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En la definición del Venezolano Propenso a cometer Infracciones (VPI) se indica algo que es fundamental: el VPI DEBE DEMOSTRAR que es más arrecho (o arrecha) que los demás, es decir, tiene una necesidad enfermiza de hacer pública su superioridad mental, física, sexual, racial, política, socio económica, musical y todo el largo etcétera que quieras agregarle.

Esa necesidad de “publicidad” hace que, las herramientas digitales, mal llamadas también redes sociales, sean un terreno fértil y abundante para que los VPI hagan sus desplantes a placer.

Todos los que usamos estas herramientas digitales (Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, WordPress, Blogger…) hemos comprobado cómo, en cualquier publicación, desde la más rosa e inocente, hasta la más polémica, tarde o temprano aparecen estos enfermos para descalificar con sus comentarios a la persona que publica u opina, cubriéndola de insultos, adjetivos, groserías e insinuaciones. Generalmente desde el anonimato que bien ofrece este mundo digital, no hay que olvidar que el VPI suele ser mayoritariamente más lo que ladra, que lo que muerde.

Entiéndase bien, una cosa es la persona que contra-argumenta, hace una crítica o indica respetuosamente no estar de acuerdo con lo planteado en la publicación, y otra cosa es el ataque básico y primitivo contra quien realiza la publicación o el comentario sobre una publicación.

Ejemplos hay cientos de miles.

Hace muy poco, pude ver una publicación de una cuenta “humorística” en Instagram, donde se colocó un trozo de un antiguo programa cómico de televisión, llamado “Radio Rochela”, en particular un sketch de un personaje que se llamaba “Hermano Cocó”, interpretado por el comediante Pedro Soto, en el cual hacía el papel de una especie de brujo sinvergüenza y aprovechador, el cual siempre estaba rodeado de mujeres casi desnudas de cuerpos espectaculares, quienes creían todo lo que él decía y se reían de todos sus chistes. Este “brujo” engañaba a sus clientes, maltrataba con violencia a sus ayudantes y le hablaba con lascivia a las mujeres. La cuenta que hizo esta publicación señaló que esos eran los “buenos tiempos” de la televisión en Venezuela.

En dicha publicación, alguien comentó que esos tiempos de “buenos” no tenían nada, tomando en cuenta la degradación creativa que llevó a ese programa, y a la televisión en general, al uso abusivo de mujeres semi desnudas, chabacanería, doble sentido y violencia física, para atraer audiencias.

A este comentarista lo atacaron diciéndole amargado, idiota, gafo, envidioso. Lo acusaron hasta de ser él quien denigraba a las mujeres. Toda una cadena de epítetos y comentarios mal intencionados para descalificar a alguien, solo por no tener la misma apreciación sobre la publicación. Toda una joya VPI. Incluso mujeres se sumaron al ataque, no hay que olvidar que la patología del VPI no distingue sexo, edad, raza, nivel educativo ni económico.

Y así miles de casos diariamente. Es sumamente raro encontrar en redes sociales buenas discusiones llevadas con altura y respeto, aún cuando las posiciones sean diametralmente opuestas.

Comportarse como VPI es mucho más fácil y placentero, que pensar, reflexionar y debatir con ideas.

Por eso estamos como estamos y seguiremos así.

La imagen es de Saltillo360.com

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