El patán

En la oficina donde trabajo hay un tipo de VPI sumamente peligroso: el patán. La bruja mayor y este señor del cual pasaré a comentar ahora, son ambos del tipo Homo Patanus, ella de la variante evolucionada y él del tipo más bien mesozoico.

El patán de este ejemplo proviene de una vieja raza de lobistas (cabilderos) quienes se movían entre el mundo político y el empresarial procurando coleccionar, como barajitas de un álbum, contactos en instituciones públicas y privadas, para venderse como gente de poder o “influyente”, eufemismo este que suena mucho más poético para sus oídos ansiosos de pleitesía.

Este señor, venido a menos por las quiebras o por las disoluciones de sus múltiples empresas en las cuales estuvo, o bien como socio o bien dirigiendo, según cuenta él mismo pomposamente una y otra vez cada vez que le dan oportunidad de adornarse, terminó siendo contratado desde hace unos meses como “asesor” de la empresa donde todavía trabajo y de la cual he comentado en otras oportunidades.

El detalle es que en esta oficina disfuncional su rol de asesor no le otorga ninguno de esos privilegios a los cuales estuvo acostumbrado por años de ser Representante, Gerente o Director asistiendo a exposiciones, congresos, whiskycitos, almuerzos, ferias y demás, cuando seguramente utilizaba una o varias secretarias, sino que aquí debe hacerse sus propias cosas él mismo, incluyendo enviar correos, preparar hojas de Excel y Word, sacar copias y otras pequeñas tareas de oficina de las cuales tiene muy poca o ninguna idea de cómo se hacen.

Este señor entonces ha debido acudir a las brujas de la oficina para que le ayuden a hacer dichas tareas (con la consiguiente burla y posteriores chismes de este aquelarre) y se ha tropezado con un estilo gerencial comercial que difiere mucho de su antiguo concepto de negocios, lo cual lo frustra en lo más hondo de su alma amante de la componenda y el campaneo.

Lo malo con este VPI es que, en su proceso de tropezar con la gerencia del área, cada vez que pretende que yo le responda en minutos por actividades que requieren días o por temas que son de muy baja prioridad para la empresa (aunque para él y su forma de ver los negocios son de primera línea), se encuentra con mi negativa o con mi diferimiento en la respuesta (la mayoría de las veces por instrucciones de mi jefe) y acto seguido, gracias a que no recibe la debida atención inmediata que todo patán exige, se dedica a tratar de desacreditarme ante los dueños de la empresa, ante mi propio jefe y ante quien sabe quien más en este mundo, a eso se suma el quitarme el habla, cosa que por un lado desdice su profesionalismo y por el otro me alivia de escucharle sus rimbombancias sobre su pasado estelar gremial.

El VPI no acepta reglas distintas a las suyas y si es del tipo patán no tolera encontrarse con otra cosa que no sea una alfombra roja de atenciones y asentimientos a todo cuanto diga y pida. Si por el contrario se encuentra con que no se le hace caso o no se le tiene miedo entonces, escríbanlo, moverá cielo y tierra hasta hacer desaparecer a lo que se le oponga.

Ya una vez fui víctima de uno de estos especímenes y, créanme, o conservas tu dignidad mientras te patean el trasero, o procuras quitártele del medio cuando decida arremeter si quieres quedarte sano donde estás, porque el patán, sobre todo si logra tener poder (del real, no del de cuentos de brindis) es capaz de convertirte realmente en polvo cósmico… a menos que tu también seas un patán con poder.

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3 comentarios el “El patán

  1. […] VPI que abundan en los lugares de trabajo. También hay un patán pero de él ya hablé antes por aquí […]

  2. Antonio Vitannel dice:

    Hola, hoy es 22 de Mayo del 2012. Quiero comentarles que en mi oficina también hay un PATAN, caradura, fresco, sinverguenza, servil y demás atributos parecidos.
    Puedo darles más detalles de este PATAN si me lopermiten, y les aseguro que de este puedo escribir un libro, que serviría a muchos que trabajan en oficinas y tienen de compañero a un tipo de lo peor.
    Si me leyeran hasta podrían pensar que exagero, pero vivo el infortunio en carne propia.

    • elamargado dice:

      Saludos Antonio y gracias por tu visita y tu comentario. Nunca falta un personaje así en las oficinas, defintivamente, como dice el dicho “nunca falta quien sobre”. Siempre bienvenido!

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