Repartir las culpas…

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Esta semana pasé varias veces por el bulevar de El Cafetal, en Caracas, y pude ver algunos grupos de muchachas y muchachos en los semáforos, con pancartas y volantes, manifestando su apoyo al político Leopoldo López, quien fue detenido y sentenciado a varios años de cárcel en el año 2014, al ser responsabilizado por liderar los actos violentos de calle denominados “La Salida”, los cuales produjeron varios fallecidos y heridos durante ese año en Venezuela.

Lo que llamó mi atención es que estos jóvenes tenían que esquivar constantemente motorizados y hasta carros que se comían la luz roja del semáforo para pasar apurados, siendo este el momento en el cual justamente ellos aprovechaban para pararse en los rayados peatonales y mostrar sus carteles a los conductores.

Recordé la tira de Mafalda que puse de imagen de este artículo: ¿cual será el verdadero problema que nos aqueja? ¿que Lopez siga preso o que suframos de esa patología conductual que hace que casi ningún motociclista respete las señales de tránsito y muchos conductores de carro tampoco? ¿Será más dañino para nuestra sociedad un político preso o ese instinto asesino que hace que el peatón, en este país, no tenga absolutamente ninguna prioridad de paso sobre los vehículos?

Y estos pobres muchachos, pues, que todavía no saben repartir muy bien las culpas, como dice Mafalda, y se dejan encandilar, agrego yo, por el poderoso mercadeo político, que ubica las responsabilidades en lo macro político y no en lo micro social.

Por eso estamos donde seguimos.

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Los “Comecolas”

Esta semana santa 2011 nuevamente pude observar los famosos VPI “Comecolas” en la ida y en la venida Caracas – Cumaná – Caracas.

“Comerse la cola” consiste básicamente en adelantar por el canal contrario en una doble vía a todos los carros que están detenidos por una tranca hasta que viene un carro de frente y entonces el infractor se mete nuevamente a su canal, forcejeando a lo bravo para meterse entre dos de los carros detenidos por el congestionamiento. A veces se mantienen en una especie de canal central rozando los carros de la cola y obligando al carro contrario a pegarse a su borde derecho, otras veces, las más enfermas, terminan por formar tres o cuatro canales de ida contra uno (estrecho) de venida.

Esta práctica es una de las más conocidas y viejas en nuestro país y se suele hacer notar mucho en las temporadas vacacionales altas como carnaval y semana santa debido a la altísima movilización vehicular y por lo tanto la mayor proliferación de colas, trancas y atascos. Recuerdo haber visto VPI haciendo esto desde que tengo memoria viajera, por allá por los años 80.

Por supuesto que el efecto en las colas de este comportamiento estúpido de los VPI es el de hacer MÁS LARGA la cola y también provocar mayores roces e incomodidades al resto de los conductores quienes ya de por si la están pasando mal detenidos en la vía.  Este fenómeno lo expliqué anteriormente aquí.

Por supuesto siempre la acusación sobre la responsabilidad de dichas colas apunta a las autoridades del momento, al estado de la vía, etcétera. Pero ya está más que demostrado que una buena tajada en esa torta de responsables la llevan los propios conductores irrespetuosos quienes apenas se ven delante de una larga fila de carros comienzan a sentir picazón en todo el cuerpo para adelantar a todos los “pendejos, según ellos, que procuran comportarse como personas y no como animales.

¿De quién es que es la culpa?

¿Por qué los VPI tienen éxito?

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Esta mañana escuché una queja amarga del amigo Alejandro Cañizales que decía: “A los tontos son a los que detienen, ponen multas y sancionan pero a los vivos como el señor de esta camioneta no les pasa nada

Se refería a una camioneta que en plena Avenida Victoria saltó la isla divisoria, atropelló a un motorizado y cayó en un hueco atravesándose a la hora pico generando un embotellamiento en el tránsito que alcanzó kilómetros, y al hecho de que a ese tipo de conductor por lo general no le pasa nada en cuanto a leyes y sanciones se refiere.

Y es un punto interesante. ¿Por qué los VPI tienen éxito y salen impunes de sus barrabasadas?…

Quizá se deba a que lamentablemente terminan amedrentando a todo el mundo gracias a su actitud bravucona y a su disposición al insulto, los gritos y la violencia que todos los no VPI conocen bien. Con eso amedrentan por lo visto incluso a quienes deberían ponerles reparos y sanciones: las autoridades. Quienes a su vez, resentidos por encontrarse a alguien que los acorrala y los inutiliza, se la cobran después con el primer conductor tranquilo y pasivo que se encuentren que medio pise un rayado. Lo que para el lenguaje VPI sería el primer “tonto” que se encuentren.

Es una especie de círculo vicioso entre los VPI “fregados” que buscan “fregar” a otros para reafirmar lo arrechos que son y entretanto el miedo a la violencia y a la agresividad deja exitosos e impunes a los VPI más notables.

Indudablemente un sistema de leyes, ordenanzas y normativas que no cuente con un efectivo, justo y controlado sistema de sanciones o amonestaciones produce especimenes peligrosos para cualquier sociedad. Para muestra el botón de la camioneta que hoy se lució en las calles de Caracas.

Justificaciones del VPI:

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Los VPI actúan basados en tres premisas conductuales fundamentales: tienen que demostrar lo arrechos que son, no les importan los demás a menos que sea para lucirse sobre ellos o humillarlos o amedrentarlos y procuran realizar el mínimo esfuerzo, tomar el camino más fácil o el más rápido aunque eso signifique saltarse unas cuantas leyes y poner en peligro vidas.

Estas premisas generan en los VPI, una vez que son confrontados, diversas explicaciones insólitas o reacciones con las cuales justifican sus conductas estúpidas sin dedicar mayor esfuerzo o tiempo al análisis de las consecuencias. Por ejemplo en los tres protagonistas del post anterior encontraríamos las siguientes reacciones en el caso de que se les reclamara o se les aconsejara una mejor conducta:

Mamá de los Niños (si se le dijera que moderara su lenguaje o su agresividad delante de sus hijos):

          “A mis hijos los crío como me dé la gana”

          “Usted métase en sus asuntos”

          “Mis hijos no son maleducados y además nosotros hablamos así”

          “¿Que es lo que te pasa a ti?”

 

Conductor (si se le llamara la atención sobre las infracciones cometidas y la agresividad)

          “Bueno papá si no te gusta bájate y vete caminando: yo estoy trabajando”

          “En la calle hay que ser así pana, porque sino uno pasa por pendejo”

          “Los que no saben manejar son los demás que no se meten, retrasan a todo el mundo o son unos muchachitos que no saben”

          “La culpa del “tráfico” es de los fiscales, los huecos, las vías y esa gente que te digo que no saben manejar”

 

Cobrador (si se le llamara la atención sobre el hecho de que una agresión a un bien no puede ser respondida con una agresión seria al físico de la persona)

          “Pero entonces por que se meten con uno, si no quieren llevar palo que se queden tranquilos”

          “Todos los estudiantes son unos desadaptados y hay que estar alerta con ellos”

          “Yo estoy trabajando, ¿por que se van a meter con mi herramienta de trabajo?”

Ninguno asume responsabilidad propia por su conducta además de antisocial peligrosa y deformante. Para el VPI en su universo todos sus abusos están justificados y perfectamente explicados en tanto una especie de “instinto” de supervivencia o de reafirmación mal entendido y mucho peor aplicado en su cotidianidad laboral y familiar.

 

Foto de la Bitácora Invisible