Centros comerciales anti-gente – II parte

Unicentro El Marqués

Si usted es una persona anciana o está embarazada o sufre alguna dolencia reumática en rodillas, piernas o espalda o tiene problemas respiratorios o es una madre sola con su bebé con o sin coche y si además usted llega al Unicentro El Marqués en Caracas, al final de la tarde y se ve obligado a parar su carro en los pisos 3, 4, 5 o 6 del estacionamiento la recomendación es que no se estacione sino que agarre su carro y salga de ese centro comercial no apto para personas.

Resulta que más o menos a las 10 pm ellos apagan los ascensores que suben a las personas a esos pisos altos del estacionamiento, sin ninguna excusa, sin ninguna explicación y además sin ningún tipo de alternativa para las personas a quienes les cueste subir las escaleras como las que nombro arriba.

Nos pasó este domingo “Día del Niño”. El centro comercial estaba abarrotado y tuvimos que parar en la azotea (piso 5 o 6). Cuando regresé con mi esposa embarazada a las 10:30 pm encontramos los ascensores apagados todavía con muchos carros parados en los estacionamientos y un vigilante que decía “no es mi culpa”. “Claro” le dijo mi esposa “nunca es culpa de nadie”

Plaza Las Américas
Luego de escuchar uno de los tantos conciertos que allí realizan en la parte baja del centro comercial el cual terminó como a las 8 o 9 pm a la gente de este centro comercial también se les ocurrieron unas cuantas ideas anti gente: cerraron las escaleras mecánicas, tenían todos los ascensores malos y dejaron una única taquilla de prepago. ¿Resultado?, viejitos, viejitas, embarazadas, todo el mundo a hacer una sola súper cola para pagar y luego TODO EL MUNDO a subir por las escaleras para los pisos superiores del estacionamiento. ¿La gente?, pareciera que no les importara.

Party Depot (Colinas de Bello Monte y Boleíta)
No es precisamente un centro comercial pero si una tienda muy grande. El trato fue más o menos el mismo, como si usted el cliente, fuera una molestia para ellos. Fuimos a ver coches de bebé también este domingo día del niño en la tienda de Colinas de Bello Monte, pero los coches están en una zona alta donde no había ningún vendedor. Tuvimos que ir a buscar uno quien cuando subió nos demostró no saber nada de lo que estaba vendiendo, insistió por ejemplo en que los coches de bebé tienen sólo dos posiciones cuando ya nosotros hemos visto que llegan a tener hasta cinco. No sabía los precios y le daba flojera buscar opciones de coches y porta bebés. Le indicamos la queja al sub gerente pero demostró la actitud usual de “me importa un bledo su reclamo” (y por lo visto también el dinero que podíamos haber gastado allí).

En el de Boleíta la atención también fue bastante tardía pero al menos la persona sabía un poco más. Lo raro fue encontrar coches y porta bebés de un inventario del 04 de julio de 2005 ¡con precios actualizados!

¿Qué está ocurriendo en los comercios que están buscando la manera de espantar a los clientes?, ¿será que ya están desbordados por la actitud al estilo VPI?

 

Foto de Arss5000

La cesárea: ¿génesis del VPI?

Esta semana he recibido una información sumamente interesante con relación al posible origen de la violencia en las sociedades y por supuesto, dentro de la temática de lo que escribo, con relación al origen de la patología de los VPI, los cuales día a día van empeorando la convivencia en nuestro país.

Se trata de las investigaciones del Dr. Michael Odent sobre el impacto en la vida del ser humano de su forma de nacer (por parto natural o por cesárea) y de lo que haga durante esa primera hora luego del alumbramiento.

Según esas investigaciones y diversas estadísticas el nacimiento natural y el contacto con la madre sin distracciones dentro de esa primera hora luego de nacido, tiende a producir seres humanos con una mayor capacidad de amar, debido al adecuado equilibrio hormonal que obtiene de esa llegada al mundo por vía natural (sin ser forzado a salir) y por el intercambio armónico físico-químico en perfecta conexión que recibe de la madre al estar con ella en esos primeros instantes.

Por otro lado la cesárea tiende a producir seres humanos más desapegados, con inclinación a la agresividad, al aislamiento emocional, con mayores dificultades para la conexión amorosa, la empatía y la solidaridad. Esto debido a que el nacimiento por intervención quirúrgica obstétrica corresponde a un acto anti natural, forzado, interrumpiendo todo el proceso de parto el cual de por sí contiene todo lo necesario, física, química y espiritualmente para que el bebé nazca sin ningún tipo de complicaciones. De la misma forma el alejar al bebé de la madre apenas nace o incluso por más de una hora luego de nacido interrumpe el proceso natural de adaptación, de armonización y de equilibrio hormonal para el recién nacido y para la madre.

