Este fin de semana leí las revistas dominicales de dos diarios las cuales “casualmente” hablaban del mismo tema (las comillas son porque uno sabe que el dinero pone a hablar el mismo idioma hasta a las piedras).

Hablaban sobre la experiencia de ir a ver un juego de béisbol en el estadium en donde, por supuesto, cabe destacar que la proporción  de VPI seguramente se acerca al 99,99% del total de asistentes.

El espacio público de unas gradas o preferencias de un estadium de béisbol (y seguramente de cualquier deporte aquí) es el paraíso terrenal de cuanto VPI amante del deporte (o de una buena bronca) exista en nuestro terruño.

En esas gradas estos personajes se desgañitan a insultar a los jugadores, al mánager, al Umpire, al que está sentado al lado, a Chávez, a Manuel Rosales, a Bush, a Bin Laden, a Mick Jagger y a cuanto objeto de su odio se les ocurra. Es una explosiva terapia de gritos para estos VPI (quienes sin embargo siguen gritando y agrediendo al salir del estadio y en los siguientes días como si no hubieran hecho ninguna catarsis pelotera)

Los VPI de gradas demuestran (también a grito pelado) su inconmensurable conocimiento sobre el deporte y sus más mínimos detalles. Ante ellos (dicen ellos mismos), Bob Abreu se cuadra mal para batear, Ozzie Guillén lo que sabe es jugar metras y Johan Santana es un sortario tirapiedras. Por todo lo que dicen ser y saber, con una selección de VPI jugando y dirigiendo tendríamos el Dream Team criollo en cualquier disciplina.

Las demostraciones más directas del VPI ocurren cuando taimados lanzan los vasos de cerveza para mojar a los demás y luego caerse a golpes con quien reclame o van “vestidos de civil” siendo Guardias Nacionales o Policías, esperando algún alzado gritón o lanzacervezas para sacar a relucir la placa que llevaban escondida (con toda la intención) antes de propinar cuanto insulto, golpe o patadas se le ocurra.

Otras demostraciones menores son las coleadas para entrar al estadio a los baños o para comprar, pero ya responden a una conducta habitual fácilmente localizable en cualquier otro ámbito de la vida cotidiana de nuestra ciudad.

¿Quieren venirse conmigo al próximo juego Caracas – Magallanes?

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