Peatones VPI

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Ayer en un cruce por Los Palos Grandes alrededor de las 6 pm, el semáforo de la vía por donde yo venía cambió a rojo y los carros intentaron moverse, sin embargo, tuvieron que esperar a que terminara de cruzar (sin tener luz verde en el semáforo peatonal) una señora madura, un estudiante de liceo y finalmente un hombre joven casi trotando. Al pasar este último los carros se movieron pero sólo hubo oportunidad de que cruzaran dos (que podían ser hasta seis), gracias a los peatones atravesados, y la cola se alargó todavía más por la ruta por la cual veníamos.

El tema peatonal tiene dos caras en el universo de VPI que nos rodea, por un lado, un país en donde en cualquier cruce libre la preferencia la tiene (de facto) el carro sobre el peatón, es un país donde puede ocurrir cualquier barbaridad (pues en casi todo el resto del mundo la preferencia por lógica, por ley y por sentido común es exactamente la contraria) No vale para nada el hecho de que un carro lo puede matar a usted, en cualquier cruce libre el carro tenderá aquí a pasarle por encima e incluso su conductor a agredirlo verbalmente si por asomo lo obliga a medio pisar el freno.

La otra cara consiste en esos peatones, como los que describo en el primer párrafo, quienes también influyen negativamente en el tránsito vehicular gracias a su apuro estúpido, a su prurito enfermizo por cruzar a como dé lugar y por donde sea aunque lo puedan arrollar en el intento, en vez de esperar unos segundos a tener la luz verde o acercarse hasta los pasos de cebra o usar las pasarelas (todavía hay pasarelas seguras en esta ciudad pero el porcentaje de gente que las usa por lo general es muy bajo. Se prefiere “torear” carros para cruzar “rápidito” y no subir escaleras)

Un ejemplo público y notorio de la estupidez del VPI peatón son los “huecos” que han abierto en la barrera metálica sobre la división de la Av. Francisco de Miranda frente al Unicentro El Marqués para poder cruzar en todo el medio de la cuadra en vez de usar cualquiera de los dos extremos los cuales tienen semáforo y rayado peatonal.

Se puede hacer todo un documental sobre la patología conductual del VPI peatón en ese punto de la ciudad observando niños, viejos, jóvenes, mujeres embarazadas, señoras y señores gordos, etcétera, contorsionándose para pasar por el hueco mientras los carros, autobuses, motocicletas, les pasan rozando y a toda velocidad (por supuesto tocando corneta como dementes) porque, hay que recordar, para ellos el carro está siempre sobre el peatón.

Atención al cliente:

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Ayer a las 7 pm de la noche quise comprar un cuarto de kilo de queso parmesano para que mi esposa preparara una pasta. Me encontraba en Chacao tomando un café en una panadería cuando ella me avisó que comprara dicho queso. Al recibir el mensajito volteé y descubrí que la panadería también tenía charcutería y de hecho divisé el trozo grande del parmesano.

Me acerqué al típico mostrador de vidrio y asumí la típica pose de cliente en espera apoyando una mano en el vidrio y mirando todo lo que exhibían allí. Luego de un buen rato durante el cual ninguno de los empleados de la tienda me hizo caso, una muchacha que estaba limpiando el piso me dijo “no señor, no estamos despachando, el charcutero se fue”…entonces pasé al lado del encargado de la tienda en la Caja diciendo en voz alta “bueno, si no me quieren vender aquí todo lo que voy a comprar lo compro en otro lado, no hay problema”… Y nada pasó, nadie hizo caso. La panadería/charcutería no necesitaba mi dinero, es una tienda que no sufre de esa cacareada crisis económica. Los felicito.

Fui a un pequeño supermercado más adelante en donde sólo estaba atendiendo un muchacho dotado de una lentitud abismal. Una clienta con audífonos y blackberry le pedía entre dientes lo que quería a una lentitud todavía más profunda y con un tono hosco de “mujer arrecha” el cual más bien demuestra su repelencia personal. Casi 20 minutos después el muchacho me preguntó que quería y le dije “Dame por favor ¼ de kilo de queso parmesano rayado”…y el empleado me contestó “No señor, el rayo está dañado…

 “Otra tienda con superávit de dinero” pensé y tuve que llevarme mi queso completo para rayarlo en casa.

