Recientemente se estuvo comentando sobre la expresión “hijo de puta” en Venezuela debido a que la misma fue utilizada por un personaje chavista (Mario Silva durante la transmisión de su programa de TV “La Hojilla“) en contra de el dueño de un periódico antichavista (Miguel Henrique Otero de El Nacional). La sentencia del Tribunal Supremo de Justicia consideró que la expresión no era difamatoria ni injuriosa, que fueron los cargos de la acusación, dejando sin efecto la demanda.

La expresión en si es considerada por la RAE como un insulto, no como una injuria ni como una difamación, es decir, como una frase soez que se emplea para insultar a quien se considera una mala persona y no para ofender el honor de la madre de dicha persona.

Por otro lado en varios tribunales españoles hay precedentes de decisiones similares exculpando a quien utiliza esa expresión considerándola en todo momento como “parte del lenguaje”. Tal ha sido el caso de la Audiencia de Las Palmas, un Juzgado Penal de Barcelona o el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

El detalle no radica en la decisión legal sobre la expresión sino en el hecho de que la misma es muy soez para el español venezolano y su uso, sobre todo si es en un medio público y en la perfecta calma de un programa de televisión, descalifica por si solo a quien la utiliza representando además un terrible ejemplo a dar en el uso del lenguaje para jóvenes y niños quienes deben entender que las groserías, las malas palabras, no deben ser empleadas comúnmente, pues los hace lucir como gente mal educada y agresiva.  Existen en el Castellano muchísimas más expresiones no groseras con las cuales los mensajes de reclamo o incluso el insulto puedeN resultar muchísimo más eficientes y tajantes.

Ya he criticado antes el uso indiscriminado de la grosería en público, sobre todo en presencia de personas desconocidas y principalmente de damas, a quienes considero se les debe tratar con el máximo respeto sobre todo al hablar. Es para mí un tema de buenas costumbres que deben ser transmitidas además a las nuevas generaciones.

Puedo entender el uso de una grosería en voz alta en un momento de frustración o de ira, como una liberación momentánea de una rabia, pero utilizarla fríamente como insulto para recalcar una crítica es simplemente un ejercicio soez que degrada fundamentalmente a la persona que lo hace y estropea el mensaje.

La decisión en el caso Silva-Otero no limpia la imagen del conductor del programa “La hojilla”, al contrario, la enloda, pues da a entender que no tiene vocabulario suficiente como para expresar su opinión sobre Otero sin tener que apelar a groserías para ello en TV de señal abierta cuya retransmisión cualquier joven o niño puede encontrar en Internet en cualquiera de los horarios establecidos por la Ley Resorte.

El precedente no es venezolano sino español pero bien podríamos dar lecciones de altura en nuestro lenguaje a los europeos si decidiéramos dejar de defender el uso de las malas palabras para la agresión verbal, práctica típica de los más perniciosos VPI.

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