El mercado es un lugar en donde se interactúa muy de cerca con otras personas, por ello es un sitio ideal para identificar en pocos metros cuadrados las actitudes de los VPI luciéndose con sus ideas sobre la vida (“yo si soy arrecho”, “los demás no existen…a menos que los necesite”, “mi tiempo es más valioso que cualquiera”)

Primero que nada el VPI deja atravesadote su carrito de compras en medio de cualquier pasillo mientras revisa con toda parsimonia los productos que va a comprar. Ni siquiera si viene por dicho pasillo tres señoras cada una con un carrito con 5 toneladas de compra el VPI (o la VPI) mueve su carrito. Una de dos: o la gente que quiere pasar tiene que mover el carrito del VPI por su cuenta o se ve obligado a pedir permiso al VPI cuando ya se nota que no hay manera de pasar. El VPI como respuesta mueve su carrito unos milímetros sin ver a la persona afecta o utiliza una voz dulzona inocente de bebé santo diciendo “ay, disculpe, es que no le vi”

Usted los puede ver luego mientras caminan la increíble habilidad que tienen para atravesar sus carritos en casi cualquier punto del automercado donde se paren.

Estos VPI tampoco “se fijan” en los letreros de las cajas “rápidas” (menos de 10 artículos) o de las que son para personas de la 3era edad. Se meten, tratan de vaciar lo más pronto sus carritos antes de que les digan algo y si se los dicen vuelven de nuevo a la táctica de “bebé santo” o comienzan a agredir pegando gritos o refunfuñando (lo que funcione mejor para demostrar ser “el arrecho” o “la arrecha” de la partida)

De esa misma manera cuando las colas necesitan tener separados los carritos para dejar pasar a la gente que va caminando, las y los VPI son expertos en “no fijarse” que hay alguien más en la cola. Nada peor que un VPI con pocos artículos para colearse pues cuando lo pillan dice, con sonrisa de lobo “bueno pero tranquilo, que lo mío es rápido”. Eso sí, Dios libre que usted sea quien por equivocación se le pone adelante. No hay mirada más de maestra regañona que la de un VPI cuando le pagan con la misma moneda sus acciones.

El gesto final del VPI es el de dejar el carrito atravesado en la caja. Es el símbolo de su desprecio por los demás, de su concentración en su propio mundo egoísta que literalmente se “hace” encima del resto de las personas. 

Luego de ello el VPI sale, paga el estacionamiento y se monta en su carro a seguir potenciando su capacidad antisocial pero ahora detrás del volante.

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