Las colas y los VPI

Si usted hace una cola (o fila) delante de un cajero automático o alguna taquilla o cualquier cosa frente a la cual se deban formar las personas parar esperar pues no tiene que esperar mucho para ver aparecer a los VPI y su apuro estúpido.

En el dibujo se refleja primero una fila normal de personas en la cual cada una está más o menos detrás de la otra esperando su turno y avanzando un poco cada vez que la primera persona termina de hacer su diligencia.

A un lado está la fila ya con los VPI presentes, identificados por las caras grises. Ellos no se colocan totalmente detrás de la persona que va adelante sino que se ponen A UN LADO y apenas un paso atrás cuando mucho. Las flechas señalan dos cosas: primero las constantes miradas que dirigen estos personajes a la punta de la cola como queriendo regañar a quien va de primero por tardarse o al cajero por ser lento o al banco por tener cajeros complicados, etcétera. Reclaman con la mirada y por eso se ponen de lado para ver mejor y demostrar que son arrechos con la mirada y la postura.

Lo segundo que señalan las flechas es la intención de colearse si se presenta la oportunidad. No hay que olvidar que si de algo se precia el VPI es de su astucia y por lo tanto “colearse” en una fila es un acto de reafirmación y viveza por excelencia.

Los VPI de esa forma se mantienen en alerta para reclamar la lentitud de la cola y meterse adelante si hay chance.

Las filas con VPI entonces dejan de ser líneas rectas para convertirse en curvas anárquicas con gente regada y adelantada en perfecto desorden. Ideal para la trampa. Como el rio revuelto según el dicho perfectamente conocido por todos los VPI.

Más de los VPI relativos

Una de las incoherencias más marcada en la conducta estúpida de los VPI es la referente a lo relativo del tiempo y de sus acciones. Un ejemplo claro es el que presencio a diario en el edificio donde vivo. Allí hay una puerta de seguridad para acceder a las escaleras internas que tiene un brazo mecánico para cerrarse sola pero, como es normal, con frecuencia ese brazo se daña o se descalibra lo cual hace que la puerta quede abierta. Con dicha puerta los VPI actúan de las siguientes formas:

- Que no se cierre sola es algo de lo que no se dan cuenta los VPI hasta que alguien se los dice y aún así,  sabiendo claramente que es un tema de seguridad, ni por asomo se les ocurre la idea de asegurarse de cerrar con la mano la puerta cuando pasan. Su apuro es más importante que la prevención de delitos en el edificio y no tienen ni un segundo para darle el último empujón que la cierre, sin embargo…

- Si la puerta funciona perfectamente estos mismos VPI, cuando bajan a pasar un rato en la planta baja del edificio a hablar, a fumarse un cigarrillo o a comprar algo en el abasto, dejan la puerta abierta también pero a propósito, es decir, se detienen un momento a impedir con la mano que la puerta quede cerrada porque ellos “regresan en un ratico” y les da flojera tener que meter la llave en la cerradura desde afuera y abrir. Su apuro estúpido entonces no aplica sino que tienen suficiente tiempo para preocuparse por impedir que la puerta cierre ya que ellos van a volver a pasar por ahí pronto. Claro que esto además implica que el brazo mecánico se va descalibrando debido a que no realiza su recorrido completo.

La seguridad les importa tres pepinos, el tiempo del VPI, sea apurado o relajado, está por encima de cualquier otra cosa, incluso de su propia seguridad y la de los suyos.

Así ocurre en la calle cuando un conductor te cornetea desaforado para que te apures y luego, cuando se pone a hablar por el celular, circula a 10 Km/h zigzagueando y sin importar el retraso que produce o con aquellos “comeluces” que irrespetan cuanta luz roja se les atraviesa y sin embargo, ante un semáforo dañado, son los primeros en defender su luz verde e insultar a los que se “comen” la luz roja fija de la otra vía. Peor aún los que vienen comiéndose una flecha y regañan a quienes lo regañan por su burrada, casos que mencioné antes aquí.

El VPI es un ser totalmente relativo en todas sus acciones y percepciones y por lo tanto también en sus argumentaciones.