La patología del VPI en nuestro país encuentra en la atención al cliente (sea despachando, de servicio público, de cajero, de recepcionista, de atención telefónica, etcétera) uno de los terrenos más fértiles para manifestarse.

Lamentablemente uno de los símbolos de nuestra sociedad es “La Mala Atención” y eso es gracias al montón de VPI quienes detrás de mostradores, escritorios o teléfonos, tratan mal al público, al cliente o al paciente e inflan de esa manera su ego enfermo de inseguridades.

Esa enfermedad, como ya he escrito antes, no les permite reconocer ni siquiera que su conducta es perjudicial para ellos mismos, como el caso de estas tiendas las cuales abren ¡para no vender! Asombroso.

¿Existe el nuevo ciudadano?

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En nuestro país el nuevo ciudadano, la nueva consciencia, no ha nacido todavía. Quienes se forman en la actualidad lo hacen bajo la influencia de quienes tienen en su sangre profundas raíces VPI y de otras “taras conductuales” de nuestra sociedad.

La actual seudo división entre pro y contras al gobierno en realidad no se basa en absolutamente nada que no sea demostrar que se es más arrecho que el otro y que lo que uno apoya es mejor y más chévere que lo del otro porque se quiere ser siempre el más arrecho, olvidarse de los demás a menos que convenga acordarse de ellos y procurar la vía fácil para todo, incluso para manejar la diversidad del pensamiento.

Para implantar una verdadera conciencia de cambio como país entre nuestra gente hay que primero manejar dos ideas básicas, medulares, aunque harto difícil de aceptar por nuestros arrechos y arrechas VPI: uno, el fin común, el bienestar común, compartido, general, dos, la importancia hasta del trabajo más pequeño, el concepto del granito de arena pues para el hormiguero. La tendencia natural nuestra es justo hacia lo contrario: trabajar en forma egoísta y buscar los “mejores” cargos porque lo otro (servir, el trabajo físico o repetitivo, etcétera) son trabajos “inferiores” y humillantes. Esas ideas nos hacen retroceder cuando no estancarnos. Y son ideas nuestras en general de TODOS como colectivo, no de unos si y de otros no.

Luego hay que manejar las herramientas para la convivencia y el funcionamiento en sociedad: la preparación para el debate, para la argumentación, para aceptar la contraposición de ideas, para aceptar con buena actitud la decisión de la mayoría, sea o no sea favorable a nuestras simpatías. Eso no se ha enseñado ni se enseña en nuestras escuelas, menos en los liceos y muchísimo menos en nuestras universidades.

Saber debatir, hilar ideas, argumentar con propiedad, exponer motivos, proyectos, planificar líneas de acción, etcétera, eso se deja de lado en nuestra educación y se deja libre espacio para los actos de frustración, la opresión de los vencidos por parte de los vencedores, el resentimiento, los actos de violencia, la impotencia por no saber dar expresión y ejecución a las ideas e inquietudes propias.

No se nos enseña, y es vital, a Comunicarnos Efectivamente, sino que eso se deja al garete, a la improvisación, al azar, para que lo hagan quienes tengan aptitud natural para ello, etcétera. No se enseña tampoco el uso de herramientas físicas de comunicación en sociedad: convocatoria a asamblea, debate o reunión, puntos a tratar, minuta, acciones a tomar, responsables, seguimiento, evaluación, diagnóstico, corrección.

Con la no educación para el debate, la discusión de puntos y el registro de los mismos entonces se promueve la flojera, el recostarse de quienes si manejan más o menos esas cosas, el dejar que los demás participen, decidan, peleen y se desgasten, mientras se flojea en la otra esquina, burlando y criticando el trabajo de hormiga de los demás.

La columna vertebral de todos esos elementos el cual ni por asomo se está enseñando en forma integral todavía es el aprendizaje y la asimilación prácticamente a nivel genético del respeto a las normas, a la ley, a las ordenanzas, a las reglas del juego comunicacional y sus consecuentes acciones.

