gandola

Este fin de semana largo viajé con mi esposa y mi hijo para Valencia y Puerto Cabello. En la ciudad y en la playa todo estuvo chévere aún con el gentío pero en los trayectos de ida y venida por las autopistas la experiencia con los VPI  (como siempre) fue del asombro al escalofrío:

 – Yendo a velocidad crucero (100 a 110 KPH) por el canal central los carros, camiones, busetas y gandolas se nos venían encima haciendo cambio de luces para que nos moviéramos. Finalmente algunos pasaban por donde debe ser (el canal rápido) con mala cara y haciendo gestos y otros pasaban velozmente por el hombrillo e igualmente o nos tiraban el carro o ponían mala cara.

 – El hombrillo fue utilizado como un canal más con toda tranquilidad en todo el trayecto: camionetas de lujo, carros viejos y nuevos, autobuses. Incluso una gandola toronta rebasó a un carro pequeño peligrosísimamente por el hombrillo.

 – En Puerto Cabello se accidentó una gandola con un contenedor el cual quedó volcado sobre dos de los tres canales dejando libre sólo el rápido. La cola se alargó más de lo necesario por la insistencia estúpida de los VPI en no darle el paso a los demás en el embudo. Finalmente cuando le dimos paso a otra gandola que venía entrando al canal rápido los carros de atrás nos reclamaron por cometer la “pendejada” de dejar que la gandola pasara delante nuestro (es decir no fuimos tan arrechos como ellos). El resultado, como era de esperarse es que el paso de esa gandola NO PRODUJO NINGÚN TIPO DE ATRASO y de allí en adelante la vía se normalizó.

 – Viniendo de las playas por esa misma cola el apuro estúpido de los VPI entró en acción como si tuvieran una desesperante piquiña en alguna parte de su cuerpo. Esta gente presa de un apuro inexplicable, en una cola que avanzaba lenta pero constantemente, rebasaba los carros en cola sin importar que eso fuera un gigante irrespeto a todo, tanto por el canal de venida como por el hombrillo. Si hubieran podido pasarnos por encima lo hubieran echo también.

 Sólo el necio se burla del peligro… hasta que le sucede la desgracia. Entonces, a veces, ni oportunidad de volver a reír tiene. Así pasa con estos irresponsables VPI en nuestras vías.

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2 comentarios sobre “Autopistas: escalofriantes gracias a los VPI

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