Culpas que no son de Chávez

En Venezuela es ya un hábito culpar a su presidente actual de todos los males y de todos los inconvenientes que suceden aquí, desde una uña enterrada hasta el reventón de un tubo en Guatire, desde el viejo hueco en la avenida de enfrente hasta la subida de los precios del curry, todo es “culpa de Chávez“, pero desde el inicio de este blog hasta el sol de hoy, me he dedicado a observar, comentar, tratar de explicar y también sufrir muchas de las cosas que hacen todos los que no son Chávez, particularmente los VPI, cuyas consecuencias son iguales o peores que las que supuestamente resultan del accionar presidencial. A continuación enumero algunas:

Culpas que no son de Chávez…

… los niños lesionados porque sus padres le dejan usar fuegos artificiales sin supervisión

… los mojones de perros regados en las aceras porque los dueños de los canes no les da la gana de recogerlos

… el vecino que hace constantemente fiestas ruidosas sin importarle los demás

… los conductores que se comen flechas y semáforos, que se atraviesan en los cruces y en los rayados peatonales

… los “hombrilleros”

… los motorizados, autobuseros y gandoleros abusadores, agresivos e irresponsables

… la gente que echa cualquier tipo de basura en la calle

… aquellos que derrochan agua y luz, tanto los inconscientes como quienes lo hacen adrede

… los cajeros y cajeras de cualquier tienda, empresa o ministerio que te tratan mal, no te ayudan y hacen mal su trabajo

… los alarmistas, amarillistas, tremendistas y morbosos tanto de medios públicos formales como de redes sociales

… los ruidosos o los groseros que usan su escándalo personal o sus palabrotas para agredir a los demás

… los usuarios del Metro que no dejan salir de los vagones, impiden el cierre de puertas a propósito, se atraviesan en las puertas, oyen música a todo volumen o dañan las instalaciones

… los parques infantiles dañados porque los vecinos que los usan no colaboran para limpiarlo y mantenerlo en buen estado para sus propios hijos

… las playas sucias por los desperdicios de los temporadistas

… los racistas y sus derivados

… los borrachos fastidiosos o belicosos

… los que abusan de las mujeres, los y las machistas, los y las burlistas

… los violentos por gusto

… los padres y madres que enseñan a sus hijos a cruzar la calle sin luz verde y fuera del rayado y a botar basura en cualquier parte

… los VPI (al menos los que no están en ningún cargo político chupando dinero del Estado y haciendo un trabajo mediocre y egoísta)

… (ponga aquí su culpa)

… etcétera

HDP

Recientemente se estuvo comentando sobre la expresión “hijo de puta” en Venezuela debido a que la misma fue utilizada por un personaje chavista (Mario Silva durante la transmisión de su programa de TV “La Hojilla“) en contra de el dueño de un periódico antichavista (Miguel Henrique Otero de El Nacional). La sentencia del Tribunal Supremo de Justicia consideró que la expresión no era difamatoria ni injuriosa, que fueron los cargos de la acusación, dejando sin efecto la demanda.

La expresión en si es considerada por la RAE como un insulto, no como una injuria ni como una difamación, es decir, como una frase soez que se emplea para insultar a quien se considera una mala persona y no para ofender el honor de la madre de dicha persona.

Por otro lado en varios tribunales españoles hay precedentes de decisiones similares exculpando a quien utiliza esa expresión considerándola en todo momento como “parte del lenguaje”. Tal ha sido el caso de la Audiencia de Las Palmas, un Juzgado Penal de Barcelona o el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

El detalle no radica en la decisión legal sobre la expresión sino en el hecho de que la misma es muy soez para el español venezolano y su uso, sobre todo si es en un medio público y en la perfecta calma de un programa de televisión, descalifica por si solo a quien la utiliza representando además un terrible ejemplo a dar en el uso del lenguaje para jóvenes y niños quienes deben entender que las groserías, las malas palabras, no deben ser empleadas comúnmente, pues los hace lucir como gente mal educada y agresiva.  Existen en el Castellano muchísimas más expresiones no groseras con las cuales los mensajes de reclamo o incluso el insulto puedeN resultar muchísimo más eficientes y tajantes.

Ya he criticado antes el uso indiscriminado de la grosería en público, sobre todo en presencia de personas desconocidas y principalmente de damas, a quienes considero se les debe tratar con el máximo respeto sobre todo al hablar. Es para mí un tema de buenas costumbres que deben ser transmitidas además a las nuevas generaciones.

Puedo entender el uso de una grosería en voz alta en un momento de frustración o de ira, como una liberación momentánea de una rabia, pero utilizarla fríamente como insulto para recalcar una crítica es simplemente un ejercicio soez que degrada fundamentalmente a la persona que lo hace y estropea el mensaje.

