El botón de “apúrate”

Botón de apúrate

Últimamente estoy utilizando mucho el Metro de Caracas, escenario estelar para observar la conducta patológica de los VPI. Allí encontramos la cultura del empellón, la imposibilidad de cambiar de rol, el apuro estúpido, la escasez de solidaridad, la falta de conciencia colectiva, etcétera, propios de la cultura VPI. Hoy voy a comentar sobre el uso que le dan estos personajes al botón de emergencias que hay en los vagones.

Todos sabemos que si se presenta alguna emergencia médica dentro de un vagón del Metro, existen unos botones a los lados de las puertas, que sirven para avisar instantáneamente al conductor del vagón, para que en la siguiente estación se atienda la situación de inmediato, sin embargo, los VPI han encontrado otros usos para esos botones:

  • Si entra al vagón pero quien venía con él o ella se queda atrás, toca el botón para ver si se vuelven a abrir las puertas para que su compañero o compañera entre.
  • Si el vagón se demora unos segundos más de lo usual detenido en una estación, toca el botón para que el Metro SE APURE, es decir, para protestar. Es equivalente al cornetazo que se da en las colas, a varios carros de distancia del semáforo, para apurar a los demás carros.
  • Si viene entrando al vagón, hay mucha gente y le está costando acomodarse, toca el botón para ganar un poco más de tiempo para apretujarse. Lo que pueda demorar esto a todo el mundo, poco le importa.

La creatividad del VPI para encontrar la forma más inadecuada de utilizar herramientas públicas de comunicación, es proverbial.

Imagen de Daftphoenics

2 comentarios el “El botón de “apúrate”

  1. honey2b60 dice:

    No me asombra ver tanto material que invita a la reflexión sin compartir en redes ni comentarios, el 99% de los VPI tampoco queremos que nos identifiquen y sería absurdo no reconocer que somos tanto… Gracias por escribir pensamientos ajenos, más allá del mi egocentrismo.

    • elamargado dice:

      Muchas gracias Honey. En realidad, tal como mencionas, para mucha gente no es nada cómodo reconocer sus propias fallas y mucho menos reflexionar sobre ellas.

      Es más seductor culpar a otros y a causas externas, y para la seducción estamos hechos.

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