Llego al mostrador de la arepera con mi ticket ya previamente adquirido. El que despacha revisa sus mensajitos en el celular y le mama gallo a su compañero que es magallanero. En eso me mira y me dice “¿Si, dígame?” y entonces le respondo “Me da por favor una empanada de queso y un jugo de piña para llevar…”. Mientras le digo mi pedido el despachador se voltea para botar un papel y revisa de reojo en la pantalla si ya la novia le respondió mientras le lanza un golpe en chanza al magallanero. Entonces me vuelve a mirar y repite “¿Si, dígame?”

Hay una variante: “¿Me dijo una empanada de…?”

Mi respuesta, generalmente, es repetir fuerte y claro (bastante fuerte y bastante claro) el pedido.

Eso se vive cotidianamente en los muchos sitios donde atienden los VPI, te hacen creer que te están poniendo atención a lo que dices y luego te obligan a repetirlo, a veces no solo una sino dos y hasta tres veces.

En otra anécdota, luego de repetir claramente mi pedido de solomo y una limonada frappe en un restaurant de un hotel, me trajeron fue un pescado al horno y la bebida nunca la vi. Terminé bajando los bocados con cerveza.  Servicio VPI de primera.

En el servicio y la atención al público es donde más se destacan los VPI que nos rodean. Hay librerías repletas de antipáticos y antipáticas quienes además de maltratarte ponen una cara de que les estás hablando en chino si le pides un libro “raro”, es decir, uno libro que no sea de los que están en el mostrador y él o ella puedan ver desde su silla de la cual rara vez se mueven.

Si es una tienda de discos es peor. Puede ser que encuentres a algún dependiente conocedor de lo que hay en la tienda pero, generalmente, si les pides algo más allá del grupo de moda que tiene 200 CD de promoción en la vitrina muy poco te pueden ayudar y más bien te hacen entender que les molesta tus preguntas.

Los VPI practican la desatención y el maltrato en forma profesional detrás de cualquier mostrador, sea de un hotel de lujo o de una venta de lotería, y si usted pertenece a la tercera edad pues el maltrato es aún mayor pues hay que recordar que la paciencia de un VPI es proporcional a su sentido común: tiende a cero.

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Un comentario sobre “¿Si, dígame?

  1. Muy bueno este post, ese VPI está en todas partes y aveces sus niveles de desatención, descortesía y nulo sentido de lo que es atención al público llega al extremo de encontrarte con un vendedor de mostrador que sin apenas terminar de escuchar lo que estás solicitando dice “no hay”; una maleta que te es entregada en el aeropuerto totalmente destruida a pesar de que la confiaste a la aerolínea nueva y en buen estado; entre muchos otros ejemplos.

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