Siguiendo con el tema de los motorizados o motociclistas de Caracas, a dos meses de aprobarse la “Ley de Transporte Terrestre Sobre el Uso y Circulación de Motocicletas en Nacional y el Transporte Público de Personas en la modalidad individual Mototaxis”, es notorio el hecho que de dicha ley es letra muerta pues seguimos viendo a los motorizados circulando a toda velocidad entre canales, sin cascos y sin ningún tipo de identificación, llevando a una y hasta dos personas de pasajeros, montándose en aceras, y comiéndose flechas y semáforos.

El aspecto más preocupante de esta conducta aberrante por parte de una mayoría de los motociclistas es su exacerbada agresividad en contra de cualquier persona que les reclame sus infracciones o, peor aún, en contra de cualquiera que los obligue a pisar el freno.

En el período de lluvias sucede un fenómeno adicional que permite volver a asegurarle a Chávez que los únicos responsables de satanizar a los motociclistas no son otros que ellos mismos.

Un amigo motorizado me explicó que, por ley, ellos deben llevar siempre en sus motos un “kit de lluvia”, es decir, prendas impermeables que les permitan seguir circulando hasta su destino. Por supuesto que, tal como ocurre con casi todas las leyes, esta tampoco la obedecen y entonces cuando caen los aguaceros en la ciudad se ven obligados a refugiarse debajo de techos o puentes.

El problema viene cuando los motorizados se protegen de la lluvia parándose debajo de los puentes de la autopista en donde, en primer lugar, ellos ni siquiera deberían estar. Como son tantos motorizados con sus motos circulando por esa vía, terminan amontonándose como sea hasta que obstaculizan los canales generando muchísimo más retraso en la circulación de los carros del que comúnmente ocurre cuando las vías están mojadas.

Se han visto casos en los cuales el agrupamiento de motorizados es tan grande que sólo queda un canal libre para que pasen los carros.

Lo peor no es eso, que ya de por sí es un gran abuso, sino,  tal como menciono arriba, la agresividad, pues resulta que muchas veces entre esos grupos de motorizados detenidos por la lluvia hay algunos se dedican a lanzarle piedras a los vidrios de los carros que pasen a más de cierta velocidad por el único canal que dejan libre, con la excusa de que los carros “los mojan”, es decir, su razonamiento VPI es: “a quien me moje le parto el vidrio y si es posible la cabeza”. No miden, en su rabia patológica, que mojar a alguien no es lo mismo que reventarle la cara o un vidrio de un peñonazo. Ni siquiera consideran las consecuencias de su conducta si ocurre que en el carro va una persona mayor o un niño y recibe el impacto de la piedra lanzada con resentimiento a cambio de una salpicada.

Es preocupante que Caracas sea un pueblo sin ley y lo que ocurre con los motociclistas en nuestra ciudad no hace más que reforzar esa tesis.

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Artículo anterior:

¿Motorizados satanizados?

Foto de Globovision

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