Mucho “gamelote”  se lee y oye aquí y allá en nuestros rincones, pero nadie parece salvarse. A la hora de la “chiquita”, como decimos aquí, surgen las patologías, se patea la mesa donde se intenta negociar, se arrebata como Jalisco gritando, agrediendo, amedrentando, obligando, ignorando y se deja entonces el trabajo de coordinar, planificar, discutir, actuar, etcétera al desorden, la imposición, el arbitrio caprichoso, etcétera. Y eso lo hacen todos, no unos si y otros no.

Veámonos nuestros ombligos y encontraremos la marca de nuestra incultura social para todos los ámbitos: familia, escuela, condominio, calle, oficina, civismo, trabajo, enseñanza, aprendizaje, ejemplo. Cuando no en todos si en muchos, en algunos más y en otros menos.

La trillada frase, “la cura de un mal empieza por reconocer la existencia de ese mal”, nunca pierde vigencia y menos aún cuando se trata de nuestra tan enferma sociedad.

¿Empezamos a reconocerlo en nosotros?

Sacerdotes VPI

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Tengo algún tiempo escuchando a la iglesia católica quejándose porque pierde feligreses todos los días, lo cual, me imagino, ocurre por una suma de factores entre los cuales debe estar la dificultad de vender dogmas y actos de fe en este mundo de hoy tan investigable por vía de la Internet con sus Googles y sus YouTubes, por nombrar sólo dos. Hoy en día lo dogmático ha pasado de moda y a menos que se mercadee de una manera novedosa y grata lo que saldrá de los templos cristianos serán legiones.

Pensando más localmente existen ciertos personajes que aportan un importante granito de arena para que se produzca esa “estampida huidiza” de creyentes: se trata de los Curas VPI.

Lo ilustro con dos ejemplos/anécdotas con nombre y apellido:

- El cura Reynerio Lebroc de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de La California (Caracas) durante los bautizos en la iglesia donde trabaja suele regañar a los niños y a sus padres debido al “ruido” de los llantos infantiles (para él no aplica aquello de “dejad que los niños vengan a mi” sino lo de “dejad que vengan pero cállenlos”). En un bautizo en particular al cual asistí, en lugar de explicar el hermoso significado de ese sacramento, este sacerdote se dedicó a criticar la poca limosna recogida durante la misa y a fustigar a los padres asistentes por tacaños. Él suele utilizar los espacios religiosos para exponer sus ideas políticas las cuales suelen pecar de extremistas.

- El cura Luis González de la Parroquia Chacao el pasado 7 de octubre de 2009 recibió para la misa de las 6 pm una solicitud en persona del director de la Coral Juventudes Culturales de la UCV (Luis Eduardo Galián) para interpretar en su templo varios temas de la “Misa Criolla venezolana”, una hermosa obra del compositor Humberto Sagredo, la cual utiliza ritmos venezolanos para decir con música todos los textos de la misa, sin embargo, este cura se negó de plano argumentando que eso era “poco serio” y que seguramente sería un “relajo” irrespetuoso para con la liturgia el canto de géneros venezolanos con tambor y cuatro.

Lo que este cura ignora es que esa obra ha sido interpretada en Misas para la Virgen de la  Rosa Mística y en el acto de beatificación de la Madre María de San José, todas conducidas nada y nada menos que por el mismísimo Cardenal Jorge Urosa Savino, es decir, el cura Luis González de Chacao se considera con mayor autoridad moral que el máximo representante de la Iglesia en Venezuela para descalificar la obra de Sagredo.

Finalmente permitió a regañadientes interpretar algunos temas de la Misa Criolla y obligó al director de la Coral a interpretar algunas partes de la Misa Breve del compositor Antonio Lotti en latín para que sonara “un poco más serio”. No permitió que la Coral diera un concierto al final de la misa en el cual mostraría a los habitantes de Chacao parte del repertorio a ser llevado en representación de Venezuela al Festival Internacional de Coros a celebrarse en Buga, Colombia entre el 15 y el 18 de octubre de 2009. Para ello el cura mandó a apagar las luces de la iglesia apenas terminada la misa y se negó a volver a hablar con nadie de la Coral.

¿No es justificable que muchos prefieran alejarse de la iglesia aún sin dejar de ser creyentes gracias a estas actitudes de algunos sacerdotes? ¿Los curas se olvidarán de que la gente va a escucharles hablar de la palabra y significados de Dios y no de las suyas propias tan subjetivas y parcializadas como las de cualquier mortal? ¿No es incongruente prohibir la alegría y la belleza de la música en un acto de reafirmación y unión cristiana?

