El problema, entonces, no es cultural…

noeslacultura

Hace unos días por casualidad leí este tuit del reconocido bloguero y tuitero venezolano, Luis Carlos Díaz, y me resultó asombroso, sobre todo viniendo de un intelectual, con muchísima preparación y además experiencia, tanto en el campo sociológico, por llamarlo de alguna manera, como en el área de la infociudadanía, amén de ser Comunicador Social.

Si damos por cierto lo que él afirma en este tuit según lo cual, opinar que la raíz de la crisis de Venezuela “es un problema cultural”, es motivo de burla, de tirarse por un balcón, de desprecio pues, tal como se puede ver en el GIF del tuit, entonces todo lo que he escrito en mi blog a lo largo de los años son tonterías, dislates, los cuales merecen, como mínimo, ser despreciados y, como máximo, ser ignorados.

Ese encuentro cotidiano con la conducta absurda del venezolano de cualquier estrato social, económico y educativo, no es más que el fruto de mi imaginación y de la imaginación de todas esas amables personas que me han apoyado y dado la razón durante todo este tiempo. En realidad en Venezuela nadie se come la luz roja del semáforo o la flecha, nadie bota basura en la calle, nadie busca hacer trampas en la declaración de impuestos o cualquier otra gestión bancaria o financiera, todo el mundo respeta al vecino y nunca hace fiestas ruidosas hasta la madrugada, todos cuidan las instalaciones públicas, nadie se colea, los motociclistas y en general todos los conductores son personas respetuosas y celosas con el cumplimiento de la ley, nadie quiere ser más arrecho que los demás y todos, absolutamente todos, pensamos constantemente en los demás para el beneficio colectivo y nunca el individual.

De ser eso cierto, según lo manifiesta una persona como Luis Carlos, con alta responsabilidad comunicacional debido a su gran cantidad de seguidores, a su notable credibilidad ante muchas personas, a su impecable forma de escribir y a su exposición diaria en el programa radial del famosísimo Cesar Miguel Rondón, entonces debo pedir disculpas por todas las reflexiones hechas en estas amarguras escritas y reconocer que entonces lo de Venezuela no es ningún problema cultural, sino que es únicamente una maldición de una raza, totalmente distinta a la de los demás venezolanos, que secretamente nos invadió y es la única que hace cosas malas en el país. Cuando eliminemos esa raza, todos los problemas del país se resolverán ya que solo quedaremos los puros, impolutos y, por supuesto, cultos venezolanos que siempre fuimos.

Discúlpenme esa pues.

Imagen tomada del blog de Carlos Santostefano

La gandola VPI

Hace unas semanas amaneció esta gandola atravesada en plena avenida Guaicaipuro de El Llanito, en Caracas. Esta avenida es paralela a la principal (Av. Tamanaco) y tiene un grado de inclinación mucho mayor que aquella, razón por la cual, desde hace años, está prohibida que por ella circulen vehículos de carga pesada y extra pesada, como es el caso de esta gandola con un contenedor encima.

La razón de dicha prohibición es básicamente que en el pasado ocurrieron varios accidentes en los cuales los frenos de vehículos de este calibre fallaron (debido a lo inclinado de la vía) y entonces terminaron siendo aplastados carros, muros, cercas y personas avenida abajo, por estas moles descontroladas cayendo de retroceso a toda velocidad y sin freno.

Pero los gandoleros y camioneros generalmente creen, como buenos VPI que la mayoría son, que a ellos “no les va a pasar eso”. Es una creencia común del VPI que, como en sus repetidas conductas estúpidas peligrosas no les pasa nada, entonces NUNCA les va a pasar nada. Tal como ocurre, por ejemplo, con el peatón que cruza la calle a lo loco y nunca ha sido atropellado; termina convencido de que no le pasará nada aunque cruce mil veces la misma calle del mismo modo incorrecto.