Independientemente de la necesidad de practicar obligatoriamente la cesárea en caso de complicaciones médicas serias, pareciera que la tendencia a convertir el nacimiento en algo mecanizado, superficial, se ha traducido en sociedades más violentas y desapegadas. Esa tendencia pareciera estar más presente en los lugares en donde el índice de nacimientos por cesárea es mayor.

En nuestro país según estadísticas no oficiales este índice es de alrededor del 80%.

Resulta un elemento nuevo sumamente interesante para analizar el origen de los VPI y sus conductas.

Pueden encontrar varios artículos de Michael Odent aquí

Centros comerciales anti-gente:

La razón de ser de un centro comercial debería ser la gente, es decir, hacer que la mayor cantidad de gente circule por él y se quede en él, sin embargo, en nuestra sociedad enferma de contravalores y plagada de VPI’s que actúan, forman y deciden, nos encontramos el mundo al revés de centros comerciales o locales los cuales más bien se dedican a espantar a la gente.

Un ejemplo: Unicentro El Marqués. Este centro comercial venía muriendo de mengua ante la proliferación de los mall hace varios años, hasta que se repotenció gracias a la instalación de una multisala de cines totalmente nueva en forma de torre y de la construcción de otra torre solamente para estacionamiento. Sin embargo a esos cambios que revivieron al Unicentro trayendo más gente que nunca se sumó una práctica insólita: el cierre de los accesos peatonales. Antiguamente se entraba al Unicentro de varias maneras formando parte de un paseo a pie integrado entre las calles circundantes y los locales comerciales. Ahora para superar los muros o las rejas que lo rodean se tienen tres entradas cada una más compleja y apretada que la otra y luego de las 9 o 10 pm usted debe entrar o salir del centro comercial por donde mismo entran o salen los carros pasando por debajo de las barreras ya que las pequeñas puertas de acceso se cierran.

Al principio parecía que le daban preeminencia a los carros sobre los peatones pero el constante cambio de flechas y accesos en los estacionamientos internos y los cierres arbitrarios de salidas obligando a todo el mundo a salir prácticamente por una sola puerta, demuestran que la cosa más que anti peatones es anti gente en general.

Otro ejemplo: en el Excelsior Gama de Macaracuay. Este domingo hicimos unas compras medianas allí. En la caja la muchacha al pasar una bolsita de papas colombianas vio que no tenía código de barras, y dijo “Ay!, este no tiene código”. Y dejó de lado la bolsita para pasar todo el resto de los productos. Al final dijo el monto total facturado…sin incluir la bolsa de papas. Le pregunté: “¿Y las papas?” y respondió “es que no tienen código”. Le dije: “bueno, búsquelo con calma que no estamos apurados”. Respondió: “es que no hay nadie por aquí…”. Silencio y cruce de brazos ignorando la insinuación de ponernos a los clientes a hacer el trabajo que les toca a ellos, mientras dos personas más esperaban en la cola. La muchacha entonces hizo lo lógico, llamó a otro muchacho del mercado para que buscara una bolsita con código.

Mientras tanto empaquetamos los productos nosotros mismos y tuvimos que buscar nuestro propio carrito para cargar las bolsas y llevarlas al carro en un mercado que antes solía tener al grupo de chamos que uno ve normalmente en esos sitios que se encargaban de eso. La cosa pareciera ser ponértela difícil a ver si no regresas más. ¿Absurdo verdad?

Dejar el país

En estos días escuchaba en un programa de TV a unos panelistas declarando las “razones” por las cuales la gente se va del país, se va de Venezuela. Según lo que dijeron allí entre las razones está  la “inestabilidad política y social” y “la inseguridad” más otras mas a las cuales les dieron menos relevancia en ese momento.

Me llamó la atención lo de la “inestabilidad” pues esa definición corresponde a un concepto muy específico el cual no me pareció que aplique en este momento en un país cuyos principales problemas no son precisamente los llamados “problemas políticos” o “inestabilidades sociales” sino los que tienen que ver con los valores, el respeto, el orden y el auto estima. Lo otro es una “crisis” escenificada cual espectáculo en los medios pro gobierno y medios pro oposición cuyas versiones generalmente no coinciden con la verdadera realidad para la bueno o para lo malo.