La decisión en el caso Silva-Otero no limpia la imagen del conductor del programa “La hojilla”, al contrario, la enloda, pues da a entender que no tiene vocabulario suficiente como para expresar su opinión sobre Otero sin tener que apelar a groserías para ello en TV de señal abierta cuya retransmisión cualquier joven o niño puede encontrar en Internet en cualquiera de los horarios establecidos por la Ley Resorte.

El precedente no es venezolano sino español pero bien podríamos dar lecciones de altura en nuestro lenguaje a los europeos si decidiéramos dejar de defender el uso de las malas palabras para la agresión verbal, práctica típica de los más perniciosos VPI.

Cajero VPI: Banco Mercantil

El miércoles de esta semana llegué a la oficina del Banco Mercantil que queda en el Centro Plaza en Los Palos Grandes con un cheque a mi nombre el cual tuve que ir a depositar por caja pues la máquina para depósitos automáticos estaba inexplicablemente apagada.

Tomé mi número  para la cola virtual (tan odiada por los VPI) y finalmente llegué a la caja 6. Allí me atendió un joven. Le pasé el número, la planilla de depósito y el cheque. Entonces sucedió el siguiente diálogo:

Cajero –  Mire el cheque está mal endosado. Se lo van a devolver

Yo – Pero ¿Cómo que mal endosado?

C- Si fíjese, en el endoso en vez de poner “de David Herrera” puso “de cuenta corriente”

Y – Claro, así me dijeron hace años aquí mismo que lo hiciera. Igual el número de la cuenta es el correcto y pertenece a mi nombre y está colocado en la planilla y en el cheque.

C- No señor,  aquí debe poner es su nombre, está mal endosado y se lo van a devolver – Y se fue a preguntar al supervisor. Al volver repitió – Si. Está mal endosado y se lo van a devolver – y me devolvió cheque y planilla.

Y – No entiendo – dije ya molesto. Tenía ganas de pelear pero lo pensé mejor y me fui.

De allí salí y caminé hasta la otra agencia del Banco Mercantil que queda en toda la esquina frente a la Plaza Altamira. Deposité el cheque SIN NINGÚN TIPO DE PROBLEMAS y ya se hizo efectivo en mi cuenta.

¿Un cajero que no quería trabajar? ¿No había posibilidad de que en vez de mandarme a buscar otro cheque, el cajero me recomendara tratar de poner mi nombre encima de donde decía “de cuenta corriente”? ¿No tiene el Banco Mercantil un criterio único sobre cómo deben endosarse los cheques sino que uno está atado al capricho del cajero o cajera de turno?

Lo comenté antes, si hay alguien que nunca pierde esos son los bancos (y las aerolíneas). Esta vez su propia incoherencia procedimental me ahorró tener que pagar 240 Bs más en taxi para pedirle a quien me pagó el cheque que hiciera otro lo cual se tardaría al menos dos semanas. Gracias Mercantil por los favores recibidos. Amén.

 

Foto de Luis Galviz

Taxistas millonarios: anécdotas

Siguiendo el artículo anterior sobre los taxistas millonarios comentaré aquí algunas anécdotas.

90 Bs de Chacao al Hotel Alba

Apurados, sin lluvia y cerca de las 5 pm un taxista nos quiso cobrar 90 Bs (20 US$ al cambio oficial) desde Chacao hasta el Hotel Alba frente al Teatro Teresa Carreño. Le comentamos que lo que pasa es que no quería trabajar. Otro taxi pasó al rato y nos llevó por 60 Bs (13 US$). Se demoró 25 minutos en poco más de 4 Km lineales.

120 Bs de UNEARTE a El Llanito

Ese mismo día a las 8:30 pm, sin lluvia la línea de taxis que está en frente de UNEARTE (antiguo Ateneo de Caracas) me quiso cobrar 120 Bs (27 US$) hasta El Llanito por la autopista. Una distancia de algo más de 10 Km. No había cola así que máximo demoraría 20 minutos. Le dije que si era un chiste y me fui.

