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En Venezuela le decimos golillero a la persona que se beneficia de otras, o bien de cosas que esas otras personas hacen (o dejan de hacer) y el golillero se aprovecha de hacerlas propias, o bien de lo que esas personas desechan o dejan de usar y el golillero aprovecha de utilizarlas.

Cuando se trata de ropa decimos que el golillero se hizo con “una chiva”, es decir, con ropa usada o vieja pero que está en buen estado y puede aprovecharse.

Pero acá la golilla ha llegado a convertirse en cultura para muchas personas, en particular, por supuesto, para nuestros infaltables VPI.

Cuando se corre algún rumor de que algo va a escasear, la gasolina por ejemplo, el VPI golillero corre a llenar el tanque del carro para tener algún tiempo más de combustible en su carro antes de que escasee. En una especie de alivio de tontos, tengo hoy pero mañana no sé, ni me importa. Es tener la golilla de llenar antes que otros el tanque. Si. También es parte del apuro estúpido característico del VPI.

Si anuncian que determinado producto va a subir de precios, el golillero se lanza desaforado a adquirir hasta el último envase, saco o lata de ese producto, para poder luego tener el placer de jactarse por unos días de tener en su casa ese producto “a precio viejo”, ahorrándose unos centavos, aunque cuando se le acabe igual tendrá que comprarlo caro. Eso no importa. El gusto es poder jactarse de su viveza, de poder aprovechar la golilla.

Ni hablar de cuando se anuncia que algún sitio se podrá comprar algo a bajo precio, regulado o subsidiado. Allí aparecen y se reproducen por miles los golilleros, deseosos de ser los primeros beneficiados de lo que sea, que cueste nada o poco, aunque luego deban igual adquirirlo a precio normal.

En este fenómeno aparecen, por supuesto, los “bachaqueros”, quienes combinan su afán golillero con el negocio especulador. Agarrar primero que nadie y a como dé lugar el producto barato, para luego venderlo a 10 veces su precio o más, para ganar un montón de dinero sin tener que hacer mayor esfuerzo.

Agarrar la golilla no es más que beneficiarse lo más posible con el mínimo trabajo o la mínima inversión o la mínima creación o el mínimo afán de producir y transformar.

No te creas, esa cultura no pertenece sólo a personas comunes, también forma parte de las premisas de buena parte del empresariado criollo, tanto cuando las vacas están flacas como cuando las vacas engordan.

Y así estamos.

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2 comentarios sobre “Los golilleros

  1. “Si anuncian que determinado producto va a subir de precios, el golillero se lanza desaforado a adquirir hasta el último envase, saco o lata de ese producto, para poder luego tener el placer de jactarse por unos días de tener en su casa ese producto “a precio viejo”, ahorrándose unos centavos, aunque cuando se le acabe igual tendrá que comprarlo caro. Eso no importa. El gusto es poder jactarse de su viveza, de poder aprovechar la golilla.”

    Qué párrafo más absurdo. Es la conducta típica del mercado. Posiblemente se trate de un bien de uso corriente para la persona, que además no es perecedero y puede almacenarse durante un tiempo razonablemente largo sin sufrir daños. En ese caso el comprador se ahorraría una buena cantidad de dinero, más todavía en una economía como esta, donde los precios suben a diario.

    El marxismo cultural ha hecho bien su trabajo de adoctrinamiento con usted, señor Amargado.

    1. Estimado Bob: en realidad ese párrafo en particular, y en general el artículo, solo describe una realidad concreta. Sin entrar a juzgar lo bueno o lo malo del “Mercado” o de lo que tu llamas “Marxismo Cultural”, cuyo significado desconozco.

      Más allá del ansia de “aprovechar” las oportunidades de ganga, más para presumir de ello, aunque después igualmente tengas que pagar el incremento de precios, lo que está de fondo es ese prurito cultural por la “manguangua”, ese facilismo e inmediatismo, que tanto daño nos ha hecho y nos sigue haciendo como sociedad.

      Muchos saludos y gracias por leer y comentar

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