Eso se termina el día en que ese peatón es aplastado por una camioneta o destrozado por una moto, entonces, o se termina la vida de ese VPI o, peor aún, queda vivo y lisiado para siempre. Quizá en ese momento es cuando entiende lo peligrosa que fue siempre su conducta…o quizá no. La irracionalidad del VPI es bien persistente, tanto así que incluso miembros de su familia, también VPI, siguen cruzando peligrosamente la misma vía mientras recuerdan llorosos al primo o al hermano o la hermana que perdieron arrollado hace poco.

Al gandolero de esta historia también “le pasó”, la cuesta de la Guaicaipuro venció a su gandola y tuvo que usar frenos de emergencia para detenerla a duras penas y entonces tratar de ver cómo la arreglaba.

Ese día pedí por twitter a las autoridades, repetidas veces, que se apersonaran en el lugar y pusieran preso de inmediato al conductor, además de multar a la compañía, ¿por qué?, porque meter esa gandola por esa avenida es un “intento de homicidio y un potencial atentado contra la propiedad y bienes públicos”. Si esa gandola se viene para abajo descontrolada hubiera podido causar una tragedia.

Al final no sé si detuvieron al conductor o no pues tuve que retirarme del lugar. Lo más probable es que no le hicieran nada, al contrario, seguramente lo auxiliaron, lo hicieron salir de allí como pudieron y le cobraron algo bajo cuerda para dejarlo tranquilo y llevar plata al comando para desayunar. Típico manejo de fiscales de tránsito y policías en las calles de nuestra ciudad.

Hasta que se meta la próxima gandola creyendo que no va a pasar nada y nos aplaste, gracias a la autoconvencida invencibilidad del VPI (imbecilidad también) y a la corrupción de nuestras autoridades, sean del municipio que sean.

Mire para ambos lados antes de cruzar.

El rechazo a la autoridad

Policás

En medio de estos días cada vez más turbulentos de Reforma y Contra Reforma en Venezuela, en los cuales los que quieren demostrar ser más arrechos de lado y lado luchan por imponer sus ideas sobre las demás, basándose más en supuestos superficiales y de poco análisis, con altos niveles de visceralidad, que en una firme postura ideológica y una concreta posición ante la realidad nacional, nos encontramos nuevamente con la disyuntiva del ciudadano de a pie ante el uso de la autoridad. 

Pienso que una de las causas medulares del problema de la inseguridad en el país es el síndrome del rechazo a la autoridad. Ese concepto cultural que aqueja a los pobladores de este país (en especial a los VPI por supuesto) que hace que deseen que todo el peso de la ley, policía, guardia nacional, fiscales, lo que sea le caiga a los demás…si son distintos social, económica o políticamente cáiganle más todavía, aporréenlos, enciérrenlos, persíganlos, dispárenles, maltrátenlos…pero conmigo no te metas. 

Una vez lo mencioné en este post y me referí a las terribles confesiones del jefe de la policía de Rio de Janeiro en Brasil, en el documental que acompaña a la película “Cidade de Deus” explicando como desde ese principio de “friega a todo el mundo menos a mí” resulta que las policías terminan siendo corruptas e ineficientes. 

En nuestro país ocurre exactamente igual. 

Reprimir una protesta no es lo mismo que combatir la delincuencia pero el principio rector del inconsciente colectivo reacciona de la misma manera: cuando el aporreado es el “otro”, el “rival”, el “despreciable” entonces que chévere que le den…pero cuando es uno, cuando son los de uno, cuando es el “héroe” del mismo lado entonces es un abuso de autoridad, un atropello, una ignominia. 

Resulta pues de esa patología que como sociedad nos aqueja profundamente de despersonalizar y considerar como objetos o animales a quien piensa distinto o se ubica en un plano económico o social diferente. Allí, en el diferente, TIENE que estar lo malo, el delincuente, el despreciable, allí es donde tiene que actuar la policía, pero no en el mismo estrato, en el lado de los buenos porque sí…a esos déjenlos quietos…y mientras tanto, pues la delincuencia crece y se fortalece así como la impunidad.

Así como crece y se fortalece el contrasentido de pedir que se cumplan las leyes…violando las leyes.