No vamos a El Llanito

Más adelante. 8:40 pm. Sin lluvia. En la línea que está frente al Metro de Bellas Artes pero más al Este (porque hay dos) pregunté por la misma ruta. Me dijeron que para allá no iban. Desde ese punto tan contaminado, sobre poblado, ruidoso y peligroso de la ciudad ellos no iban hasta El Llanito que es un punto mucho menos sucio, ruidoso y congestionado. Les dije que eso quedaba en Caracas, no en Guarenas. Se rieron pero no me llevaron. Me tuve que ir en Metro (el cual ese día funcionó bien)

Línea de taxis de CAVENDES

Debajo de la torre CAVENDES, sobre la Av. Francisco de Miranda a la altura de Los Palos Grandes hay una línea de taxis. Choferes muy amables generalmente. Sin embargo una tarde asoleada a las 4 pm me acerqué. Había cola como casi siempre hay en la avenida. Había un solo señor sentado (echado más bien). Le pregunté: “¿Está trabajando?”. “No” me dijo. “¿Por qué?”. El señor entonces no dijo nada sino que señaló la cola de la Francisco. “Si no quiere conseguir cola tienen que dedicarse a otra cosa” le dije. “Si, me pondré a putear” me contestó. “No, mejor móntense un quiosco de chucherías” le terminé de decir y me fui. La ruta que le iba a pedir la cual ya he hecho con ellos en otras ocasiones la pago a 100 Bs (22 US$) sin embargo ese día tenían flojera de ganar dinero. Millonarios al fin.

“No chamo”

Ese mismo día frente al Centro Plaza detuve un pirata. Le pregunté si iba para Chuao. “No chamo” me respondió con cara de flojera y siguió su camino. Otro que se perdió sus 100 bolos.

“No voy a todas partes”

Otro día detuve un taxi para ir de Los Palos Grandes a La California. El señor explicó de entrada “mire, yo no voy a todas partes porque hay mucha cola ¿oyó?”. Cuando le dije el destino lo pensó unos instantes y me dijo que sí. Me cobró 50 Bs (11 US$) por una distancia de 2 Km.

Es tan variada la tarifa por kilómetro como variados son los caprichos de nuestros taxistas ricachones. Caracas da para todo.

¿Motorizados satanizados? – 2da. Parte

Siguiendo con el tema de los motorizados o motociclistas de Caracas, a dos meses de aprobarse la “Ley de Transporte Terrestre Sobre el Uso y Circulación de Motocicletas en Nacional y el Transporte Público de Personas en la modalidad individual Mototaxis”, es notorio el hecho que de dicha ley es letra muerta pues seguimos viendo a los motorizados circulando a toda velocidad entre canales, sin cascos y sin ningún tipo de identificación, llevando a una y hasta dos personas de pasajeros, montándose en aceras, y comiéndose flechas y semáforos.

El aspecto más preocupante de esta conducta aberrante por parte de una mayoría de los motociclistas es su exacerbada agresividad en contra de cualquier persona que les reclame sus infracciones o, peor aún, en contra de cualquiera que los obligue a pisar el freno.

En el período de lluvias sucede un fenómeno adicional que permite volver a asegurarle a Chávez que los únicos responsables de satanizar a los motociclistas no son otros que ellos mismos.

Un amigo motorizado me explicó que, por ley, ellos deben llevar siempre en sus motos un “kit de lluvia”, es decir, prendas impermeables que les permitan seguir circulando hasta su destino. Por supuesto que, tal como ocurre con casi todas las leyes, esta tampoco la obedecen y entonces cuando caen los aguaceros en la ciudad se ven obligados a refugiarse debajo de techos o puentes.

El problema viene cuando los motorizados se protegen de la lluvia parándose debajo de los puentes de la autopista en donde, en primer lugar, ellos ni siquiera deberían estar. Como son tantos motorizados con sus motos circulando por esa vía, terminan amontonándose como sea hasta que obstaculizan los canales generando muchísimo más retraso en la circulación de los carros del que comúnmente ocurre cuando las vías están mojadas.

Se han visto casos en los cuales el agrupamiento de motorizados es tan grande que sólo queda un canal libre para que pasen los carros.

Lo peor no es eso, que ya de por sí es un gran abuso, sino,  tal como menciono arriba, la agresividad, pues resulta que muchas veces entre esos grupos de motorizados detenidos por la lluvia hay algunos se dedican a lanzarle piedras a los vidrios de los carros que pasen a más de cierta velocidad por el único canal que dejan libre, con la excusa de que los carros “los mojan”, es decir, su razonamiento VPI es: “a quien me moje le parto el vidrio y si es posible la cabeza”. No miden, en su rabia patológica, que mojar a alguien no es lo mismo que reventarle la cara o un vidrio de un peñonazo. Ni siquiera consideran las consecuencias de su conducta si ocurre que en el carro va una persona mayor o un niño y recibe el impacto de la piedra lanzada con resentimiento a cambio de una salpicada.

