Doble moralistas

doble moral

Hace unos días en varias camionetas por puesto de Caracas, se podían ver pegados en las ventanas unos carteles impresos en hoja carta que decían más o menos así:

No tengo gaceta oficial, pero tampoco la tiene el carnicero, ni el que vende los cauchos, ni el panadero. Bs. 150 es el precio más bajo que usted puede encontrar ahorita por cualquier cosa

La intención de ese cartel era justificar el aumento arbitrario del pasaje de 100 a 150 bolívares, unos días antes de que eso fuera legalmente establecido por la Gaceta Oficial, tal como ya había sido acordado previamente entre el gobierno y los transportistas.

Curiosamente, una vez que se publicó en Gaceta Oficial la autorización del nuevo pasaje, todos los cartelitos fueron sustituidos en las camioneticas por la portada del documento legal, bien visible, donde todo el mundo lo lee.

Más allá de lo justo o no del pasaje mínimo, lo que llama la atención es esa vocación de viveza que lamentablemente se ha inculcado por años a nuestra sociedad, desde la vocería política, desde los medios de comunicación y desde la industria del espectáculo, por no nombrar los valores medianamente sembrados desde la educación. El resultado es una sociedad repleta de VPI doble moralistas.

Me explico.

En este caso “la ley”, es decir, la única autorización legal para incrementar el pasaje, que es la Gaceta Oficial, primero es despreciada en función de que hay que subir el pasaje ¡ya!, porque a mí como ciudadano me da la gana de subirlo ya, porque todo está caro y me importa tres pepinos que el gobierno me dé permiso para eso, y luego, cuando ya es oficial, entonces si se apela a la Gaceta Oficial y se le coloca como permiso indiscutible e innegable y casi que se le prende una vela para santificarla.

Cuando la ley no me conviene (o se demora), la irrespeto o la ignoro. Cuando sí me conviene finjo respetarla y la utilizo como bandera sagrada.

Esa doble moral, junto con patologías como la de la impaciencia, ha descompuesto nuestra sociedad a niveles, francamente, cada vez más preocupantes, en los que la ley es relativa incluso para el ciudadano común y corriente quien acepta la desobediencia de cualquier norma como algo chévere y normal…hasta que quien desobedece la ley es alguien que no le agrada y entonces ese mismo ciudadano que celebra otras ilegalidades, se convierte en el ciudadano más moralista, recto y acusador del mundo.

Así estamos. ¡Me deja donde pueda!

Los siguienteros

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Nada altera más a un VPI que tener que hacer cola o fila delante de algún cajero o mostrador. Es en ese entorno en donde demuestra su mayor capacidad enfermiza e antisocial.

Específicamente en las colas que se hacen delante de los mostradores de las aerolíneas en el Aeropuerto de Maiquetía, he podido notar el florecimiento de un nuevo tipo de VIP, el cual, aunque no es particularmente pernicioso, si puede llegar a ser bastante molesto. Me explico.

Las colas en Maiquetía para chequearse suelen ser bastante extensas y cuando uno llega a ellas ya tiene cierto nivel de tensión por saber lo que viene en nuestros vuelos criollos: un gentío, atrasos en los vuelos, cambios de puerta para abordar, sitios para comer full, la terrible puerta 5 y sus autobusitos, etcétera.

El VPI suele tensarse más que nadie en esas colas debido a su enorme deseo de colearse como sea. En ese sentido ha inventado una forma de, digámoslo así, vengarse del resto de los que hacen la cola y por lo tanto lo obligan a tener que esperar como cualquiera. Consiste en convertirse en “siguientero”, es decir, cuando alguno de los empleados de la aerolínea que está chequeando gente grita “siguiente”, inmediatamente los VPI siguienteros de la cola gritan también “siguiente”, como un eco, y suelen mirar mal al primero o primera de la cola e incluso los pueden regañar por demorarse más de un par de segundos en moverse hacia el mostrador.

Hace unos días pude atestiguar incluso como un VPI, llegando apenas al final de la fila donde yo estaba, que tenía sus buenas 20 personas, gritó “siguiente” a todo gañote apenas escuchó que llamaron del mostrador. Algo así como el cornetea desde su carro cuando el semáforo cambia a verde, aunque se encuentre a 30 carros de distancia para poder pasar. De hecho la patología para ambas conductas es la misma: el apuro estúpido que busca calmarse apurando y culpando a los demás de la demora.

Fíjense la próxima vez que vuelen por Maiquetía. Descubrirán a los siguienteros de inmediato.

Sobre los VPI que a estas alturas todavía se “olvidan” de que hay que quitarse la correa al pasar por los rayos X o, peor aún, se molestan por tener que hacerlo o sobre los otros VPI que ponen un bolso en las sombrereras del avión e inmediatamente la cierran como para que más nadie meta nada allí, les hablaré en otro artículo.