Impaciencia colectiva

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En el uso de las camionetas por puesto, autobuses o “camioneticas”, como les decimos los caraqueños, se pueden observar fácilmente múltiples manifestaciones de esa impaciencia patológica que nos caracteriza como sociedad y que es, sin duda alguna, una de las más profundas raíces de todas y cada una de las crisis que ha sufrido Venezuela.

En la parada:

Apenas asoma una camionetica su trompa, a una cuadra de la parada, alguna persona levanta la mano en señal de que la quiere abordar. El fenómeno interesante es que junto a ella prácticamente todas las demás personas de la parada también levantan la mano, y además lo hacen con insistencia, como si el conductor del vehículo necesitara ver un mínimo de manos alzadas para detenerse a recoger personas. Se produce una especie de “ceguera” que impide notar que ya alguien, o al menos un par de personas, ya le avisaron al transporte que se detenga.

Al subirse:

Esa ceguera se mantiene cuando finalmente la camioneta se detiene y las personas se agolpan frente a la puerta para subir. La gran mayoría, como buenos VPI, no recuerda que existen otras personas en el mundo y comienzan a tratar de abordar el vehículo sin ni siquiera detenerse a considerar que podrían haber otras personas TRATANDO DE BAJARSE, cosa que ocurre la mayoría de las veces. El resultado es que, o bien tienen que volverse a bajar, o bien los regaña el conductor para que dejen bajar, o bien se produce algún forcejeo entre quienes salen y quienes entran.

Al bajarse:

Es común observar desde jóvenes ágiles hasta ancianos que casi no pueden caminar, pararse al menos 100 metros antes de la parada para cruzar tropezando por todo el pasillo de la unidad, antes de llegar a la puerta, pagar y bajarse (si los que vienen entrando los dejan)

Al igual que las manos alzadas, suele suceder que a una distancia suficiente, alguna persona avisa al conductor, muy claramente, que se va a quedar en la siguiente parada. Sin embargo, aunque todos en el vehículo escucharon el aviso de la persona, al menos tres o cuatro personas más también avisan, en voz alta, su intención de quedarse, como si, otra vez, el conductor necesitara escuchar un mínimo de peticiones para detenerse a dejar gente.

En resumen, todo el trayecto en transporte público es un compendio de acciones impacientes, de apuro absurdo e innecesario.

En uno de esos viajes hice un experimento: antes de mi parada esperé que las cuatro o cinco personas usuales avisaran que se iban a bajar y además caminaran a trompicones por todo el pasillo del vehículo hasta que este finalmente se detuvo. Fue entonces cuando yo me paré para ir hasta la puerta (a cuatro filas de distancia) para pagar y bajarme. En ese instante el conductor me preguntó: “¿Se baja aquí?” ya que para su visión híper-impaciente, el hecho de que no me tambaleara todo apurado a lo largo del vehículo, obviamente lo hizo dudar de mis intenciones de quedarme exactamente allí.

No señor, me paré no más que para hacer unos aeróbicos

Nos vemos en la próxima.

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Doble moralistas

doble moral

Hace unos días en varias camionetas por puesto de Caracas, se podían ver pegados en las ventanas unos carteles impresos en hoja carta que decían más o menos así:

No tengo gaceta oficial, pero tampoco la tiene el carnicero, ni el que vende los cauchos, ni el panadero. Bs. 150 es el precio más bajo que usted puede encontrar ahorita por cualquier cosa

La intención de ese cartel era justificar el aumento arbitrario del pasaje de 100 a 150 bolívares, unos días antes de que eso fuera legalmente establecido por la Gaceta Oficial, tal como ya había sido acordado previamente entre el gobierno y los transportistas.

Curiosamente, una vez que se publicó en Gaceta Oficial la autorización del nuevo pasaje, todos los cartelitos fueron sustituidos en las camioneticas por la portada del documento legal, bien visible, donde todo el mundo lo lee.

Más allá de lo justo o no del pasaje mínimo, lo que llama la atención es esa vocación de viveza que lamentablemente se ha inculcado por años a nuestra sociedad, desde la vocería política, desde los medios de comunicación y desde la industria del espectáculo, por no nombrar los valores medianamente sembrados desde la educación. El resultado es una sociedad repleta de VPI doble moralistas.

