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Gracias a la soberbia de una notable VPI con quien comparto oficina me ha tocado comenzar una rutina de depositar en efectivo en un banco cercano. Allí me he reencontrado con lo que es el verdadero deporte nacional: la quejadera.

Es que en esas colas (en general en cualquier cola de personas esperando) es donde los VPI demuestran sus peores actitudes, tanto así que observando el fenómeno conductual de los “colistas” se puede inferir el origen de otras patologías presentes en la sociedad.

En la anécdota más reciente llegaron detrás de mi dos señores ya de cierta edad sin llegar a ser ancianos. Al pasar 5 minutos, sólo 5 minutos, comenzaron a quejarse: “esta gente tiene un solo cajero” dijo uno, “si. Tantos millones que se gastan en publicidad y al cliente lo tratan mal y sólo ponen un solo cajero”, dijo el otro. “Bueno, aquí toda la vida ha sido así. Por eso estamos como estamos…”, dijo de nuevo el uno y de allí en adelante por obra de un sortilegio indescifrable comenzaron a despotricar en contra del gobierno diciendo las mayores barbaridades con groserías incluidas, aunque después de cada palabrota, como buenos VPI, pedían “disculpas” a las damas presentes. En resumen le hicieron la cola más pesada al resto de las personas sin importarle mucho, con su quejadera en voz alta y sus barbaridades políticas dichas como verdades absolutas cuando no consistían sino en repeticiones de “un fulano me dijo que…

En la punta de esas colas de banco sucede otro fenómeno muy peculiar, típico del apuro estúpido en su máxima expresión del VPI: quien está de primero siempre “es lento”, “está dormido”, “no está pilas”…los que están de terceros, cuartos o quintos en la cola son expertos en adivinarle el pensamiento al cajero de que va a llamar al próximo para manotearle a quien va de primero en la cola con insistencia para que se apure y hasta burlarse de él a sus espaldas por “quedao” (algo que como patología se repite por supuesto delante de los semáforos)

Aunque parezca chistoso en realidad esto es un elemento perturbador pues en lugar de existir una conciencia de solidaridad de quienes tienen que soportar la cola, cada persona que llega a la punta se convierte en “el enemigo”, es decir, en la persona lenta que va a retrasar la cola (no importa que los señores hayan dicho a todo grito que el atraso es porque hay un solo cajero), usted se expone a ser insultado, empujado, denigrado si se le ocurre demorarse más de un par de centésimas de segundo en dirigirse a la caja libre.

¿No me lo creen? Hagan la prueba en su próxima cola bancaria

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