Repartir las culpas…

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Esta semana pasé varias veces por el bulevar de El Cafetal, en Caracas, y pude ver algunos grupos de muchachas y muchachos en los semáforos, con pancartas y volantes, manifestando su apoyo al político Leopoldo López, quien fue detenido y sentenciado a varios años de cárcel en el año 2014, al ser responsabilizado por liderar los actos violentos de calle denominados “La Salida”, los cuales produjeron varios fallecidos y heridos durante ese año en Venezuela.

Lo que llamó mi atención es que estos jóvenes tenían que esquivar constantemente motorizados y hasta carros que se comían la luz roja del semáforo para pasar apurados, siendo este el momento en el cual justamente ellos aprovechaban para pararse en los rayados peatonales y mostrar sus carteles a los conductores.

Recordé la tira de Mafalda que puse de imagen de este artículo: ¿cual será el verdadero problema que nos aqueja? ¿que Lopez siga preso o que suframos de esa patología conductual que hace que casi ningún motociclista respete las señales de tránsito y muchos conductores de carro tampoco? ¿Será más dañino para nuestra sociedad un político preso o ese instinto asesino que hace que el peatón, en este país, no tenga absolutamente ninguna prioridad de paso sobre los vehículos?

Y estos pobres muchachos, pues, que todavía no saben repartir muy bien las culpas, como dice Mafalda, y se dejan encandilar, agrego yo, por el poderoso mercadeo político, que ubica las responsabilidades en lo macro político y no en lo micro social.

Por eso estamos donde seguimos.

¿Aprendimos algo de la emergencia eléctrica?

estupidez

En Venezuela, tras varias semanas de crisis energética debido a una sequía intensa, por causa del fenómeno de “El Niño”, a la falta de mantenimiento e inversiones en el sistema de generación y distribución eléctrica y al derroche energético, por parte tanto de empresas como de ciudadanos, finalmente, gracias a que las lluvias están regresando gradualmente, estamos retornando a una situación de “normalidad” con relación al tema eléctrico.

Estuvimos al borde de un estado de excepción, es decir, prácticamente un colapso. Las instituciones del Estado redujeron su horario de trabajo casi al mínimo, los centros comerciales debieron restringir su jornada de apertura al público y en los colegios y liceos no hubo clases los viernes.

Una vez que esta crisis, tal como anuncia el gobierno, comienza a remitir, y las restricciones de horario se han levantado, ¿Qué es lo que aprendimos cómo sociedad, cómo gobernantes y cómo gobernados?

Conocemos la historia de países que se han levantado luego de guerras, ataques atómicos y desastres naturales de grandes magnitudes. Verdaderas tragedias disruptivas. En esos lugares la sociedad se ha reorganizado, se han enfocado todos juntos en pos de una meta, se han tomado medidas firmes de reconstrucción, reorientación de esfuerzos, cambios culturales y continuidad en el tiempo.

¿Qué ha pasado en Venezuela?

Sin tener una crisis tan severa como aquellas y sin sus saldos de muertes y pérdidas materiales, la conclusión es bastante desalentadora: no hemos aprendido nada.

Seguimos culpando por todo al adversario político.

El gobierno gasta dinero en lo inmediato, en lo propagandístico, y no en lo estructural, en lo que debe perdurar sólido y en buen funcionamiento con el paso de los años. La oposición política, por su parte, en nada contribuye ni a plantear soluciones ni a trabajar en ellas.

Seguimos con la misma cultura del insulto, de la flojera, del rechazo a las metas a largo plazo, de la impaciencia, del inmediatismo, de la demonización, de no asumir la responsabilidad colectiva sino la comodidad individual.

Seguimos dejando cuanta luz, televisor, computadora, cargador, aire acondicionado o ventilador encendido por horas, aún cuando no lo estemos utilizando. Seguimos con el mismo pensamiento enano de que nuestras pequeñas faltas, abusos o derroches, son poca cosa y no afectan a nadie, cuando la verdad es que la sumas de esas pequeñas estupideces, acumula constantemente una gran montaña de anti-valores, desgaste y daño para el país.

No aprendimos nada.

Es que, con nuestra gigantesca arrogancia VPI, creemos que no tenemos nada más que aprender, sino que quienes deben aprender “son los otros”…como si esos otros vivieran en un país diferente y provinieran de una cultura distinta.