 Kyrie eleison

Motos que suenan como carros

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Sigo con el tema del ruido, esta vez me he encontrado con que además de que los motociclistas siguen transitando libremente por las autopistas (lo cual actualmente representa una de las mayores irresponsabilidades que suceden en nuestro país, con todo el peligro que ello representa principalmente para los motorizados pero en general para todos) ahora resulta que, babeados como parecen estar de placer los VPI por todo lo que represente RUIDO y ganas de agredir a como dé lugar, casi todos los VPI motorizados han cambiado la característica corneta chillona y aguda de sus motos por cornetas de carros y además de carros grandes. Eso hace que usted pueda ir manejando tranquilamente y de pronto recibir un cornetazo justo al lado de su carro como si una camioneta 4 x 4 estuviera echándosele encima para aplastarlo cuando resulta que es una diminuta moto Yamaha (una “tarita”) la cual le está “pidiendo paso” para colarse entre carros.

Me pregunto: ¿no hay una regulación legal para la intensidad de las cornetas y en general del ruido que producen los vehículos de dos ruedas? ¿Es justo y sano tener semejante nivel de decibeles en vehículos tan pequeños? Y adicionalmente una vez más: ¿Cuál es la cantidad de motociclistas muertos o lisiados que se necesita tener en la autopista todos los días para que se prohíba la circulación de las motos por esa vía?

Los VPI que son autoridades, gobiernos o ciudadanos comunes parecen realmente decididos a vivir cada vez peor y hacer vivir cada vez peor también. ¿Será la era de la antilógica?

Pedir perdón:

Disculpa

Gracias al concurso Miss Venezuela está de moda lo de ¿Qué es más fácil, pedir perdón o pedir permiso?, sin embargo, para el VPI la respuesta es sencilla: ni lo uno, ni lo otro. Él no necesita ni pedir disculpas ni pedir autorización, hace lo que va a hacer a lo arrecho y punto, ¡y que no le reclamen!

Es notable cómo cuando en medio de la calle a uno lo tropiezan o le frenan en los pies, uno reclama con la mirada o verbalmente y la persona que te tropezó o te frenó hace un gesto con las manos como disculpándose o lo dice en voz alta, el efecto que se produce prácticamente siempre es de calma, de paz. La persona pidió disculpas y uno entiende que acepta su error y todos siguen su camino tranquilos y sin ser menos que nadie.

Para el VPI eso por supuesto es un ejercicio que escapa a su patología conductual. El no se disculpa, por el contrario, como indiqué en el post anterior, si comiéndose una luz o una flecha casi arrolla a una persona, la culpable es esa persona por atravesada y distraída. El fiscal que regula el tránsito es quien tiene la culpa de las colas y no el VPI que se colea o se mete en los cruces trancando a los demás aún cuando no tenga espacio.

El VPI siempre transfiere la culpa a los demás, a algo fuera de ellos y se coloca más bien como víctima, trabajador honesto o simplemente machote o machota cuando infringe la ley y es increpado por ello.

Si aunque fuera la mitad de los VPI pidieran disculpas (aunque fuera hipócritamente) por cada una de su montón de infracciones diarias, el nivel de agresión que se percibe en las calles bajaría en forma notable y quizá se produciría una lenta sanación de tanta gente enferma de infringir y agredir al darse cuenta de que: es más fácil (y barato) cumplir las leyes, que tener que pedir perdón por incumplirlas (y pagar multas, chocar o pelear)

¿Habrá esperanza de que se iluminen con esta idea?

Una anécdota en Chacao

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La semana pasada crucé por el semáforo que en La Castellana viene de Miga’s hacia el Centro Plaza. Municipio Chacao. La luz estaba en rojo para los carros que venían en dirección Este así que me lancé a cruzar. Dos carros siguieron avanzando dispuestos a comerse la luz y si era posible hacerme retroceder.

Quedé frente a ellos cuando finalmente frenaron a regañadientes y les pregunté si no sabían lo que significaba la luz roja del semáforo.

