos de dos ruedas? ¿Es justo y sano tener semejante nivel de decibeles en vehículos tan pequeños? Y adicionalmente una vez más: ¿Cuál es la cantidad de motociclistas muertos o lisiados que se necesita tener en la autopista todos los días para que se prohíba la circulación de las motos por esa vía?

Los VPI que son autoridades, gobiernos o ciudadanos comunes parecen realmente decididos a vivir cada vez peor y hacer vivir cada vez peor también. ¿Será la era de la antilógica?

Pedir perdón:

Disculpa

Gracias al concurso Miss Venezuela está de moda lo de ¿Qué es más fácil, pedir perdón o pedir permiso?, sin embargo, para el VPI la respuesta es sencilla: ni lo uno, ni lo otro. Él no necesita ni pedir disculpas ni pedir autorización, hace lo que va a hacer a lo arrecho y punto, ¡y que no le reclamen!

Es notable cómo cuando en medio de la calle a uno lo tropiezan o le frenan en los pies, uno reclama con la mirada o verbalmente y la persona que te tropezó o te frenó hace un gesto con las manos como disculpándose o lo dice en voz alta, el efecto que se produce prácticamente siempre es de calma, de paz. La persona pidió disculpas y uno entiende que acepta su error y todos siguen su camino tranquilos y sin ser menos que nadie.

Para el VPI eso por supuesto es un ejercicio que escapa a su patología conductual. El no se disculpa, por el contrario, como indiqué en el post anterior, si comiéndose una luz o una flecha casi arrolla a una persona, la culpable es esa persona por atravesada y distraída. El fiscal que regula el tránsito es quien tiene la culpa de las colas y no el VPI que se colea o se mete en los cruces trancando a los demás aún cuando no tenga espacio.

El VPI siempre transfiere la culpa a los demás, a algo fuera de ellos y se coloca más bien como víctima, trabajador honesto o simplemente machote o machota cuando infringe la ley y es increpado por ello.

Si aunque fuera la mitad de los VPI pidieran disculpas (aunque fuera hipócritamente) por cada una de su montón de infracciones diarias, el nivel de agresión que se percibe en las calles bajaría en forma notable y quizá se produciría una lenta sanación de tanta gente enferma de infringir y agredir al darse cuenta de que: es más fácil (y barato) cumplir las leyes, que tener que pedir perdón por incumplirlas (y pagar multas, chocar o pelear)

¿Habrá esperanza de que se iluminen con esta idea?