Extremismos

extremismos

La crisis que azota actualmente a Venezuela, traducida en escasez, desabastecimiento, especulación y acaparamiento, ha hecho resurgir el extremismo VPI.

Me explico.

El VPI necesita DEMOSTRAR lo arrecho que es, sin dejar lugar a dudas sobre su reciedumbre, bien sea física, mental o moral.

Me sigo explicando.

En el mismo momento en el cual la crisis ya impacta directamente al VPI, este de pronto se vuelve extremista, fundamentalista, pierde la ecuanimidad mostrada hasta ahora en sus expresiones escritas o verbales y pasa a ser un furibundo divulgador sobre cuál es su posición personal acerca de la situación.

Facebook, Twitter y otras herramientas sociales son la vitrina esencial de este tipo de reacción. Si hasta hace poco esta gente aceptaba pues analizar con cierta objetividad la política criolla, reconociendo la realidad de que las responsabilidades siempre están compartidas entre gobierno, oposición, empresarios, medios de comunicación y ciudadanos, apenas van al supermercado y no consiguen ese día un cepillo de dientes (aunque al día siguiente si lo consigan), se destapan a culpar a un solo factor de la sociedad, volcando todo el odio posible y los adjetivos más insultantes:

“Es culpa de los malnacidos chavistas”

“Es culpa de los asesinos de la oposición”

“Es culpa de los empresarios degenerados”

“Es culpa de los irresponsables medios de comunicación”

“Es culpa de la gente ignorante”

Aunque usted esté bien molesto, permítame que le recuerde que las culpas SIEMPRE están repartidas. A partes iguales, por lo demás, porque la sociedad es un todo, no fragmentos aislados.

Esta actitud de declaraciones pendencieras busca, por un lado, el amedrentamiento contra quien pretenda opinar diferente (“yo soy el arrecho, tu cállate“) y por otro lado la declaración pública de solidaridad automática con quien piensa igual (“hey, no te equivoques, yo insulto a la misma gente que tu”), para que no haya confusiones debido a la inevitable necesidad de trabajar y compartir a diario con personas o instituciones de pensamiento político diferente.

Es como el homofóbico que, cuando se encuentra en las cercanías de un homosexual, se desvive por demostrar su hombría y su desprecio por los gay, con burlitas nerviosas incluidas, para que no lo vayan a “confundir” con el otro.

La peor afirmación de estos extremismos reflotados es aquella que reza que “quien haya votado por el grupo político X o Y, es cómplice de sus fechorías”. Si eso fuera cierto, todos hemos sido, somos y seremos cómplices de algo cada vez que votemos pues, funcionarios de todo gobierno y de todo grupo político, tarde o temprano han cometido, cometen y cometerán algún delito.

El votante no tiene culpa alguna por los crímenes que cometa alguien del grupo político por el cual votó. Nadie vota para que se viole la ley, sino para que se cumplan las promesas de solucionar problemas. Eso es lo que todo político vende cuando se mercadea una y otra vez y una y otra vez logra convencer a unos votantes, mientras que los otros, los que no votarán por ese político, están convencidos a su vez, por el otro lado político, de que quien viola la ley es solamente el lado contrario.

Viñeta de La  viñeta satírica

La estupidez no tiene límites

Patricio

(Cualquier parecido con los VPI no es ninguna coincidencia)

Psicólogos de la Universidad Eotvos Loránd en Hungría han realizado un estudio encaminado a determinar los tipos de comportamiento que podrían definir el concepto de lo que conocemos como ‘estupidez’. La ignorancia consciente, la falta de control y la ausencia mental son los pilares de esta conducta, publica ‘The Independent’.

En la primera parte del estudio los expertos recogieron historias publicadas en medios de comunicación como la BBC y ‘The New York Times’ relacionadas con comportamientos estúpidos y pidieron a 26 estudiantes que basados en ellas, consignaran en un diario situaciones similares durante cinco días. Luego de obtener las conclusiones, los expertos en algunos de los casos modificaron las consecuencias y el nivel de responsabilidad del involucrado y entregaron los casos a 154 estudiantes de pregrado que definieron la intensidad de estupidez en cada uno de ellos y los factores psicológicos que podrían haber estado involucrados.

Los resultaros permitieron definir tres grupos principales: en el primero (estupidez grave), se encuentran los individuos que entienden los riegos de sus actos y pese a no poseer las habilidades suficientes se involucran. El segundo (estupidez moderada), encierra a aquellos que por su comportamiento obsesivo-compulsivo carecen de autocontrol, mientras que el tercero (estupidez leve), hace alusión a la ausencia de sentido práctico por distracción o simplemente por falta de destreza que terminan desencadenando situaciones incoherentes.