Es preocupante que Caracas sea un pueblo sin ley y lo que ocurre con los motociclistas en nuestra ciudad no hace más que reforzar esa tesis.

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Artículo anterior:

¿Motorizados satanizados?

Foto de Globovision

En las escaleras fijas: los VPI del medio

Lo que he llamado el “apuro estúpido” del VPI es proverbial y en esta página he descrito varios ejemplos de ello siendo los “hombrilleros” (aquellos conductores que utilizan el canal de servicio u “hombrillo” en las autopistas para circular a toda velocidad como si fuera un canal normal) el ejemplo más típico y común, sin embargo, en el caso de los peatones, además de los que cruzan arriesgándose como locos con luz roja o fuera del rayado, existen unos transeúntes que son los exactos equivalentes de los hombrilleros de cuatro ruedas. Se trata de los “ VPI del medio” de las escaleras.

Si usted viaja en el Metro de Caracas podrá ver los VPI del medio en cualquiera de las escaleras fijas del sistema, particularmente si es la hora de mayor tránsito aunque la verdad yo los veo a cualquier hora.

¿Pero dónde? Muy sencillo.

Usted se baja de su vagón y camina hacia la escalera para subir. Al pie de la misma verá que se comienza a aglomerar la gente que quiere subir primero entremezclándose con quienes vienen bajando por su lado derecho. En el forcejeo se producen entonces tres corrientes de caminantes (desde su punto de vista): los que suben por la derecha (identificados con el N° 1 en la foto), los que bajan por la izquierda (N° 2) y los que suben “a lo arrecho” por todo el centro de la escalera sin tener pasamano del cual agarrarse, tropezando con los que suben y con los que bajan a riesgo de echarse una buena matada y produciendo aún más interferencia en la fluidez de la escalera (N° 3). Esos son los VPI del medio.

Cuando hace esto el VPI del medio tiene en su mente dos premisas, en primer lugar su apuro estúpido que hace que “su tiempo” sea más importante que el de nadie más. En segundo lugar el VPI, como se considera el más arrecho o la más arrecha, considera que los que suben ordenadamente, uno detrás del otro, agarrándose del pasamano disponible, son unos pendejos lentos que obstaculizan toda la maniobra. Y sucede que al llegar arriba y salir de la escalera los que suben por la derecha caminan tanto o más rápido que los que subieron por el medio pero estos del medio NUNCA SE DAN CUENTA. Sienten que los empellones que propinan y reciben por subir estúpidamente azorados por el centro de la escalera los hace ganar tiempo cuando la realidad es que terminan adelantando a lo sumo una o dos personas y ganando cuando mucho algunos segundos.

Hay unos VPI peores, los que BAJAN por el medio. Estos califican de suicidas potenciales o masoquistas, pero el resto de sus ideas son exactamente iguales a las de los VPI subidores descritos anteriormente.

Con mi moto no te metas

Hagamos un ejercicio hipotético, supongamos que de pronto a todos nos quitaran los carros y nos dieran motocicletas. Seguramente a partir de ese momento todos comenzaríamos a comportarnos al manejar exactamente igual que los motorizados actuales. ¿No lo crees?

Analicemos.

¿Cuales son los vehículos que quedan la mayoría de las veces encima de los rayados peatonales? Respuesta: carros y motos

¿Quiénes quedan mal parados en los cruces al cambiar el semáforo por meterse aún sabiendo que van a quedar atravesados?  R: los carros (las motos se cuelan todas)

¿Quiénes son los que cornetean al carro de adelante para que se coma la luz o le pase por encima a algún peatón inconsciente que viene cruzando mal o a última hora? R: los carros (las motos ya se han ido comiéndose la luz y casi atropellando al peatón)

¿Cuáles vehículos son los que aceleran para no permitir que los otros no cambien de canal? R: los carros (las motos no varían su velocidad al circular)

¿Cuáles son los vehículos que son arrojados (tirados) por sus conductores hacia los peatones para que estos se apuren aún cuando vengan cruzando con su luz en un cruce compartido? R: carros y motos por igual (la ventaja es que la moto esquiva con mayor facilidad. Con el carro hay que pegar el brinco si uno va caminando)

¿En los municipios con aceras muy bajas o casi inexistentes cuáles son los vehículos que las ocupan estacionándose indebidamente? R: carros y motos.