Me explico.

En este caso “la ley”, es decir, la única autorización legal para incrementar el pasaje, que es la Gaceta Oficial, primero es despreciada en función de que hay que subir el pasaje ¡ya!, porque a mí como ciudadano me da la gana de subirlo ya, porque todo está caro y me importa tres pepinos que el gobierno me dé permiso para eso, y luego, cuando ya es oficial, entonces si se apela a la Gaceta Oficial y se le coloca como permiso indiscutible e innegable y casi que se le prende una vela para santificarla.

Cuando la ley no me conviene (o se demora), la irrespeto o la ignoro. Cuando sí me conviene finjo respetarla y la utilizo como bandera sagrada.

Esa doble moral, junto con patologías como la de la impaciencia, ha descompuesto nuestra sociedad a niveles, francamente, cada vez más preocupantes, en los que la ley es relativa incluso para el ciudadano común y corriente quien acepta la desobediencia de cualquier norma como algo chévere y normal…hasta que quien desobedece la ley es alguien que no le agrada y entonces ese mismo ciudadano que celebra otras ilegalidades, se convierte en el ciudadano más moralista, recto y acusador del mundo.

Así estamos. ¡Me deja donde pueda!

Homicidio culposo

La semana pasada se dañó el semáforo de la Avenida Francisco de Miranda que está ubicado a la altura de MINTUR, justo enfrente de la urbanización La Floresta en Caracas. Eso produjo el consabido fenómeno del salvajismo con unos carros (pequeños, camionetas, autobuses, motorizados, taxis, etc.) lanzándose unos contra otros con la mayor velocidad posible porque, como no había luz, cada conductor (de los VPI) se consideraba con mayor derecho de pasar por el cruce a como diera lugar.

Entretanto los peatones nos dividimos en dos bandos: el de los VPI comunes y el  de los “no tan VPI”. Me explico.

Los VPI comunes, entrenados en cruzar avenidas por cualquier sitio menos por el rayado, en esquivar motocicletas y microbuses, en pegar la carrera justo delante de los parachoques, en saltar islas, etcétera, esos pues siguieron cruzando la avenida sin semáforo como si nada pasara. Creo que ni cuenta se dieron de que no había luz roja ni verde. Simplemente hicieron lo de siempre: casi morir arrollados hasta llegar a la mitad de la vía y luego correr como dementes a centímetros de varios carros para completar el trayecto hasta el otro lado.

Los “no tan VPI”, por otra parte, miramos de arriba abajo la avenida evaluando el peligro de cruzar por el rayado peatonal con semejante anarquía vehicular desatada. Éramos un grupo diverso: adultos, ancianos, jóvenes, hombres y mujeres. De pronto vimos un buen chance para llegar al menos hasta la mitad del camino que es donde termina una especie de reja de mediana altura que fue colocada para que los VPI no crucen la avenida a todo lo largo de esta. Nos movimos en manada, tal como aprendimos de las vacas y los chivos, y llegamos sanos hasta la reja. Allí, ya azorados por estar justo en medio del huracán de carros desaforados, esperamos con menos paciencia la siguiente oportunidad y finalmente nos lanzamos a terminar de pasar cuando vimos que una camionetica (buseta) se había parado lo suficientemente lejos a dejar unos pasajeros (fuera de su parada) y otra camionetica comenzó a moverse luego de dejar sus pasajeros para rebasar a la otra.

Apenas comenzamos a caminar, el conductor de la segunda camionetica pisó a fondo el acelerador y nos lanzó, a la mayor velocidad que pudo desarrollar en menos de 100 metros, todo el tonelaje de su vehículo. Acto seguido lo imitó el conductor de la primera buseta.

Corrieron unos peatones, los menos ancianos, y los otros nos mantuvimos más o menos al paso de los demás para proteger a los señores y señoras mayores y también para hacer una pequeña “oposición” simbólica al intento de homicidio culposo en masa que el par de sicóticos buseteros VPI estaban llevando a cabo.