Muchas de esas personas que se van (por no decir la mayoría) llevan consigo esa “problemática” de la cual huyen, y me refiero por supuesto a su condición de VPI. Hay que recordar esa famosa curiosidad de como muchos de los venezolanos que emigran o hacen turismo, resulta que en el exterior cumplen todas las leyes y normas, no botan un papel en el piso, no conducen a exceso de velocidad, respetan todos las señales de tránsito…etcétera. Pero al volver aquí todo eso se les olvida y vuelven a mostrar sus conductas patológicas inexplicablemente y además vuelven a quejarse de ESTE país.

Esos “problemas” de los cuales “supuestamente” huyen los emigrantes venezolanos así como sus soluciones están en todos y cada uno de los que se van y en todos y cada uno de los que se quedan.

A un amigo extranjero que visitó el país hace poco le di un ejemplo sencillo de la conducta insólita que es cultura en el país. Él me preguntó sobre la situación política y sobre los problemas con el chavismo. En ese momento íbamos por la Cota Mil con una cola de carros que avanzaba lentamente llenando todos los canales incluyendo el hombrillo. Le dije “fíjate cual es el problema aquí, todos esos que tu ves circulando ilegamente por el hombrillo violando una ley de tránsito y de seguridad ciudadana, se quejan de la situación del país o la alaban en exceso, es decir, o están en contra o están a favor del gobierno, pero TODOS están metiéndose por el hombrillo igualándose en su incultura urbana, en su conducta estúpida. Ese es el verdadero problema que tenemos en Venezuela más allá de elecciones, políticos, revoluciones o reacciones.

Irse del país con el problema a cuestas en las maletas mentales es una decisión libre de cada quien, pero indudablemente es necesario concientizar que la solución y el cambio cultural viajan igualmente con cada uno y más que un cambio de fronteras físicas lo que hace falta es modificar las perspectivas de pensamiento y de conductas.

Volviendo al punto

Volvamos al punto: lo que se plantea en esta página, en su explicación original y en las subsiguientes reseñas de comportamientos estúpidos y premisas de los VPI, es que el origen de los grandes problemas que nos azotan de violación de leyes, irrespeto, violencia, disminución del nivel de vida de todos en general, está en esas pequeñas infracciones que día a día se cometen en esta ciudad y en este país principalmente por los VPI (Venezolanos Propensos a cometer Infracciones) y que son asumidas como “naturales” o como “culpa de otros” por ellos mismos mientras las siguen cometiendo y, lo que es peor, las siguen propagando a otros con el ejemplo, especialmente a los niños y jóvenes.

 

Para esta sociedad seriamente enferma el ser honesto es ser un pendejo, un tonto y de allí se desprenden las “lecciones” diarias de cómo “trampear” cuentas, robar material de oficina, colearse en el banco, mojar la mano (corrupción), utilizar “palancas” (más corrupción), etcétera, como única manera de no ser catalogado de “pendejo” y lograr cosas en el mundo…a costa de los demás y a costa de un valor tan vital como la honestidad.

 

Para estos VPI que no aceptan su condición patológica, es lo más normal del mundo botar basura donde sea para luego quejarse de lo sucio que está todo, agredir a todo el mundo porque todos los demás son unos “idiotas” o son los “pendejos honestos” que nombro arriba, arriesgar su vida o la de los demás con carros o motocicletas, molestar a los demás sin importar nada con el humo de los cigarros, el alto volumen de la música o la mala conducta generalizada.

 

Allí radican esas causas de nuestros problemas mayores pues esas conductas estúpidas se transmiten a las nuevas generaciones como “hechos normales” y formas de “ser pilas (ser listos)” en esta vida “tan difícil” y resulta que esos VPI a lo largo de sus vidas llegan a ocupar cargos de importancia: gerenciales, institucionales, comunicacionales, educativos, etcétera y desde allí su experiencia como VPI los lleva a tomar decisiones y a actuar bajo esa misma cultura con las cuales fueron criados, educados y aceptados en esa misma sociedad enferma.

El mal trato

Rude

Cuando usted vea o escuche a alguna persona que se dirige groseramente a los demás sin justificación tenga la seguridad de que está ante un VPI típico. Lo cual no quiere decir que no haya gente con buen trato que no sea VPI. Pero de los que maltratan tenga la seguridad de que son VPI.