¿Vehículos que se comen los flechados en cualquier vía de la ciudad? R: carros y motos.

¿Vehículos que chocan, se colean, se vuelcan, etcétera a diario en la ciudad? R: carros, camiones, autobuses y motos.

Etcétera, etcétera.

¿Y todavía no lo crees?

Las brujas

En mi oficina trabajan tres brujas que son excelentes ejemplares vivientes de esos y esas VPI que abundan en los lugares de trabajo. También hay un patán pero de él ya hablé antes por aquí mismo.

Las tres brujas tienen cada una sus características individuales pero al mismo tiempo comparten muchas premisas típicas de este tipo de personaje: hacen mal su trabajo o con desgano, se sienten menospreciadas (pese a hacer mal su trabajo), procuran trabajar lo menos posible y sacarse de encima la mayor cantidad de tareas que puedan, hablan mal de la empresa, de sus jefes y de sus compañeros aún cuando por la octava parte de lo que les han permitido hacer aquí las hubiesen botado y hasta puesto presas en otras empresas.

La bruja mayor alias “la sabia”: esta es la típica resentida empresarial. Saca a relucir sus sopotocientos años en el puesto y un supuesto título universitario tanto para pisotear a las empleadas nuevas como para justificar su rabia por no ser “reconocida” por la empresa. Maltrata a todo aquel que dependa de ella en el trabajo y se jacta de profundos conocimientos en todas las áreas (otra excusa para humillar frecuentemente a las lentas o las brutas, según su criterio). Adicionalmente es la más arrecha en todos sus cuentos y maltrata públicamente a su hijo y a su segundo esposo, pero es que incluso le contesta mal al dueño de la empresa. Se dice que no la botan porque le sabe “muchos secretos a los jefes” y porque le pagan mucho menos de lo que tendrían que pagarle a una recién graduada, más profesional y respetuosa.

La bruja chistosa alias “mala mamá”: esta es la típica viva criolla. Pedigüeña, chismosa, cizañera. Sufre de una verborragia incontrolable la cual excusa con aquello de que si no habla “le da mal aliento”. Hace su trabajo a paso de morrocoy y mal pues pasa la mayor parte del tiempo hablando por teléfono con sus comadres o sino en constante cháchara con las otras brujas haciendo chistes de doble sentido y riéndose estruendosamente. La burla es una de sus caras y la otra es la “pobrecita yo”. Deja de comprarle medicinas a su hijo y le rinde las compotas con agua pero eso sí, tiene celular nuevo cada año y acaba de adquirir un nuevo carro. Nunca sabe nada de lo que se pregunta y por ello logra endilgarle a los demás su trabajo entre chiste y chiste. Se comenta que tampoco la botan porque no es tan mala sangre como la bruja mayor y porque, igualmente, le pagan poco. Ahora tuvo una segunda hija lo cual implica que se hará todavía más “víctima” y rendirá al doble las compotas.

La bruja miss alias “la toche”: es la niña consentida de casa quien luego de ser ensalzada como la reina de un hogar viene a querer ser tratada igualmente en la oficina. Le dicen la miss por su forma de caminar, apretando las nalgas y levantando la barbilla mirando hacia abajo al resto de los mortales (aunque se enloda feliz con las bajezas de las otras brujas). Lleva un record casi perfecto de metidas de pata en la oficina y su curva de aprendizaje es más bien una recta plana. Reacciona con inmadura, más bien digamos que infantil violencia ante reclamos, correcciones o asignaciones de nuevos trabajos. Se nota a leguas que no quiere estar en la oficina sino meterse a comerciante pero sigue viniendo a su puesto, llegando y yéndose a cualquier hora. De las 52 semanas del año solo 10 asiste todos los días, el resto falta uno o dos días, por supuesto que preferiblemente lunes o viernes, tampoco es tan toche. Tiene unas 20 conversaciones telefónicas al día de las cuales la mitad son peleas. La razón por la cual no la botan continúa siendo un misterio y ha dado pie a montones de especulaciones de las cuales no haré eco aquí.

Obvio, son brujas. Nadie las puede tocar.

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