Nos dio apenas tiempo de terminar de pasar. Medio segundo luego de poner los pies en la acera del frente nos sacudió el ventarrón de los dos animales pasando a toda mecha detrás de nosotros, a lo cual se sumó su corneteo con niveles  obscenos de decibeles y seguramente algunos insultos genéricos gritados desde los vehículos.

Por allí no había un solo fiscal. Ningún policía. Municipio Chacao.

Hubiera ocurrido una desgracia masiva gracias al instinto asesino que caracteriza a nuestros choferes VPI.

La cultura de la violencia que nos enferma es algo mucho más profundo que las banales discusiones sobre el tema que se suelen abordar en tiempos electorales.

Sobrevivamos a ver si podemos cambiar algo.

Con mi moto no te metas

Hagamos un ejercicio hipotético, supongamos que de pronto a todos nos quitaran los carros y nos dieran motocicletas. Seguramente a partir de ese momento todos comenzaríamos a comportarnos al manejar exactamente igual que los motorizados actuales. ¿No lo crees?

Analicemos.

¿Cuales son los vehículos que quedan la mayoría de las veces encima de los rayados peatonales? Respuesta: carros y motos

¿Quiénes quedan mal parados en los cruces al cambiar el semáforo por meterse aún sabiendo que van a quedar atravesados?  R: los carros (las motos se cuelan todas)

¿Quiénes son los que cornetean al carro de adelante para que se coma la luz o le pase por encima a algún peatón inconsciente que viene cruzando mal o a última hora? R: los carros (las motos ya se han ido comiéndose la luz y casi atropellando al peatón)

¿Cuáles vehículos son los que aceleran para no permitir que los otros no cambien de canal? R: los carros (las motos no varían su velocidad al circular)

¿Cuáles son los vehículos que son arrojados (tirados) por sus conductores hacia los peatones para que estos se apuren aún cuando vengan cruzando con su luz en un cruce compartido? R: carros y motos por igual (la ventaja es que la moto esquiva con mayor facilidad. Con el carro hay que pegar el brinco si uno va caminando)

¿En los municipios con aceras muy bajas o casi inexistentes cuáles son los vehículos que las ocupan estacionándose indebidamente? R: carros y motos.

¿Vehículos que se comen los flechados en cualquier vía de la ciudad? R: carros y motos.

¿Vehículos que chocan, se colean, se vuelcan, etcétera a diario en la ciudad? R: carros, camiones, autobuses y motos.

Etcétera, etcétera.

¿Y todavía no lo crees?

Carros come-aceras cerca del CSI

Caminando rumbo al Centro San Ignacio en Caracas para almorzar hace algunos días llegó un momento en el cual me vi obligado a caminar a contra flujo de los carros por la avenida Blandín entre un poco más allá de El Solar del Vino y media cuadra antes de El Mundo del Pollo.

En esa distancia hay varios locales de comida y por supuesto, al ser hora de almuerzo, los conductores VPI, quienes consideran más importante su hambre y sus carros, se montan sobre una acera prácticamente inexistente cortando casi por completo el paso a cualquier peatón que lleve dirección oeste (es decir rumbo al CSI como yo por ejemplo)

Son los come-aceras. Si. Porque las aceras no se las comen solamente los motorizados, también lo hacen carros de lujos, camionetas y camiones tal como ocurrió en este caso.

Pasando frente a uno de los restaurantes a través de un pedazo de acera por donde todavía podía caminar había un señor haciéndole señas a una camioneta gigante para que se parara perpendicular a la calle, sus indicaciones en voz alta para el conductor eran que “le diera” pese a que yo venía pasando y me podía pegar. Por unos segundos fui “una molestia” para su maniobra de obstaculización total del paso peatonal practicada en pleno municipio de Chacao y a plena luz del día.

Una vez que pasé y pude cruzar fue cuando tomé esta foto en la cual se puede apreciar sin problemas la ocupación casi total de la acera por parte de los carros y la peligrosa caminata frente a frente con los carros que están obligados a realizar los peatones. También se puede ver el nombre de uno de los locales por si acaso queda alguna duda de donde es.

¿Pero la culpa es de quien? Ya lo sabemos, ¿verdad?

Mientras tanto seguiré tomando fotos o videos de estas “joyas” de la patología conductual de los VPI que nos rodean.