“Estos resultados nos acercan a la comprensión de lo que la gente considera como una conducta poco inteligente, haciendo énfasis en las perspectivas psicológicas de este comportamiento en el diario vivir”, concluye Balazs Aczel, psicólogo experimental y líder de la investigación.

Artículo original de RT

Egoísmo país

carroacera

Carro bloqueando la acera en la Av. Beethoven. Colinas de Bello Monte, Caracas. 10 de febrero de 2016

Hemos dicho que el VPI es fundamentalmente alguien egoísta. El mundo debe girar a su alrededor sin molestarlo.

El VPI cuando logra “resolverse”, como decimos en Venezuela, se olvida de ayudar a los demás o de facilitarles las cosas a otras personas.

A continuación varios ejemplos:

  • Cuando el VPI entra al Metro, normalmente se atraviesa, en la puerta o en el acceso a algún pasillo. Como ya resolvió su entrada al tren, deja de importarle si los demás entran o no.
  • El VPI sale de su edificio, donde una de las puertas principales no cierra bien, y sigue su camino sin revisar si la puerta cerró o no. Ya resolvió su salida así que poco le importa lo que deje atrás, aunque eso incluya la seguridad de su propio apartamento junto con los de los vecinos.
  • Deja su carro estacionado obstaculizando toda la acera (como el de la foto) y se va. Ya resolvió su aparcamiento, poco le importa si con eso obliga a los peatones a correr el riesgo de ser arrollados para poder rodear su carro.
  • El bachaquero es un VPI consumado. Una vez que resuelve su negocio, arrasando un anaquel, poco le importa dejar a los demás sin comida, medicinas o los productos básicos que pueda conseguir.
  • El político (la mayoría VPI), una vez que resuelve su carrera al llegar a cargos públicos, se dedica fundamentalmente a sí mismo. A sus negocios, a su enriquecimiento, al mercadeo de su figura. De lado, con poca prioridad, queda la función de resolver problemas para los demás, para la comunidad.
  • El que bota basura en la calle resuelve rápidamente su incomodidad de tenerla en la mano, cosa que le fastidia. Poco le importa que la calle se ensucie para el resto de los transeúntes.

Esta es una línea de pensamiento y de conducta muy arraigada entre una muy alta proporción de venezolanos. Esa la causa indudable de buena parte de los problemas del país.

Hasta me atrevería a decir que de todos.

La crisis eléctrica y los sauditas

Durante los picos de la crisis eléctrica del año 2010 comenté en las llamadas redes sociales y blogs que las causas de los racionamientos de luz eran tres: 1) mala o nula gestión del Estado venezolano, es decir de todos sus gobiernos incluyendo el actual, para garantizar el suministro del fluido eléctrico incluso en condiciones climáticas adversas. 2) Las condiciones climáticas particularmente adversas que se presentaron ese año. 3) El derroche de luz y agua habitual en la mayoría de los venezolanos, sobre todo los VPI.

Luego de exponer esa opinión recibí distintos grados de respuestas, unos me insultaban y me tildaron de chavista (lo usual hoy en día cuando la gente no acepta los desacuerdos aunque sea por el color del sofá de la sala), por no echarle todo el carro de la historia del sistema eléctrico venezolano al gobierno de 11 años de Chávez. Otros llegaron a negar la existencia del fenómeno climático de El Niño, aún cuando este y otros fenómenos similares hayan arrasado con inundaciones, sequías, nevadas o incendios poblaciones en casi todos los países del mundo en algún momento del año. Me decían que eso era “un cuento chino” para tapar las carencias del gobierno. Otros me dijeron que “¡que carrizo vamos a ahorrar luz o agua si nunca hay!”, a lo que respondí que JUSTAMENTE en la escasez es cuando más se debe ahorrar… pero creo que igual no me entendió la explicación. No sé si sería VPI o no pero es de ellos la costumbre de cegarse ante cualquier contradicción cuando se encuentran enfurruñados.

