“Yo no quiero que se vaya Maduro…”

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Imagen tomada de Diario Masónico
Escrito tomado de Facebook:

“Yo no quiero que se vaya Maduro.

Cuál es la,obsesión que tienen todos con que se vaya Nicolás Maduro.   A mí la persona que menos me importa que se vaya en realidad; es el Nicolás Maduro, porque ese señor no es la causa del problema que estamos padeciendo todos los venezolanos, él es en realidad la CONSECUENCIA.

Yo el que sí quiero que se vaya es el empleado público reposero, burócrata e ineficiente (es decir la mayoría). También quiero que se vayan todos los conductores que cuando hay un accidente en la carretera hacen una triple cola tratando de pasar primero. También quiero se vayan por supuesto todos los motorizados que circulan sobre la acera y los que se paran sobre el rayado, los que se comen siempre el semáforo y los conductores que arrojan basura por la ventana.

En especial quiero que se vayan los idiotas e idiotos que reservan toda una fila completa en el cine para sus amigotes que aún no han llegado o la viejas que cuando uno se sienta a su lado en el aeropuerto te dicen con cara é burra comiendo chicle; “ese puesto está ocupadoooo mijooo“. Típicos personajes de nuestra fauna venezolana que se creen únicos en el mundo, con todos los privilegios que les otorga su viveza criolla.

Quiero que se vayan los que se roban cualquier cosa que ven mal parada por allí. Quiero que se vayan los que atienden mal al público y también todos los buhoneros de las aceras, ¡ah! y sobre todo los mafiosos y mafiosas que le venden los puestos y las mercancías a esos buhoneros.

Quiero claro, que se vayan todos los corruptos, desde la señora que se roba los lápices y las hojas en la oficina, hasta el señor que se roba los bombillos del pasillo de su edificio y coloca los quemados que tenía en su casa. También los indolentes que aceptan un cargo público sabiendo que no tienen las competencias necesarias o los que se mantienen allí, solo porque tienen a un “panita” en el gobierno.

Que se vayan las madres irresponsables que tienen como 5 carajitos de 5 machos distintos porque según ellas; disque no fueron pa´ la escuela y por supuesto que se vayan con ellas todos esos “machotes” que las usaron a ellas como a trapos.

Que se vayan los que creen que educar a sus hijos es sentarlos a ver Discovery Kids y Cartoon Network, mientras ellos tienen la cabeza sumergida en las redes sociales leyendo “memes”.  Luego los entregan a un depósito de esos llamados escuela, esperando que además de enseñarlos, de paso se los eduquen.

Que se vayan los matraqueros y extorsionadores que pululan en los organismos del Estado así como en cada alcabala de carretera . Que se vayan los pranes y los traficantes, los empresarios deshonestos y los especuladores, los que aún pretenden vivir en Venezuela como ricos sin producir un carajo, los que esperan todo regalado y los que se creen más vivos que todo el mundo.

No podemos dejar por fuera a los sindicaleros, los abogados piratas, y los taxistas tracaleros del aeropuerto. Adiós a los policías malandros y viceversa, raspa-cupos y bachaqueros.

Así cuando se hayan ido todos estos venezolanillos, yo les garantizo que se irán solitos y para más nunca volver, no solo los Nicolás Maduro y compañía; sino también de ñapa se irán los Ramos Allup, las Maria Corina, los Leopoldo, los Capriles,  los Freddy Guevara, los Guanipa y toda la vergonzosa caimanera política que se alimenta gracias a la ignorancia de un pueblo. Un pobre pueblo que ni siquiera es capaz de reconocer ya, ni a sus propios verdugos.

P.D. Hay una sola manera de sacar a todos esos venezolanos del país… y es pasándolos por las armas… por las armas de la EDUCACIÓN.

Pega en tu muro y CREA CONCIENCIA, que así es como conseguiremos cambios permanentes”

Luis Zeppenfeldt H.

El VPI: la charla, la acción y el arma

El VPI considera que es “más arrecho” o “más arrecha” que los demás y siente la patológica necesidad de demostrarlo constantemente. Para ello utiliza tres herramientas principalmente: la charla, la acción y el arma.

