El violín roto

Conductor_rabioso

En medio de las protestas que han afectado a varios sectores de Venezuela por motivos políticos, se hizo viral esta semana la información de que supuestamente la Guardia Nacional le quitó el violín a un joven que se encontraba tocando dicho instrumento en plena manifestación, y al parecer se lo dañó seriamente al punto de haber quedado inservible.

La indignación fue generalizada, fundamentalmente vía redes sociales que es por donde se dio a conocer dicha noticia.

Es lógico sentir rabia ante semejante abuso de poder por parte de un Guardia, armado y con la autoridad del Estado de su lado, arremetiendo de esa manera contra un simple instrumento musical de un muchacho. Una conducta así, sin duda alguna, es deplorable, pero cuando nos vamos a la raíz de la acción salvaje de este guardia ante un joven, bien cabe preguntarse:

La actitud de los conductores de carros, autobuses o motos que a diario le lanzan sus vehículos a los peatones en cualquier cruce o semáforo, comiéndose la luz, la flecha o circulando incluso por aceras, ¿es acaso menos salvaje que la del guardia rompe violines?

Cuando te arrojan el carro el mensaje es “Te quitas o te mato”. ¿No es eso más macabro que romperle el instrumento al chamo?

El joven podrá recuperar el violín, por esfuerzo propio o por la solidaridad de la gente. ¿Cómo recupera un peatón la vida luego de ser arrollado? ¿Cómo recupera la normalidad luego de ser lesionado severamente si resulta alcanzado por un vehículo a cuyo conductor no le da la gana de disminuir la velocidad sino que, por el contrario, muchas veces más bien acelera?

Ese comportamiento es diario, es constante, es en barrios y en urbanizaciones pudientes, no se circunscribe a la ocasión de un forcejeo entre manifestantes y policías, sino que es cotidiano, protagonizado por ciudadanos comunes, muchos de los cuales explotan de rabia por el violín roto pero en cada semáforo, si tienen chance, hacen correr a cuanto peatón se les cruce en su camino con la patología del VPI impaciente negado a frenar.

Imagen de Inclopedia
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El rechazo a la autoridad

Policás

En medio de estos días cada vez más turbulentos de Reforma y Contra Reforma en Venezuela, en los cuales los que quieren demostrar ser más arrechos de lado y lado luchan por imponer sus ideas sobre las demás, basándose más en supuestos superficiales y de poco análisis, con altos niveles de visceralidad, que en una firme postura ideológica y una concreta posición ante la realidad nacional, nos encontramos nuevamente con la disyuntiva del ciudadano de a pie ante el uso de la autoridad. 

Pienso que una de las causas medulares del problema de la inseguridad en el país es el síndrome del rechazo a la autoridad. Ese concepto cultural que aqueja a los pobladores de este país (en especial a los VPI por supuesto) que hace que deseen que todo el peso de la ley, policía, guardia nacional, fiscales, lo que sea le caiga a los demás…si son distintos social, económica o políticamente cáiganle más todavía, aporréenlos, enciérrenlos, persíganlos, dispárenles, maltrátenlos…pero conmigo no te metas. 

Una vez lo mencioné en este post y me referí a las terribles confesiones del jefe de la policía de Rio de Janeiro en Brasil, en el documental que acompaña a la película “Cidade de Deus” explicando como desde ese principio de “friega a todo el mundo menos a mí” resulta que las policías terminan siendo corruptas e ineficientes. 

En nuestro país ocurre exactamente igual. 

Reprimir una protesta no es lo mismo que combatir la delincuencia pero el principio rector del inconsciente colectivo reacciona de la misma manera: cuando el aporreado es el “otro”, el “rival”, el “despreciable” entonces que chévere que le den…pero cuando es uno, cuando son los de uno, cuando es el “héroe” del mismo lado entonces es un abuso de autoridad, un atropello, una ignominia. 

Resulta pues de esa patología que como sociedad nos aqueja profundamente de despersonalizar y considerar como objetos o animales a quien piensa distinto o se ubica en un plano económico o social diferente. Allí, en el diferente, TIENE que estar lo malo, el delincuente, el despreciable, allí es donde tiene que actuar la policía, pero no en el mismo estrato, en el lado de los buenos porque sí…a esos déjenlos quietos…y mientras tanto, pues la delincuencia crece y se fortalece así como la impunidad.

Así como crece y se fortalece el contrasentido de pedir que se cumplan las leyes…violando las leyes.