 

En una oficina cercana tengo un ejemplo cotidiano. Una señora encargada del área administrativa y pago a proveedores quien cada vez que cuelga el teléfono opina que con quien acaba de hablar “no sabe nada” o es “una o un inútil” o “este tipo no sabe nada”. Cuando los proveedores llegan les dice cortante que se sienten a esperar…así ella no esté haciendo nada (como si el trabajo de ellos que es cobrar fuera una molestia para ella cuyo trabajo es pagar), y les habla con un tono indudable de desprecio para luego burlarse a sus espaldas o criticarle la ropa o inventarle algún chisme. Maltrata constantemente a sus compañeros de otras oficinas y les critica en voz alta el hecho de que no respondan teléfonos a la hora del almuerzo…pero ella a las 5:05 pm está saliendo por la puerta de la oficina sin que nadie le diga nada. Estos VPI típicos suelen cargar el ambiente laboral con una negatividad notable.

 

Otro ejemplo ocurrió en un restaurant chino cercano. Llegaron tres muchachas jóvenes, con una mirada altiva que me las delató desde el primer momento. Una de ellas le gritó al mesero “¡Chino!”. El muchacho se acercó y la misma muchacha le gritó “¡Dame una azúl!”…ni “por favor”, ni “disculpa”, ni “ten la amabilidad”. Nada. “Tráeme y punto, chino”, con toda la implicación además medio racista que implica el uso de ese gentilicio de esa manera. Lo cierto es que a esa hora el restaurant no tenía cervezas y el muchacho trató de explicarlo en ese español difícil usual en ellos. Otra de las muchachas dijo también en voz alta “a este chino no le entiendo nada”. Y mirándose entre ellas y molestas por que no les trajeron “su azul” se fueron con la misma actitud de desprecio con la que llegaron.

 

El VPI es muy fácil de identificar por su maltrato para con los demás cuando lo hace en forma injustificada y sobre todo pedante. Es un ejercicio interesante descubrirlos en eso pues no hay excusas para la descortesía ni la grosería en el trato con los demás.

 

De esa manera el VPI utilizando en forma directa la agresión, el amedrentamiento verbal, busca establecer sin duda alguna su presumida superioridad la cual enfermizamente necesita estar reafirmando constantemente. Lo más peligroso es que estos VPI si ven sus intentos frustrados pueden optar o por la agresión física o por las acciones mal intencionadas para hacer cualquier tipo de daño.

(Imagen de Rudeworks)

Igualdades

La semana pasada escuché a una mujer asegurar por teléfono mientras iba caminando por la calle: “Bueno está bien, déjame llegar y yo lo busco, si es verdad que eres hombre y no puedes hacer dos cosas a la vez”. Entretanto al lado de ella el señor de la caja de una tienda hablaba por teléfono, le cobraba a un cliente y acomodaba unos productos en el mostrador…hacía tres cosas al mismo tiempo.

 

Luego en la esquina un carro se metió mal muy pegado a la acera y un hombre al ver a la conductora del carro dijo “mujer tenías que ser pa’ manejar tan mal”. Casualmente otros dos carros se metieron igual o peor que la mujer y unos 6 (todos conducidos por hombres) se comieron la luz y generaron una tranca innecesaria.

 

Son las premisas sexistas de los VPI acomplejados para justificar su supuesta superioridad sexual al hacer una crítica sobre la actuación de alguien del sexo opuesto.

 

Resultan no ser más que otros de esos mitos “sociales” inventados para reducir a la gente a la etiqueta que le corresponde, generándole auto rechazo y colocándole en una “supuesta” posición inferior. Una práctica generalizada social sobre todo entre VPI’s.

 

Lo cierto es que por ahí hay millones de mujeres que manejan excelente y millones de hombres que son capaces de realizar múltiples actividades simultáneas. Lo que pasa es que la conjura de la sociedad gusta de la “Guerra de Sexos” o de cualquier otra excusa (clase social, equipo deportivo, tendencia política, gordura, delgadez, tamaño, cantidad de pelo, gusto musical, edad y un interminable etcétera) para proveer de la mayor cantidad de herramientas posibles al VPI para que trate de demostrar su pretendida superioridad (“Ser el más arrecho en algo”) que los demás.

Yo creo que a estas alturas ya deberíamos sacudirnos varios mitos de esos. Hace rato que hombre y mujer son iguales y que, por increíble que parezca, los VPI con conductas más estúpidas son los que siguen marcando la pauta en el “deber ser” de las sociedades.

VPI haciéndose el loco y explicando el tránsito

Lecciones de manejo 

Montado en un taxi la semana pasada sufrí las consecuencias de una conducta muy apreciada por los VPI: hacerse el loco, y también escuché explicaciones “serias” sobre el problema del tránsito en Caracas.