Luego de pasada la crisis de la sequía vino la de la lluvia que entonces casi nos ahogó a un gentío (para quien no creyó en Niños ni sequías seguramente las lluvias que lo mojaron todos los días en esos meses han de haberle parecido efectos especiales gobierneros) pero el tema es que desde entonces se ha olvidado muy rápidamente  la tercera causa,  la tercera pata de la que cojeamos eléctricamente, y hoy en día se vuelve a malgastar, a tubos y cables llenos, agua y luz. Se sigue derrochando como sauditas.

Es cultural nuestro proceso reactivo como país ante las crisis, se prefiere que sean “las autoridades competentes” las que carguen con toda la responsabilidad de los apagones sin sacar mucho la cuenta de cuantos kilovatios y litros de agua son desperdiciados personalmente cada minuto sin ser usados en luces prendidas, tuberías rotas, botes de agua en pocetas o duchas, cargadores conectados sin estar cargando nada, PC o Televisores prendidos sin que nadie los vea, etcétera.

En la escasez debe haber conciencia de ahorro para paliar la emergencia, pero en la abundancia, como la que bendice nuestro país con recursos hídricos, también debe haber conciencia de ahorro para que la emergencia, por lo menos si está en nuestras millones de manos hacerlo, no llegué nunca, no llegue tan pronto o no llegue tan fuerte.

Obviamente también está en nuestras manos reclamar eficientemente a este o a cada gobierno que venga, para que invierta bien los recursos (nuestros recursos) para que el viejo elefante blanco del Estado sea en verdad un papá protector y no un viejo borracho de dinero y poder e irresponsable como normalmente lo ha sido.

Médicos VPI

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En esta sociedad en la cual abundan los VPI de todo tipo, color, extracción social y profesión, uno no puede menos que ponerse de punta de nervios cuando se encuentra a estos personajes trabajando con la salud.

Me explico. Hace unos meses mi esposa dio a luz a nuestro primer hijo en la Clínica Ávila ubicada en La Castellana en Caracas. Lamentablemente no pudo dar a luz en forma natural así que tuvieron que practicarle cesárea. Para ello le colocaron la anestesia llamada epidural la cual se pone hundiendo una aguja en toda la médula espinal a través de la columna en la espalda. Algo sumamente delicado. Mi esposa en ese mismo momento indicó que el dolor era excesivo (y hay que ver que mi esposa es bien resistente con los dolores), sin embargo, no le hicieron caso y toda la operación procedió. La anestesista fue la Dra. Sonia Parra y la gineco-obstetra que atendió el embarazo y el parto es la Dra. Norma Cerviño.

Luego de los dos días de recuperación cuando retornamos a casa, mi esposa comenzó a sentir unos dolores sumamente agudos en la parte baja de la espalda y en las piernas y de hecho las piernas se le durmieron dolorosamente lo cual le impidió brindar las primeras atenciones al bebé e incluso amamantarlo (pues el intenso dolor no le permitía sentarse y mucho menos sostener el peso del recién nacido)

La “brillante” actuación de estas profesionales de la medicina comenzó cuando, una vez que le reportamos la situación de inmovilidad dolorosa de mi esposa a la Dra. Cerviño, esta solamente se limitó a darnos el número del teléfono móvil de la Dra. Parra, y cuando finalmente, luego de varios intentos, logramos contactar por teléfono a esta última, solamente dedicó unos minutos a preguntar los síntomas y a recomendar unas pastillas, supositorios calmantes e inyecciones. De allí en adelante nunca recibimos llamada alguna ni de la Dra. Parra ni de la Dra. Cerviño para conocer el avance del tratamiento. Al principio las llamábamos nosotros y entonces sólo se dedicaban a repetir la misma receta, pero luego ya dejaron de atender y en ningún momento asumieron la responsabilidad con la paciente recién parida, por haberla lesionado con la colocación de la anestesia ni le importaron las consecuencias de la paralización de la madre en los primeros momentos en el mundo del bebé.

Al sol de hoy todavía mi esposa tiene adormecidos algunos puntos en las plantas de los pies. Ni la Dra. Cerviño ni la Dra. Parra han mostrado interés en el destino de su paciente ni de su bebé. Hicimos llegar comunicaciones escritas describiendo la situación y exigiendo responsabilidad a la Junta Directiva de la Clínica El Ávila (clínica privada) y también enviamos una copia al Colegio de Médicos. De nadie hemos recibido respuesta.

Tal como dice una persona amiga, en nuestro país la medicina es mala y cara y si además está dominada por VPI como estas doctoras y sus jefes pues la verdad es que la cosa se vuelve altamente preocupante.