Ayer entré a un Locatel y viví varios encuentros rápidos (tropezones pues) con los VPI y su forma de “mal caminar” en locales cerrados, pasillos estrechos, colas ante las cajas, etcétera.

De entrada una pareja joven obligaba a quien venía tratando de entrar a la tienda a rodearlos mientras ellos decidían si comprar un champú u otro atravesados en todo el medio de la puerta.

Más adelante, aún cuando la cola es por número, los VPI disfrutan atravesándose en todo el mostrador para obligar a quienes les toque su turno a pedir los remedios por encima de ellos, estirando el brazo y hablando fuerte para poder hacerse entender. Es muy raro que un VPI, embebido en la importancia suprema de su propia vida, su propio tiempo y sus propios remedios, se haga a un lado cuando no le toca su turno.

En los pasillos ni hablar, los y las VPI se detienen justo en el medio de los pasillos a ver sus productos con toda su calma sin importarles mucho que uno necesite pasar por allí. Cuando uno ya casi les va a pasar por encima entonces se mueven apenas un poco y siempre con cara de “ah, no sabía que había alguien más en la tienda” aún cuando por la hora haya más de 150 personas circulando por todas partes a su alrededor. Esto incluye niñas, jóvenes, niños, chamos, ancianas, ancianos, hombres, mujeres, etcétera. El ser VPI no discrimina ninguna condición humana.

En la cola para pagar una mujer VPI delante de mi se extrañó de que hubiera tanta gente en el Locatel. “¿Qué pasará que hay tanta gente?” le decía a un señor buscando entablar una conversación que seguramente terminaría hablando mal de la tienda, del país, del presidente, de Rosales y hasta de los Leones del Caracas, eso sin contar las seguras quejas que vendrían por el costo de la vida y lo caro que venden los pinos en Las Mercedes…

No escuché nada de eso pues me coloqué mis consabidos Ipod anti amargura y pasé a oír un poco de música tecno y jazz al volumen adecuado anti VPI quejosos.

La señora de atrás, otra VPI pero de modelo distinto, me tropezó repetidamente con sus bolsas casi todos los 10 minutos de cola que estuvimos allí. También tomó la postura típica del VPI haciendo cola la cual consiste en NO colocarse detrás del que va adelante sino CASI AL LADO, en una suerte de auto engaño de que así podrán avanzar más rápido (o cazando alguna oportunidad de colearse a lo arrecho, tal como lo dictamina la biblia de los VPI)

La VPI que iba delante de mí era de las que impone su lentitud a lo arrecho. Tardó en pagar, tardó en tomar su vuelto, lo guardó con calma en su bolso, revisó la factura, revisó la bolsa de productos y luego se dio la vuelta lo más lentamente que pudo. Quizá entendió en algún gesto mío que yo estaba impaciente cuando la realidad es que estaba de lo más relajado viendo su conducta estúpida y la de varios VPI en la tienda mientras escuchaba un tema de Jorge Drexler. Era la misma VPI quejosa de un principio quien ahora buscaba a algún quejón de su demora para pelear y demostrar lo arrecha que era pero fracasó en su intento.

Salí de la tienda luego de pagar, con más anécdotas para contar de nuestros VPI quienes se empeñan en no verse en un espejo para entender porque las cosas están como están en nuestro país, comenzando por el pequeño granito de arena de compartir con respeto el espacio y el tiempo en una tienda cualquiera.

Otro día hablaré de los supermercados y sus famosos carritos.

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10 comentarios sobre “Encuentro con múltiples VPI en una tienda

  1. “El respeto al derecho ajeno es la paz”
    Una máxima del sentido común sencilla y magistralmente expresada por Benito Juárez hace más de un siglo en el pujante y convulsionado México. Lamentablemente nuestra sociedad está casi a niveles medievales. Aquí mejor sobrevive Darwin en lugar de Einstein. Es una lástima Amargado, es un tema de principios y valores morales y familiares… Si hoy comenzáramos a educar a nuestros niños correctamente (cosa que ahora mismo no hacemos) tendríamos que esperar unos 20 años para ver resultados y cosechar un país de gente decente, respetuosa y educada… El túnel es largo y yo, personalmente, no le veo ni la luz ni el final. Sólo nos queda tratar de hacer lo mejor y educar al que podamos. ¡El problema es que son muchos!

  2. Marc: 100% de acuerdo con tu comentarios. Dos ideas de lo que planteas me parecen clave: Educar al que podamos aunque sean muchos los que intentarán más bien des-educar. Muchos saludos!

    Marga: ¡Muchas gracias!, no estamos solos en este camino amargo pero ojalá lo podamos ir endulzando poco a poco. No sé, será apostar a algún tipo de cambio de conciencia. Bienvenida a este espacio

    Davidache “El Amargado”

  3. Mientras leía la parte en la que mencionas a la gente que contempla los productos en el medio del pasillo sin tener conciencia de que estorban, estaba pensando justamente en los que ponen el carrito del supermercado de la manera más inconveniente posible, es como si calcularan mentalmente cómo hacer para estorbar lo más que puedan.

  4. Amargado, Amargado…

    A veces tienes mucha razón. Hay gente desconsiderada en todos lados, es verdad, pero ¡cuánta falta de solidaridad humana y de caridad cristiana tienen a veces tus comentarios! Acaso la señora que tenías en frente haya sido una persona mayor que por su misma condición necesitara todo ese tiempo para despejar la caja que tú querías usar. Vale, estoy especulando, porque la edad de la VPI en cuestión es cosa que no se aclara en el artículo, pero esa es la impresión que da.

    1. Frank:

      Esto no tiene nada que ver con solidaridad humana o caridad cristiana. Las señoras que menciono en este artículo eran bien plantadas y lúcidas, no viejitas débiles y desorientadas, esa inferencia sólo corresponde a tu interpretación.

      Saludos y gracias por tu visita y comentario!

      Davidache

  5. Entonces me hice una imagen mental de la situación que no correspondía a la realidad. Aunque también un joven puede andar desorientado, tener alguna depresión que le impide funcionar normalmente. Esas cosas pasan.

    La línea que divide la caridad de la alcahuetería puede ser muy fina. Me refiero a que no hay que tolerar comportamientos peligrosos, estúpidos o ilegales. Sin embargo hay cosas relativamente inofensivas (como la lentitud) que pudieran deberse a motivaciones diferentes a las que uno supone.

    Saludos.

  6. Francesco: todo lo que dices es obvio, por supuesto, hay lentitudes de lentitudes. Esta a la cual me refiero en este artículo es de las asumidas adrede con el fin de provocar (cosa que no logró) caso contrario no la hubiera comentado.

    Saludos y gracias por tus visitas y comentarios!

    Davidache

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