La charla:

El VPI se adorna, se echa flores sobre su supremacía de pensamiento y sobre su bravura. Dice cosas como: “yo no me quedé con esa y le dije sus cuatro vainas” o “no pana, yo no me le quedo callado a nadie”, “a mi nadie me jode” o “yo soy así y punto, a quien no le guste pues lo lamento” o “¿Tu y cuantos más me van a obligar a eso?“. En su conversación cotidiana siempre es quien gana, quien compra o puede comprar mas, quien oye la mejor música, quien tiene el mejor carro, la mejor ropa, la mejor pareja (o la peor, el asunto es ganar la contienda charlística), etcétera. Es el dueño (o la dueña) de la verdad absoluta y lo que no orbite en su universo de preferencias pues está mal y merece el desprecio o la burla o la agresión, abiertos o velados. Normalmente hablan en voz alta y muchos hasta lo hacen con tono constantemente pendenciero o burlista.

La acción:

De las acciones es de lo que más se ha comentado en este blog. Todas esas pequeñas y grandes infracciones, acciones de viveza, desobediencias de las normas, irrespeto a los demás, carros manejados como locos, basura botada donde sea, música a toda mecha a cualquier hora, orinar en lugares públicos, el vandalismo, el ataque público verbal o escrito, dejar luces y TV prendidas sin necesidad por “rebeldía”, fumar en lugares indebidos, cruzar fuera del rayado, el abuso del hombrillo y todo el largo etcétera de malos ejemplos que estos VPI dan con sus acciones para reforzar su condición de ser más arrechos o más arrechas que los demás.

El arma:

La violencia intrínseca del pensamiento del VPI encuentra en el arma su herramienta de posicionamiento del discurso. El arma es el carro, lanzado contra peatones o contra otros carros para no dejarlos pasar. También lo es la moto, por supuesto, a lo que se agrega la actitud de “manada” cuando un motorizado quiere pelear con el chofer de algún carro. La manada, en este caso, es el arma. Tener cierto nivel de poder también es un arma cuando está en manos de VPI’s: le da la posibilidad de agredir a quien está por debajo en cuanto a autoridad. El tamaño del VPI o su actitud camorrera también son armas de amedrentamiento.

Pero por supuesto no hay arma más peligrosa en manos de esta gente que el arma de fuego. Con ella montones de VPI han herido o asesinado a miles de venezolanos y lo siguen haciendo. El poder de la bala es lo más embriagante que puede tener un VPI para no dejar ninguna duda de que es un arrecho. Una simple pistola transforma al alfeñique en un depredador sin piedad, transforma al degenerado detrás del volante en un asesino gatillo alegre que es capaz de disparar a lo loco contra cualquier carro sólo porque le reclame por no dejarlo cambiar de canal. Un revolver transforma una discusión de borrachos de una fiesta en una matanza. Las armas de fuego transforman a los VPI en animales irrecuperables.

Por eso, cada arma permitida en nuestra sociedad es una potencial tragedia, cada pistola que se permite ser llevada en nuestras calles y locales es una invitación a la masacre, cada revolver que se deja libre en manos de los VPI es un llamado a la imposición del reino violento de los VPI por su patológica condición de tener que demostrar su superioridad.

Es un alerta público. Nuestra sociedad no podrá avanzar mientras existan armas en todos sus espacios, mientras cualquiera pueda tener una pistola y accionarla sin temer ni siquiera una multa por ello, mientras nuestra cultura aplauda el uso de la bala y de las expresiones de bravuconería como ley aceptable de la jungla, gracias al modelaje mercadotécnico masajeado año tras año por novelas, películas y comerciales y reforzado por una actitud malandra ante cualquier pequeño  desencuentro por parte de la mayoría de nuestras figuras públicas.

Podemos lidiar con la charla del VPI y reeducarlo gradualmente, podemos castigar con multas y buenos controles las acciones infractoras, hay leyes para ello, sólo falta la voluntad, pero ante el arma no hay argumento que valga. Una vez accionado el gatillo sólo resta por un lado muerte y sangre y por el otro un VPI, dos VPI, 100 VPI, miles, con el orgullo hinchado.

¡Desarme ya! Es urgente

Imagen de SEDEM