El primer carro, un Lotus nuevecito, vidrios ahumados todos subidos hasta arriba con aire acondicionado. La conductora era una señora de esas con cabello canoso, elegante, bien vestida, con lentes oscuros. Su respuesta fue manotear con violencia dentro de su carro como diciendo ¡ya termina de pasar! Cuando terminé de pasar siguió rodando terminando de comerse la luz.

El segundo carro, un Seat reluciente, también con sus vidrios ahumados arriba y aire acondicionado. El conductor un hombre de mediana edad, vestido como ejecutivo sin chaqueta. Sólo se me quedó viendo mientras le repetía la pregunta y cuando terminó de comerse la luz pasando a mi lado me miró y con sorna me dijo “adiós” con la mano.

Ambos actuaron con la convicción de que la molestia, el estorbo, el fastidioso, el desubicado era yo y siguieron cometiendo su infracción sin tener ninguna duda al respecto. ¿No deberían ellos mismos tener algunas reservas con respecto a sus convicciones, seas cuales sean, si son incapaces de respetar la ley de tránsito más sencilla que existe o al menos al peatón que les reclama con justicia su accionar?

No hay que olvidar que el VPI ESTÁ CONVENCIDO de que lo que hace ESTÁ BIEN y es mejor que lo que hacen los demás.  ¿Qué quedará para el resto de sus ideas?

Imagen de Toonpool

El abanico estúpido y como se produce

Voy a explicar gráficamente lo que probablemente sea una de las causas principales, sino la principal causa de la mayoría de las colas fuertes o “trancas” en Venezuela.

Se trata de lo que podemos llamar el “abanico estúpido”,  el cual consiste en la figura que terminan formando los carros en las vías, cuando se reduce la cantidad de canales, hay un desvío o hay una salida congestionada de una autopista hacia otra vía.

Veamos en el gráfico:

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- El conductor del carro morado con el número 1 viene por su canal de carros verdes. Si lo siguiera y todos lo siguieran habría una cola larga pero que fluiría en forma continua a través del embudo.

- Si dicho conductor se impacienta un poco quizá decida meterse al canal de los carros azules y debido a que al final debe regresar al mismo canal de donde se salió, producirá un retardo en la cola el cual no hubiera existido de preservar su canal. Claro. Adelanta a los carros verdes, los cuales ahora serán llamados “los pendejos”, pero al final debe “forcejear” con ellos para volver al canal. Resultado: un poco más de cola.

- Si el conductor del carro morado es un VPI de los comunes entonces se meterá al hombrillo (lo cual está prohibido) para adelantar a los pendejos azules y verdes siguiendo la ruta de los carros amarillos. Al final tendrá que meterse “a lo bravo”, como le gusta, para que un azul o un verde le den paso mientras ya lo insultan por ser francamente abusador. Resultado: mas cola o tranca (si no le dan paso y él no da paso), retraso fuerte, congestión, estrés, probables roces y más demora de la que hubiera tenido de preservar su canal verde o incluso hasta el azul.

- Si nuestro conductor resulta ser un VPI de los más perniciosos entonces tomará hasta con arrogancia la ruta de los carros naranja (que suelen ser los dueños de carros grandes: camionetas, rústicos, autobuses, Metrobuses (si, los autobuses del Metro de Caracas), aunque se han visto casos hasta de pequeños carros cometiendo esta gruesa infracción. La ruta naranja se construye “a lo arrecho” con medio pedazo del hombrillo y la grava, grama o el reborde que sale de la carretera. Los carros por allí pasan pegándose peligrosamente a los demás y por lo general lo hacen con la mayor agresividad para evitar el reclamo. Al final estos VPI, junto con los anteriores, son los responsables de las mayores congestiones, los choques, el estrés e incluso la violencia. Resulta curioso descubrir que ese VPI que llega al principio de esta cola y se queja de la misma, al tomar la ruta naranja o la amarilla va a ser el mismísimo causante de esa cola de la cual se quejó al principio. Su conducta patológica de apuro e irrespeto termina por retrasarlo todo incluyéndolo a él mismo.

¿Será que realmente esta gente no se da cuenta de lo estúpido que resulta este comportamiento en las colas?

El VPI contestón (la réplica por replicar)

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Está bien, vamos a estar claros que buena parte de nuestros problemas de tránsito consiste en que las propias autoridades (fiscales) quienes deberían hacer cumplir las leyes con la mayor justicia y en forma implacable, no lo hacen, sino que por el contrario son tan arbitrarios, incumplidos y descuidados como los propios conductores infractores, en su gran mayoría VPI de la peor especie.