 

Para empezar yo estaba de primero en la cola de los taxis y detrás de mí iban dos jóvenes que iban a una zona un poco más peligrosa que está justo antes de mi destino. Llegó el carro, me monté y el señor que coordina los taxis montó también a los muchachos y le dijo al conductor: “Lleva primero al señor (o sea a mi) y luego a los muchachos”. Lo dijo una vez y lo gritó la segunda. El conductor se “hizo el loco” con esta instrucción y como le convenía dejar a los muchachos primero porque estaban “en la vía” los dejó allí. Cuando le reclamé me dijo “ay perdón señor, es que no escuché” (excusa fundamental para quienes quieren hacerse los locos junto con “no entendí”). Así que me tocó que siendo el primero en llegar a la cola me llevaran a mi casa de último y el conductor VPI hizo lo que más le convino a él al costo baratísimo de una disculpa.

 

En el camino nos encontramos las colas usuales que hoy en día se consiguen en cualquier calle de Caracas y los muchachos conversando con el taxista lanzaron la perla usual de que los fiscales de tránsito lo que hacen es “provocar más colas” (un mito absurdo del cual están convencidos fervientemente todos los VPI para sacudirse su responsabilidad de que manejando como dementes producen las mayores congestiones) y luego lanzaron una nueva que yo no había escuchado antes: “no, es que ahora hay más cola porque cada vez hay más gente que no sabe manejar”

 

Para el VPI conductor como buen arrecho que tiene que demostrar que es los demás “no saben manejar” y son “los culpables” de las colas. Es así como encontramos taxistas (que me han tocado) dándole lecciones imaginarias de manejo a los demás mientras casi atropellan a unos peatones y aceleran hasta 140 en el siguiente semáforo o motorizados que en el acto de venirse comiendo una flecha le reclaman al conductor de una camioneta “que aprenda a usar los espejos retrovisores”

 

¿Qué les parece?

La presión

Imagínese que usted como peatón se detiene delante de un semáforo peatonal que está en rojo. A su lado se colocan varias personas también. Pasan algunos carros pero de pronto hay un espacio en el que no pasa ninguno y por allá como a 200 metros vienen varios carros más y motos a cierta velocidad porque su semáforo está en verde. La gente a que está a su lado se lanza a cruzar aún con su luz en rojo teniendo varios de ellos (los que van de último) que correr al final porque el carro casi los alcanzó (porque venía más rápido de lo que creían). ¿Qué hace usted?, ¿se queda esperando su luz verde o se arroja a la calle en grupo con los demás?, si se queda en su acera esperando su luz… ¿no se siente como medio tonto por esperar teniendo oportunidad de cruzar?…¿si?, eso es la presión.

 

También ocurre si usted va en su carro y se para con el semáforo en rojo en un cruce de día o a una hora temprana de noche (por aquello de la inseguridad) y de pronto resulta que no pasan más carros por la otra vía o no viene cruzando ningún peatón por el paso de cebra, comienza entonces a sentir la presión de meterse, de comerse la luz, de darle rienda suelta a un apuro sin sentido, a eso lo ayudan los cornetazos insistentes o los gritos de los carros que van detrás para que se coma la luz o para que medio atropelle al último peatón que cruzó. Es la presión de un colectivo para convertir en VPI a quienes desean no serlo o luchan por no serlo y lo malo es que en la mayoría de los casos se cede a esa presión para no sentirse “ridículo” o para evitar los insultos de los VPI para quienes el que se comporta más o menos correctamente no es más que un pendejo.

 

Esa presión es una de las fuerzas más nocivas de nuestra sociedad y es la que produce día a día más VPI y por consiguiente reduce el nivel de vida de todos. Es esa presión la que busca reducir la opción de portarse bien y ser correcto a cambio de practicar la cultura de la quejadera por todo sin ayudar a mejorar nada, a querer ser más vivo o más arrecho que nadie en cualquier circunstancia, a pedir más de lo que se da y a infringir pequeñas o grandes normas o leyes día a día, es decir, convertirse en pequeños criminales y en pequeños corruptos que piensan que los criminales y los corruptos son solamente los malandros de barrio o los ladrones de cuello blanco y nunca les cruza por la mente la idea de que colearse o mojarle la mano a un cajero para que te ponga de primero es también corrupción.

