Motorizados aleccionadores

La mayoría de nuestros motociclistas o motorizados, como le decimos en Venezuela, comete a diario prácticamente todas las infracciones contempladas en la Ley de Tránsito: se comen flechas y semáforos, hacen vueltas en U en lugares prohibidos, se montan en aceras, van por el hombrillo, montan sobrepeso en sus motos, no usan cascos, manejan a exceso de velocidad, etcétera.

Cuando se les reclama por su infracción, entonces los motorizados se  ponen agresivos, insultan,  pegan y además se comportan en forma de manada si alguno de ellos está agrediendo a alguien o si acaba de ser arrollado, generalmente por su propia imprudencia, formando una especie de enjambre de vehículos de dos ruedas mezclados con personas manoteando, gritando groserías y lanzando pescozones.

Cuando la sangre todavía no llega al río, es decir, cuando no hay ningún reclamo o golpe pero usted con su carro casi los roza por “atreverse” a cambiar de canal, obligándolos a frenar 1 kilómetro antes, o casi los escachapa por no verlos cuando vienen por la derecha cambiando de un punto ciego al otro hasta salirle casi encima del capó del carro justo cuando uno está pisando el acelerador, es entonces cuando, encima de todo, estos motorizados abusadores asumen la actitud más insólita de todas las que los caracterizan: se ponen aleccionadores.

Es entonces cuando usted los escucha explicar, empleando gritos y ademanes violentos, cual es el correcto uso del espejo retrovisor y de los espejos laterales, qué debe hacerse en caso de escuchar el corneteo de un motorizado que se acerca, lo malo que es cambiarse de canal y adicionalmente recomendaciones para ir al oftalmólogo.

Traducido al lenguaje motociclístico esa pedagógica explicación dice más o menos así: “¡pero bueno mama g…! ¿tú no sabes usar los espejos? ¿´Tas ciego?, ¿tú no oyes la corneta co… de tu madre?, ¿cámbiate de canal como es, enderézate gue… ón?”, etc.

Usted decide si se convierte en un alumno ejemplar de estos eruditos personajes del manejo y el tránsito y se queda calladito dentro de su carro con los vidrios arriba oyendo música mirándolos como atento a sus valiosas lecciones o si prefiere ser rebelde y responderle con igual manoteo y lenguaje a sus discursos expertos.

Las fotos que coloqué aquí son tomadas en la Calle Sorocaima en El Llanito, Caracas. Esa flecha se la comen diariamente los motorizados que pasan por allí. Cerca está el Instituto Nacional de Tránsito Terrestre y también una sede del CICPC. Por cierto, los motociclistas de estas instituciones TAMBIÉN se comen esa flecha.

¿Motorizados satanizados? Sí, claro

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