Las quejas relativas

Esta semana fui al Banco tres veces para sellar un estado de cuenta, lo cual resulta ser una de las diligencias bancarias más rápidas que se pueden realizar en una oficina.

El martes entré, tomé el número de la cola virtual y me indicaba que tenía 7 personas por delante, sin embargo, tras esperar solamente 25 minutos, fui atendido y salí.

El miércoles fui a sellar otro estado de cuenta que había olvidado, tomé un número y comencé a esperar.  Dos señores que estaban allí antes que yo y sentados comenzaron a quejarse en voz alta. Yo los escuchaba de pie un poco retirado desde donde podía ver tanto a los ejecutivos de un lado como a los cajeros del otro. Eran las 2 pm.

Los señores reclamaban que tenían una hora allí y no los habían atendido los, o mejor dicho, las ejecutivas, para su gestión CADIVI. Las frases eran las usuales: “cómo es posible”, “este es un abuso”, “de tres que atienden sólo hay una” (las otras estaban llegando de almorzar), “el tiempo de uno también es valioso”, “este banco es un porquería”, etcétera. Tenían sus razones de quejarse.

Lo peculiar sucedió cuando un señor, fuera de la visual de los reclamantes, entró por la puerta del banco, tomó su numerito y apenas se iba a sentar lo llamaron. Su cara fue de sorpresa, se dirigió hasta la caja, le sonrió a la cajera y conversó con ella cordialmente, hizo su diligencia y se fue satisfecho.

Al mismo tiempo que para los otros dos señores el banco no servía, para este señor el banco trabajó de maravilla.

Se repitió lo mismo con otros señores y señoras que llegaron a hacer sus transacciones en las cajas. Se iban sonreídos. A los 45 minutos todavía no habían llamado siquiera a los que estaban delante de mí y apenas se había sentado en el escritorio de una de las ejecutivas uno de los reclamantes mientras el otro se enfurruñaba aún más en su silla. Yo como no estaba apurado decidí irme y volver otro día.

Hoy regresé  al banco. Tomé el número y exactamente 40 segundos más tarde me llamaron, me atendieron y me fui.

Hay situaciones que son sumamente relativas en nuestra brega diaria con instituciones y servicios. En el Metro de Caracas por ejemplo, hoy por twitter se leía al mismo tiempo usuarios quejándose de un nuevo atraso en el sistema aquí o allá mientras que otros escribían felices haber llegado en pocos minutos a estaciones lejanas.

Claro que, hay que tener un poco de suerte y de malicia para saltarse malos servicios como los de casi todos los bancos o el que está prestando generalmente el Metro de Caracas y procurar la mejor suerte al usarlos… a menos que no quede de otra que utilizarlos en el peor momento.

Pero hay excepciones que confirman la regla.

De la oficina del Banco del Caribe de Parque Cristal en donde hay que estimar siempre tardarse mínimo dos horas aunque uno vaya solamente a picarle el ojo a la cajera hablaré en otro artículo.

Un comentario el “Las quejas relativas

  1. Ethérnithas dice:

    Creo que son nuestras actitudes y pautas mentales lo que genera nuestras experiencias de vida, de ahí que un mismo hecho pueda ser vivido y percibido de distintas maneras por distintas personas, en realidad existen posibilidades infinitas, pero en ocasiones nos aferramos a una sola, limitando así nuestra experiencia y oportunidades de crecimiento

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