Mosquitas muertas

En nuestro país se les dice “mosquita muerta” a esas personas que tras una apariencia de desvalidas ocultan una intencionalidad clara de aprovecharse de la bondad de otras personas para obtener beneficios adicionales los cuales, en realidad, no necesitan. Una variante son los que “tiran la piedra y esconden la mano”, esas personas que tras una inocencia disimulada son las responsables de chismes, comentarios malsanos e incluso maldades.

Estos son ejemplos del VPI antisocial quien, en lugar de utilizar la técnica agresiva y gritona del Mago de Oz, prefiere aplicar el método del Gatico de Shrek, agrandando sus ojos tristones para lograr la lástima mientras a escondidas preparan sus pezuñas para el zarpazo certero.

En mi oficina, un lugar infestado de VPI pese a que somos menos de 10 personas, una de las que trabaja allí, a la que llamo la “bruja simpática”, aplica expertamente estas dos formas de manipulación. Su frase preferida es “pobrecita yo” o “eso es muy caro y yo no tengo”. Claro, en ese caso se descubre la artimaña pues la susodicha gasta millones en una fiesta infantil, tiene un celular último modelo y un nuevo carro pero pone cara de desgraciada cuando debe gastar un tercio de lo que gastó en todo lo demás para comprarle una medicina a su hijo.

Bajo su disfraz de dicharachera sabe perfectamente cuando colocar voz de víctima, como de niñita regañada, para pedir y pedir y pedir, comida, dinero, que le brinden, un regalo, dulces, un almuerzo, en fin, lo que sea.

Sus actuaciones más logradas ocurren al embarazarse. En estos días tiene algunos meses de embarazo de su segundo hijo y eso, obviamente, lo aprovecha para convertirse aún más en objeto de lástima, casi a nivel de inválida, ante sus víctimas.

Aunque el mundo entero sabe que la mujer embarazada, salvo que tenga condiciones de riesgo que no es el caso, puede seguir haciendo exactamente lo mismo de siempre casi que hasta el último mes de su gestación: caminar, bailar, comer, tomar, hacer el amor, subir escaleras, manejar y trabajar, sin embargo, esta logradísima VPI se excusa tras su barriga para no levantarse de su silla y caminar un metro y medio para abrir la puerta de la oficina, es más, ¡se escuda en su embarazo hasta para no atender el teléfono!. Por supuesto que no por ello deja de hablar horas y horas por ese mismo teléfono con amigos y familiares, armar un chisme tras otro y hablar mal de cualquiera de los que trabajamos en la oficina. Para eso su preñez no es obstáculo.

Estos y estas VPI “mosquitas muertas” abundan, claro que el caso que describo es particularmente pernicioso sobre todo para los pendejos que se dejan engañar fácilmente por esas actuaciones, merecedoras de Oscar que practican constantemente estos especímenes.

A cuidarse de estos VPI disimulados, suelen no querer a nadie sino a sí mismos y lanzar muchas piedras sabiendo esconder como profesionales la mano antes de que nadie se dé cuenta.

Imagen de David Bautista

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3 comentarios el “Mosquitas muertas

  1. Marc Bonet dice:

    Hola Amargado,
    ¡Gusto en saludarte nuevamente!

    El tipo de personas mencionado en tu artículo abundan en nuestra sociedad. Abusan de los demás victimizándose falsamente, utilizan verdades a medias, se valen del muy conocido y explotado “mal de muchos, consuelo de tontos” y, por supuesto, cuando son víctimas verdaderas de alguna situación negativa, la maximizan lo más posible para utilizarla por el resto de sus vidas como una nueva herramienta base para el “ayúdame”, “no puedo”, “me cuesta mucho”, “es difícil”, “he sufrido mucho”, etc….

    El ámbito laboral está plagado de estas personas. Es una de las razones de nuestra baja productividad como nación (si quitas el petróleo de nuestro PIB, ¡Haití produce más que nosotros!). Estas personas son las que dicen “trabajemos en equipo”, siendo siempre sólo pocos los que trabajan, pero a la hora del éxito, “¡fuimos todos!”. Mi experiencia es que poco a poco la gente aprende y las reconoce, de esta forma las “mosquitas muertas” utilizan uno a uno a los compañeros de trabajo que se dejan hasta haber pasado por todos. Luego, cuando ya no pueden abusar mas, renuncian de la empresa y se van a otro lugar. En este momento demuestran cuánto compromiso en realidad tenían con el bien colectivo y dejan una ola de contradicciones en relación a todas las mentiras y palabrerías dichas antes de quitarse la máscara. Ellos pasan la vida viviendo de otros… realmente son parásitos.

    Extrapolando este comportamiento, fácilmente podemos llegar a los actuales “Ninies”… No son más que la mayor expresión de este tipo de personas llevada a una escala social. Simplemente “me da igual” porque ahora mismo “estoy bien”… no importa el bien colectivo social; sólo les importa lograr seguir viviendo de los demás de la manera más fácil posible.
    Lo que es realmente triste es que nuestro destino, inmerso en esta sociedad de valores y moral cuasi medieval, está íntimamente ligado a la participación de estos, hasta ahora, pusilánimes… ¿despertarán?

    Saludos,
    -marc

  2. […] This post was mentioned on Twitter by Pedro Isea and Pedro Isea, César Landaeta. César Landaeta said: RT @Petruscosas: "Mosquitas Muertas" – Nuevo artículo en el Blog El Amargado: http://bit.ly/eaClaS #Blogs #VPI […]

  3. yohji yamamoto perfume

    Mosquitas muertas | El Amargado

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