Espejo

Este domingo como a las 9 pm me encontraba esperando el metro en la estación de Altamira. Una vez que llegó el tren me coloqué a un lado de la puerta para dejar que saliera la gente…apenas se abrieron las puertas un par de señoras se metieron por el lado mío empujándome con un apuro estúpido monumental. Les reclamé suavemente diciéndoles que aprendieran a calmarse, que era domingo en la noche y además les dije que pedir permiso no era algo tan difícil.

Ellas respondieron que yo “estaba atravesado” y que “como estaba ahí parado sin moverse…”. Es decir, asumir error o culpa ni por asomo. Entender que en el metro hay que dejar salir antes de entrar es excesivamente complicado. Echarme la culpa a mí por que no me estaba “moviendo” es lo más fácil. 

Lo que estas señoras demostraron es un síntoma más de la patología de los VPI con los cuales convivimos día a día en esta ciudad: no entender que en nuestra cotidianidad citadina constantemente estamos cambiando de lugar, es decir, en un momento entramos al vagón…pero al siguiente estamos saliendo de él. ¿Qué hubiera pasado si esas señoras cuando intentaran bajarse en su estación se encontraban con otras señoras como ellas metiéndose a lo bravo apenas se abrieran las puertas impidiéndoles la salida? Seguro hubieran reclamado…sin darse cuenta de que ellas hicieron lo mismo pocos minutos antes. Es un asunto de causa y consecuencia. Por eso la frase de “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti” tiene perfecta aplicación para la filosofía que debería privar en la cultura del ciudadano…lo malo es que no es así. 

Si a usted le toca estar en su carro justo cuando el fiscal de tránsito más adelante decide dejar pasar dos o tres semáforos rojos para aliviar la avenida…¿Usted como reacciona…? 

Usted me responderá “depende” y allí está el error. Si usted está en la cola de los carros parados echará pestes y maldiciones al fiscal y lo culpará de todo…pero si está en la cola de los carros aliviados entonces se contentará con la medida y seguirá de largo sin ni siquiera acordarse de ese cruce.  

Cambios de lugar. Ponerse en el lugar de los demás.  

¿Por qué no entender en cualquiera de los casos el beneficio de la medida para una colectividad?, ¿Por qué meter ruido, gritos, cornetas e insultos en un caso y en el otro olvidarse del resto del mundo? Un día eres peatón, al siguiente vas en un carro y al siguiente vuelves a ser peatón. ¿Por qué no respetar las normas y las leyes aunque sea pensando que en algún momento toca a estar del otro lado, del lado del afectado por la propia actitud infractora?

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8 comentarios sobre “Cambio de lugar…difícil de entender

  1. Eso es típico del venezolano abusador, la culpa es de los demás, así sucede con: camioneteros, taxistas, monorizados, policías, peatones, otros conductores y afines.

  2. Típico de nosotros los venezolanos, “razonar” de acuerdo con la posición en la que nos encontremos, forma parte de la viveza criolla que llaman.

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