 

Esa presión es uno de los principales factores que hay que desmontar para mejorar como individuos y como sociedad. Hay que aprender a liberarse de ella comportándose correcta y educadamente con convicción y firmeza sin dejar que al apuro estúpido o el querer ser el más vivo domine la conducta diaria y tratando de sembrar ejemplo en cada buena acción para que se propague la cosa cada vez entre más personas.

Imagen de El Observatodo

Tránsito Terrestre bajo nueva ley – Parte II

Sucede que los motorizados (nombre que se le da a los conductores de motocicletas en Venezuela) protestaron la Nueva Ley de Tránsito Terrestre realizando una nutrida caravana que fue hasta la sede de la Asamblea Nacional para frenar la publicación en gaceta de esta nueva ley sin antes haber “revisado” algunos aspectos.

 

Resulta que los motorizados, esos de los cuales una buena parte, por no decir todos, día a día incurren en millares de infracciones de tránsito, realizan cientos de maniobras contrarias al sentido común siendo protagonistas muy lamentablemente de la mayoría de los accidentes de tránsito que suceden en Caracas (muchos de ellos mortales), insultan, golpean y amenazan a fiscales de tránsito, a peatones y a los conductores de los carros (tanto a abusivos como a inocentes)…¡están organizados!

 

Existe algo que se llama: Organización de Integración Motorizada Nacional, mensajeros y particulares, que fue la encargada de convocar y planificar la caravana de protesta que realizaron la semana pasada. Si hay organización, debería haber responsabilidad ¿verdad?

 

Deben entender que la ley no está hecha para perjudicarlos sino para intentar poner orden en la ciudad, traer armonía al flujo vehicular y peatonal del día a día y por lo que más quieran SALVARLOS de su propia imprudencia y anarquía a la hora de manejar sus vehículos de dos ruedas.

 

Protestaron todo pero principalmente el que no los dejen circular entre canales cuando hay colas. Supuestamente en eso cedió la Asamblea Nacional o el Instituto de Tránsito pero la pregunta es: ¿Cuál es el criterio para considerar que en una vía hay o no hay cola? Apenas un motorizado vea dos carros medio parados uno detrás de otro en el mismo canal podrá decir “aquí hay una cola ya” y circulará entre canales tanto como quiera así todos los demás carros vayan marchando a ritmo regular. Esperemos que los límites se establezcan claramente en las discusiones que vendrán con participación de los mismos motorizados.

 

El representante de la Organización de Integración Motorizada (Gustavo Gómez) le dijo al presidente del Instituto Nacional de Tránsito (Franklin Pérez Colina) que “estamos (los motorizados) dispuestos a respetar las leyes de tránsito, tenemos que hacerlo porque somos parte de un colectivo. Pero eso (la nueva ley) que decidieron sin incluirnos en la discusión, es poco probable que lo acatemos. Y entonces nos van a seguir viendo como anarquistas”

 

Una verdadera perla de la cultura VPI cuyas raíces siguen siendo demasiado profundas entre nuestra gente: se cumple la ley pero con condiciones…si no entonces no se cumplen y que el colectivo, el respeto y la armonía se vayan para el carrizo!

 

No es que se vea a los motorizados como anarquistas, es que SE COMPORTAN como anarquistas y SE EXPRESAN como anarquistas, sobre todo si los guía la idea de “No vamos a cumplir esa ley porque no nos gusta”. ¿Quiénes son los que no cumplen las leyes si no les gustan?

 

Difícil lucha la que le toca a las autoridades, sobre todo a aquellas que en verdad tienen fuertes convicciones en su lucha por mejorar el tránsito caraqueño. No como el funcionario de la Asamblea Nacional (Luis Gamardo) quien dijo que con la nueva ley “no se les impedirá andar por la autopista”, es decir, para él está muy bien que cientos de motorizados cada mes pierdan la vida circulando por las arterias viales de mayor velocidad en la ciudad.

 

Siempre se quiere contraponer el derecho al trabajo de los motorizados al derecho DEL RESTO de los usuarios de las calles, avenidas y autopistas a no tener la constante amenaza de un motorizado con conducta anarquista y suicida. La ley es la que debe establecer donde terminan los derechos de unos y comienzan los de los otros y debería considerarse este tópico ya un tema de salud pública por los niveles de violencia y desorden que está alcanzando.

Pero queda también en mano de los ciudadanos conscientes cambiar sus patrones culturales demasiado influidos por el espíritu de ser “más arrechos que los demás” y “olvidarse de que los demás existen” pasando por encima incluso de la ley, del orden, del bienestar y hasta de la propia salud.