El VPI y la empatía (agua y aceite):

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El VPI al no reconocer la existencia de los demás (Premisa Nº 2) a menos que los necesite para reafirmar que es “el más arrecho”, suele carecer por supuesto de capacidad empática. No puede ponerse en el lugar de los demás y por ende se convierte en un ser con conductas sociopáticas.

Por ejemplo este ser arroja basura y ensucia sin importarle los demás quienes sufrirán de esa contaminación o quienes tendrán que limpiar más de lo necesario por culpa de este cochino VPI inconsciente (incapaz de ponerse en su lugar)

 También fuma en lugares indebidos y ahuma sin remordimientos a niños, ancianos o adultos no fumadores “olvidándose” del más que demostrado daño que esto produce en él y en los demás. Los peores son los que van caminando por las aceras y dejan la estela de humo para que la respire quien sea indiscriminadamente.

Este ser también es un burlista que aprovecha cualquier desliz de los demás para burlarse, denigrar o descalificar sin reconocer que él también comete errores y deslices como buen ser humano que es. En mi oficina está el ejemplo de una sociópata VPI quien se molesta notoriamente cuando “los que tienen llave” tocan la puerta para que les abra en lugar de abrir por su cuenta, la pregunta es ¿nunca se te han olvidado las llaves en alguna parte? Es una interrogación muy difícil de asumir para un VPI y de la misma manera ocurre con cualquier otra situación de vida.

Y así muchos ejemplos más (muchísimos), se podría decir que toda la conducta del VPI está signada justamente por la falta de empatía para la cual es como el agua y el aceite.

VPI y los fuegos artificiales (explosivos):

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En medio de las fiestas navideñas los VPI encuentran un espacio ideal para exponer sus conductas patológicas gracias a una actividad que les permite al mismo tiempo: molestar a un montón de personas a la vez, hacerlo en forma anónima y dejar libre sus instintos antisociales. Se trata del lanzamiento de cohetes, fosforitos, petardos, triquitraques o como quiera que ahora se llaman los fuegos artificiales explosivos más poderosos.

Ojo, no me refiero al lanzamiento de cohetes en el momento preciso de la celebración, es decir el 24 de diciembre o el 31 de diciembre a la medianoche y por espacio quizá hasta de una hora de duración, sino a aquellos lanzamientos indiscriminados de explosivos que comienzan a hacer estos VPI desadaptados un buen rato después de que ha bajado la alharaca de la celebración y todo el mundo se comienza a acostar a dormir o a hablar tranquilamente a bajo volumen.

Usted ha dormido a su bebé, se está tomando una última copa de vino o disfruta de la tranquilidad de la madrugada navideña o de año nuevo cuando de pronto revienta un cohete lanzado por alguno de estos (no dudo de usar el adjetivo) mal nacido, a las 3 am, a las 4 am, a las 6 am, a las 10 am… En el momento menos esperado explota el fosforito como si fuera un cañonazo cuando más nadie está lanzando cohetes y por supuesto el sobresalto es tremendo.

Esta es la actitud de antisociales indudablemente y roza intermitentemente entre el vandalismo y el terrorismo. El VPI en medio de su patología conductual disfruta de sobresaltar a todo el mundo demostrando su “poder” de fuego y ruido queriendo mantener a todo el mundo despierto porque “si él está despierto todo el mundo también tiene que estarlo”.

Es una patología seria que luego se traduce en la agresividad en los carros y lugares públicos que muchas veces hemos reseñado aquí con el agravante de que está protegido por el anonimato.

Ojalá este nuevo año 2009, en el cual les deseo muchas cosas excelentes a mis amigos lectores, escritores y comentaristas, comience el proceso de sanación de los enfermos VPI que tanto contaminan nuestra sociedad.

 

Imagen de Fotosearch

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