Pero si usted observa la conducta de cualquier conductor con tendencias VPI, sea una viejita de 60 años en un Volkswagen, un señor ejecutivo en una camioneta de lujo, una estudiante en un Palio o un muchacho humilde en un Fairlane de los 80, cuando es detenido por un fiscal de tránsito por haber incumplido alguna ley, notará una reacción común en todos: TODOS replican, protestan, reclaman, se tragan al fiscal, dicen conocer gente en el gobierno, manotean, etcétera. Ninguno o demasiado pocos reconocen su falta y aceptan la multa o la amonestación verbal que les toca sin rechistar.

Entretanto el fiscal pierde entre 15 y 30 minutos aguantando el discurso encolerizado del VPI quien le entrega de mala gana los papeles mientras insulta velada o frontalmente al funcionario (caso aparte son los motorizados: en general cuando alguno de ellos es detenido por algún fiscal osado, su agresividad se potencia y se sabe de casos en los cuales han agredido físicamente al fiscal o lo han amenazado hasta con armas de fuego)

Durante esos minutos de réplica por replicar, el resto de los VPI  aprovecha para cometer (seguir cometiendo más bien) todos los desmanes habidos y por haber en el punto donde está el fiscal y abusan del hecho de que él está distraído.

Nuevamente aclaremos, quizá de cada 10 detenciones hechas por el fiscal de tránsito, 3 son injustas; te paran por no poner una luz de cruce mientras frente a él 14 motorizados se comen la luz, un autobús se para sobre el rayado peatonal y una camioneta da un giro en U prohibido, pero también es cierto que los pillados in fraganti cometiendo barbaridades tampoco se quedan callados y les cuesta patológicamente aceptar su responsabilidad sobre su conducta estúpida, antisocial y muchas veces peligrosa.

En una sociedad que funcionara, reclamarle a un fiscal de tránsito cuando te detiene debería ser como protestar un strike en el béisbol: si lo protestas estás botado del juego.

Pero… ¿Quién le pone el cascabel al gato?

El Ruido, los ruidosos y su inconsciencia

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Una característica bastante común del VPI es su capacidad ruidosa y esto se debe a que el hacer ruido hasta niveles molestos es una forma limpia, gratis y directa de agredir y por lo tanto de demostrar estúpidamente (por supuesto) lo arrecho que el VPI supone que es.

En la oficina donde trabajo hay una VPI, particularmente antisocial y perniciosa, la cual GRITA los recados o recordatorios a su jefe el cual se encuentra en otra oficina a menos de 6 metros de distancia, comunicados además por Messenger interno y por teléfono. Ella prefiere gritar para demostrar que es “arrecha” y atormenta al resto de la gente de la oficina con sus gritos de loca.

El ejemplo clásico es el de esos carros que transitan con un arsenal sonoro de alguna música de la más ruidosa con una inversión de millones en cornetas, buffers, bajos, etcétera. Puede ser que el vehículo sea una chatarra vieja pero suena como diez discotecas juntas…sólo para que el VPI dueño demuestre taladrándote el oído que es un “arrecho” en sonido y te puede dejar sordo si te metes con él (¿?)

Otro ejemplo para el cual pienso hacer una campaña es el de las cornetas (o claxon) de las busetas. A esos demenciales aparatos que le instalan desde hace unos años para acá a la mayoría de los vehículos de transporte público les deberían hacer mediciones con decibelímetros y prohibir su uso. La contaminación sónica TAMBIÉN ES CONTAMINACIÓN y si usted vive la amarga experiencia de escuchar un cornetazo de uno de nuestro autobuseros VPI (casi todos) en una cola, sabrá, sin necesidad de medir mucho, que ese ruido es un atentado contra el sistema nervioso. ¿Le importará a las autoridades hacer algo al respecto?

Si queremos una ciudad pacífica ¿no habrá que tomar medidas también con respecto a su nivel de ruido?

Otros artículos en este blog sobre el tema:

La estruendosa y enfermiza corneta

Corneteo contaminación estúpida

El corneteo y el reclamo: pan de cada día

Las colas de gente