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El problema de la inseguridad es sistémico. No corresponde, en una sociedad, a unos sí y a otros no. Es un problema de todos (aunque esto suene a slogan de políticos). El detalle, y en eso abundo en cada uno de los artículos de esta bitácora, es que quienes alcanzan los puestos de poder en instituciones de gobierno dentro de este estado vienen de la misma cultura en la que estamos inmersos todos y en la que los VPI terminan por imponer sus premisas cuyos valores son: querer siempre demostrar ser los más arrechos, abusar del poder para ello, pensar sólo en si mismos, irse por el camino más fácil, olvidarse de que los demás existen, dejarse ganar fácilmente por el poder del dinero.

Esa es una de las ideas principales que plantea lo que a diario denuncia El Amargado: quitarse la idea estúpida de que quien política, deportiva o religiosamente tiene una preferencia diferente a uno es el culpable de todos los males y es TOTALMENTE distinto a uno sólo por eso. Olvídense. El origen, la cultura, las formas de pensamiento, los valores, las creencias, los principios son EXACTAMENTE los mismos en unos y en otros, así apoyen al Magallanes o al Caracas, a Chávez o a Rosales, a Dios o a Allah en estas tierras.

Y ese origen común también es compartido por los VPI quienes desde el VPI común y corriente, el vecino inconsciente, el motorizado irrespetuoso, el taxista abusador, el de la camioneta de lujo que no da paso y se mete por el hombrillo, el que tira basura, el que roba, el que hace trampas, el que practica la desidia diariamente, etcétera…hasta los que toman cargos de poder político, policial, eclesiástico, económico o mediático, conservan los mismos principios, valores y actitudes que cuando eran VPI comunes y corrientes.

Así el tema de la inseguridad se complica aún más si debe ser manejado por tanta gente mucha de la cual es VPI queriendo ser más arrecha que nadie sin pensar en los demás. Si nos ponemos a pensar en la o las soluciones para la inseguridad encontraremos dos cosas que le producen alergia al VPI: mucho, mucho trabajo y resultados consistentes apenas a mediado y largo plazo. También implica acuerdos, consensos, honestidad y sacrificios. Toda una lista de exigencias que en su mayoría están en la lista negra de “Cosas por hacer” del VPI, más si es un animal político como lo es por el hecho de ser humano.

La solución debe tener raíz profunda y categórica. Debe provenir de una transformación, no de palabra, sino de espíritu, de alma, de cultura, de percepción de nosotros sobre nosotros mismos, de CONCIENCIA de que mientras se pierde el tiempo insultando al que supuestamente es diferente o peleando con el fiscal que te pide los papeles o con la alcabala que hace un operativo en tu calle o denigrando o poniendo obstáculos a las pocas iniciativas que se puedan tener para combatir el problema o inventando excusas políticas de pacotilla para no actuar con consecuencia, la inseguridad seguirá allí riéndose de nosotros y esperándonos para emboscarnos.

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4 comentarios sobre “La inseguridad:

  1. El Falconiano: Gracias por tu visita y comentario.

    El discurso político llevado por cualquiera de sus actores: presidentes, ministros, diputados, gobernadores, jefes de partidos, voceros, progobierno, oposición, etcétera, es parte del bombardeo de mensajes el cual, por la vía mediática, persigue producir reacciones entre las personas (vistas por ellos solamente como votantes) con el fin único de preservar su presencia mediática y su permanencia o regreso al poder (no necesariamente en ese orden), que es al fin y al cabo el objetivo fundamental de cualquier político en este proceso de deterioro de valores, que ya tiene décadas, que ha sufrido el quehacer de la política en el mundo.

    En cualquier caso la estructuración y el enquistamiento de la violencia y la inseguridad en Venezuela no provienen de la capacidad discursiva de un político cualquiera temporal en la presidencia, sino que son consecuencia de múltiples procesos con raíces socio-culturales: apología del consumismo descontrolado en detrimento de valores y principios fundamentales, desensibilización y embrutecimiento intencional de la población para evitar amenazas al sistema comercial-político más conveniente traducido en: apología de la violencia, del delito, del facilismo, del consumo de alcohol, cigarrillo, drogas, de las altas velocidades, de los carros más poderosos, de la velocidad en todos sus sentidos, de la discriminación de cualquier tipo, del morbo, del amarillismo, del sexismo, del inmediatismo, alienación, desarraigo e indiferencia.

    Todos estos elementos llevan años operando sistemáticamente en nuestro inconsciente colectivo para desactivarnos y mantenernos a raya. Para evitar que nos iluminemos y comencemos a defender nuestras cosas, a preferir nuestras y a tratar de vivir más sanamente, en el día a dia y sin necesitar tanto el “símbolo de estatus” sino más bien la riqueza interna personal, el conocimiento, la cultura y la creatividad. Todas esas cosas nos convertirían en un “mal mercado” poco consumidor, exigente y localista lo cual, por supuesto, no gusta para nada a las grandes cadenas de fabricación/comercio/suministro que funcionan en nuestro mundo.

    Es mejor tenernos atontados, creyendo estupideces, insensibles a la violencia, drogados, borrachos, enfermos, discriminados, corrompidos, desconfiados, alienados, poco o mal educados y matándonos unos a otros con pistolas, cuchillos, carros o motos que tener a la mayoría de estas 27 millones de almas que somos, bien instruidas, cultas, con capacidad para el cuestionamiento, la argumentación, el debate llevado a la acción positiva, la resolución de conflictos, consumiendo cultura, libros, películas, educación, formación, conocimiento, salud, deporte, sana competencia, quehacer político productivo, etc…

    Una o mil cadenas presidenciales dificilmente revierten este proceso aunque obviamente tampoco es que se ha hecho mucho el esfuerzo o por lo menos no en forma notoria.

  2. Mi abuelita resumiría con un simple: “el muchacho que es llorón y la madre que lo pellizca”. Voy de acuerdo con la complejidad del asunto, asumo mi cuota como ser social, como ciudadano; sin embargo, la responsabilidad mayor no puede exhonerarse; apuesto que si bien, “miles de cadenas (y sus consecuentes acciones) no revertirían el asunto”, al menos no lo acelerarían como a mi juicio sucede en el presente.

  3. El Falconiano: conozco la tendencia a sobreestimar el efecto de las palabras de Chávez y a minimizar en cambio el efecto de un sistema educativo sumamente deficiente así como el poder de la propaganda mediática, del comercio desaforado y de las campañas mediático-políticas tendenciosas.

    Esa es una creencia sumamente arraigada, hábilmente insertada en nuestras mentes por mucho tiempo, sin embargo, en las conductas que día a día vemos en nuestros VPI anónimos o notables se puede verificar claramente cuales son los mensajes y valores que predominan en nuestra cultura y en nuestras conductas desde hace décadas.

    Seguimos intercambiando.

    Saludos

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