Los aplastados

Hace pocos días fui a una heladería que queda en el CC Millenium y luego de pagar nos tocó hacer una pequeña cola para que nos entregaran el pedido. El problema es que el local es mínimo y entonces comenzó a llegar bastante gente y nos aglomeramos. El fenómeno VPI que se presentó entonces fue el de “los aplastados” (prefiero ese término al más criollo “achantados” porque este último suele designar a quienes son lentos por naturaleza más que por desidia)

Los VPI en cuestión, que estaban en la punta de la cola, hacían su pedido desde la mitad del mostrador y ni por asomo se les ocurría desplazarse hasta la punta del mismo para que la cola avanzara y el amontonamiento de gente fuera menor. No. Ellos pidieron y se quedaron aplastados en el mismo sitio hasta que le entregaban lo que pedían. Incluso algunos discutieron con los muchachos que servían y otros hasta dudaban sobre cual “toping” le iban a poner a la barquilla y se ponían a decidirlo con su pareja con total tranquilidad sin moverse.

Por supuesto en cuestión de segundos se mezcló la cola para pagar con la cola para pedir y los intentos de colearse por parte de los VPI aumentaron mientras que todo el espacio delante de medio mostrador seguía vacío.

Los aplastados abundan. Su premisa principal es en el fondo la misma que la de los que sufren de apuro estúpido: su tiempo es más importante que el de los demás. Mientras que los apurados patológicos agreden a los demás para que se quiten del medio, los aplastados miran con desdén el apuro del resto de los mortales. No les importa atravesarse a hablar en medio de una concurrida acera con un grupo de amigos, ni tampoco paralizar el tránsito para recoger o dejar tres pasajeros, ni sacarle la mano a un autobús para que se detenga en plena avenida y hora pico para subirse ella y dos ancianas más a menos de 5 metros de una parada espaciosa y con bancos. El VPI aplastado se planta en medio de la escalera a hablar por teléfono o enviar mensajitos obligando a los demás a rodearlo separándose del pasamano.

“Caminen para atrás” se oye en las camioneticas. “Distribúyanse a lo largo del andén y en el vagón”, “no se queden en las puertas” se dice en el Metro. Esos son llamados cotidianos a los aplastados VPI para que fluyan.

Y fluyen, claro, pero cuando les da la gana.

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