Los modelos

capitalismo

Los venezolanos propensos a cometer infracciones (VPI), notoria mayoría, tienen su basamento cultural en la necesidad patológica de sentirse “más arrechos” que los demás y además demostrarlo.

De esa idea central se derivan las demás líneas de pensamiento y acción del VPI: olvidarse de que los demás existen (pensamiento antisocial), a menos que los requiera para demostrar su superioridad, y el facilismo e inmediatismo, productos de la impaciencia de quien no acepta esperar o complicarse pues ello es símbolo de “debilidad”

Observando esta patología conductual desde el punto de vista de los modelos políticos que pugnan por imponerse en Venezuela, o al menos desde sus formulaciones teóricas, podemos encontrar algunos puntos interesantes. Hagamos un análisis simple:

Socialismo = en dos platos, todos somos iguales.

Para el VPI eso de “igualarse” a los demás le produce un corto circuito inmediato en su sistema de valoración, sobre de todo de auto-valoración. Es muy seductor eso de sentirse “importante”, cubrirse de títulos, hacerse intocable, convertirse en autoridad nominal para que los demás obedezcan sin rechistar, imponer opiniones sin aceptar que se las discutan. El socialismo plantea la igualación en importancia de todos, la estructura horizontal comunitaria, la delegación temporal, las decisiones tomadas en asamblea. Allí, sin duda, se produce un choque entre ese impulso cultural del VPI y los planteamientos románticos del socialismo. Al final se impone la parte visceral y atávica. La necesidad de ser el “mas arrecho” o la “mas arrecha” se superpone al plan de empoderamiento colectivo en casi cualquier entorno.

Capitalismo = simple y llanamente, quien que más tiene, más puede

Este modelo es afín con la cultura del VPI. Le da la posibilidad de demostrar, sin cortapisas, su superioridad. Si no tiene recursos, el capitalismo convence al VPI de que hay oportunidades para lograr tenerlos y que si lo logra, entonces podrá adquirir todos los símbolos de estatus que quiera para dejarle claro a los demás que él o ella son los “mas arrechos”. Permite justificar el desprecio por el otro, sin que ello sea pecado, en un sistema que establece la supervivencia de los más aptos como modelo socioeconómico lógico para el quehacer humano. Los VPI que tienen recursos, se sienten como peces en el agua en este modelo. Practican libremente aquello de que quien manda no es quien tiene la razón, sino quien tiene el dinero. Forman logias excluyentes, formales o no, a veces incluso sin darse cuenta, para excluir a quien no llena sus expectativas de grupo pudiente, material o socialmente hablando. Este modelo es la simiente de la cultura VPI.

Con una raíz social que creció sobre la necesidad constante de reafirmación de la propia superioridad y sobre la incorporación de signos externos (lujos, títulos, objetos valiosos, ropa cara) como evidencias de grandeza personal, la pugna entre un modelo que propone igualdad, a gente que no quiere igualarse, y otro modelo que propone la competencia como vía posible para la diferenciación, tiende a inclinarse hacia la preferencia de los VPI: somos los más arrechos, debemos ser los más arrechos, y es nuestra obligación demostrar que lo somos.

Imagen del Topo Obrero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s